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viernes, junio 29, 2012

PHILIP JOSÉ FARMER - El Dios de Piedra Despierta

La irrupción de Farmer en el mundo de la ciencia ficción fue espectacular gracias a la celebrada Los amantes (1952), novela corta publicada en Starling Stories con la que se hizo acreedora al Hugo al escritor más prometedor. Farmer no tardó mucho en confirmar las grandes expectativas que sobre él se habían hecho con relatos como Madre (1953) o novelas más tardías como Noche de Luz (1966), en las que da cumplida muestra de su capacidad para revertir preceptos que mantenían encorsetado al género dentro de un anticuado puritanismo, proponiendo novedosas y fascinantes ideas. Pero no tardó Farmer en iniciar  un sonoro declive en su producción, cada vez más inclinada hacia lo comercial, con novelas de aventuras con ligeros toques de ciencia ficción seriadas en sagas como la conocida Mundo de los Niveles, de la que tan sólo son aprovechables su primera entrega, El hacedor de Universos (1965), y, en menor medida la segunda, Los Pórticos de la Creación (1966), todas ellas incluidas dentro de una fase de experimentación que daría como resultado final la que sería su obra más famosa (que no mejor en mi modesta opinión): la saga del Mundo del Río. De entre todas estas obras menores, con la que más he disfrutado es, sin duda, El Dios de Piedra Despierta (1970), editada por Dronte en nuestro país y que, una vez descatalogada desde hace tiempo, se puede encontrar con facilidad en la red, perfectamente formateada para su disfrute en e-reader.

El jefe de la tribu wufea pone a su hija Awina al servicio del renacido Dios; la felina joven enseña las costumbres y la lengua de los wufeas a Ulises estableciéndose entre ellos una relación que apunta con ir más allá de una buena amistad, por lo que durante un momento parece que estamos ante un Farmer dispuesto a adentrarse de nuevo en los caminos que exploró con Los amantes (1952), lamentablemente la intención no cuaja y nos tenemos que conformar con una relación afectiva entre miembros de distintas razas (tema recurrente en la obra de Farmer), como ya hizo en otras novelas de temática parecida como por ejemplo Dare (1965). El argumento y características de la novela es un calco del utilizado por Farmer en otras de igual temática: el protagonista es “lanzado” a otro mundo o dimensión (en este caso aparece en un lejano futuro) en el que vivirá una serie de aventuras a cada cual más emocionante en un entorno de gran exotismo poblado por seres mitológicos o híbridos de animales o humanos creados por una entidad o civilización muy avanzada. En esta ocasión, el héroe de turno es Ulises Singing Bear, un científico estadounidense de etnia nativa americana (vamos, lo que viene siendo un indio) que, en la década de los 50’ del siglo XX, queda petrificado en un experimento fallido sin que la ciencia de la época puediera volverlo a su estado natural. Ulises es “descongelado” millones de años en el futuro al recibir accidentalment un rayo durante una tormente, desoertabdi en un extraño mundo en el que es adorado como una deidad por los wufeas, unos seres mitad humanos y mitad felinos que parecen vivir con una tecnología y costumbre parecida a la del neolítico en las culturas de las Grandes Praderas de Norte América. Ulises, que al igual que su homónima creación homérica, quiere volver a su lugar de procedencia, por lo que acepta su condición de Dios entre los wufeas con el fin de obtener información ´til que le permita regresar con los suyos.

Ulises no pierde el tiempo y, gracias a sus conocimientos técnicos, enseña el uso del arco y la pólvora a sus “súbditos”, emprende a continuación con ellos un proceso de expansión militar con lo que unifica buena parte de lasvecina tribus de hombres-felino, organizando a continuación una expedición para conocer qué o quién es el tan temido Wurutana del que hablan con temor los wufeas. En la expedición los acompaña Ghlij, un hombre murciélago que alquila sus servicios a las tribus de la zona para que haga de mensajero o de explorador aéreo. Wurutana el Todopoderoso es una enorme entidad vegetal, un árbol que tiene varios miles de metros de altura y que se extiende por cientos de kilómetros, incluyendo en sus ramas caudalosos ríos, lagos, incluso bosques, marismas o pantanos sobre su propia "anatomía". El sentido de la maravilla aparece por el esplendor y explosión de vida del árbol gigante sustentador de otros tipos de vina vegetal y animal a la que da cobijo, incluyendo a multitud de razas humanoides como hombres-leopardo o monstruosos hombres-oso (un episodio paracido al del Ulises de la Odisea con Polifemo) con los que tienen que guerrear durante su exploración del gran árbol Wurutana. Después de atravesar de punta a punta el gran árbol llegan a zonas habitadas por humanos descendientes de primates y de hombres-elefante que dominan una tecnología muy avanzada, de origen vegetal, heredada de una antigua civilización perdida. Ulises tiene acceso a ciudad subterránea sobre la que se han instalado los hombres-elefante, en la que se le muestra el proceso que la humanidad y la Tierra han pasado desde que el fue convertido en piedra.

Ulises ayuda a los hombres-elefante, en constante conflicto con Wurutana y sus servidores, entre los que se encuentran los malvados hombres murciélago, a preparar una flota de dirigibles con los que atacar al Gran Árbol. El resultado es una parte final de la novela que es un continuo de batallas aéreas entre dirigibles y hombres-murciélago y escaramuzas entre los vericuetos y oquedades de la enorme entidad vegetal hasta que Ulises consigue llegar a comunicarse directamente con Wurutana. El final de la novela es abierto, con lo que Farmer dejaba entrever que El Dios de Piedra Despierta era el inicio de otra de sus muchas sagas de aventuras; afortunadamente, por el bien de esta novela, desecharía la idea. Y es que Farmer tenía un don especial para crear mundos de fantasía y poblarlos con arquetípicos personajes que vivían en una continua aventura, pero la repetición del mismo argumento y lo poco que aportaban las nuevas entregas de las series terminaban por malograr la saga entera.
Como la mayoría de la producción que Farmer hizo a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, El Dios de Piedra Despierta, sin ser una maravilla de originalidad y alarde literario, es una buena novela de aventuras. Fallida si lo que pretendió fue hacer un revisión de la Odisea en clave ciencia ficción, la verdad es que no le salio muy bien, pero bueno, tampoco se lo vamos a tener en cuenta al bueno de Farmer después de los buenos ratos que nos ha hecho pasar con sus creaciones.

lunes, junio 25, 2012

ERIC FRANK RUSSELL - Tres que Capturar


El británico Eric Frank Russell es otro de los buenos autores de ciencia ficción que publicó en la mítica revista Astounding Science Fiction a las órdenes del no menos mítico editor John W. Campbell. De su producción destaca, a parte de la estupenda Barrera Siniestra (1939), el relato Allamagoosa (1955), con el que ganó el prestigioso premio Hugo a la mejor historia corta en 1955. Al año siguiente publicó la novela que ahora nos ocupa, Tres que Capturar (1956),publicada originalmente en Astounding con el título Call Him Dead, y editadacon posterioridad en España por Cenit Ciencia Ficció. Actualmente se puede recuperar gracias a la facilidad con que se accede en la red a archivos de ésta novela perfectamente formateados para su lectura en e-readers. Ya desde el principio, la novela de Russell sorprende por su capacidad de atrapar al lector pese a lo añejos que hoy día nos parecen los fundamentos sobre los que se ha construido la trama de Tres que Capturar. Una novela influenciada, sin duda, por Campbell, obsesionado con los poderes psíquicos –en los que creía fervientemente– como demuestran el gran número de relatos con personajes poseedores de poderes telepáticos que se publicaron en Astounding.


Tres que Capturar es un buen acercamiento a las características argumentales y técnicas de la obra de Eric Frank Russell, marcadas -como las de tantos otros artesanos de las letras que forjaron la Edad de Oro de la Ciencia Ficción con imaginación, inteligencia y buen hacer- por la situación política y social que representó la Guerra Fría y la “caza de brujas” que se desarrolló entre los intelectuales y progresistas del bloque occidental en los años 50’. Y es que en esta novela no faltan elementos de análisis y debate, nada de extrañar si tenemos en cuenta que sus referencias más directas son nada más y nada menos que Amos de Títeres (1951), una de las novelas más importantes del maestro Robert A. Heinlein o Los ladrones de cuerpos (1955) de Jack Finney, obras que introdujeron el tema de la “parasitación” en forma de alienación política, en un contexto de paranoia colectiva en la que vivía la sociedad americana en plena Guerra Fría. El tipo de invasiones que plantean estas novelas funcionan como una parábola de la traición de los valores de occidente por parte de aquellos que se habían acercado a un tipo de ideologías contrarias al capitalismo y próximas al comunismo que se predicaba desde el otro lado del "Telón de Acero" soviético.

Políticas aparte, y centrandonos en el argumento de la novela de Russell, se nos cuenta una trepidante historia en la que la Tierra tiene que defenderse de una invasión de alienígenas del planeta Venus. Lo peculiar de la invasión, es que los alienígenas son pequeños virus que infectan a los humanos, poseyéndolos y dominando su voluntad de manera similar a las babosas ideadas por Heinlein para Amos de Títeres; en este caso, los invasores llegan a la Tierra en el cuerpo de los tres astronautas que componen la tripulación de una misión secreta que el gobierno de los Estados Unidos ha enviado a Venus. Allí, los terrestres son "invadidos" por una forma de vida parasitaria, aunque muy inteligente que tiene la intención de utilizarlos para llegar a la Tierra y extenderse por el planeta poseyendo a todo humano que se les ponga por delante. Desafortunadamente para ellos se topan con un singular humano, Wade Haper, un empresario que se dedica a la construcción de micro-herramientas técnicas muy especializadas que, además,  es poseedor de unos sorprendentes poderes telepáticos, capaces de detectar a los alienígenas, sin olvidarnos de su pintoresco físco (es más ancho que alto debido a su corta estatura y su enorme corpulencia, que unido a el abundante pelo que adorna su cuerpo lo hace parecer más un mono que un hombre).

Además de funcionar como una novela de primer contacto , Tres que capturar incluye influencias asimiladas del género bélico y de la novela de detectives contemporánea, convirtiéndose en una adictiva novela que combina a la perfección dos argumentos recurrentes del género de la ciencia ficción: las invasiones extraterrestres y la alienación del individuo, mezclada con gran acierto con elementos policiacos y de misterio; de esta manera, Russell, al añadir a su estilo directo y sin florituras un ritmo narrativo que utilizaba como elemento para captar la atención del espectador una continua suma de enigmas que enriquecía la trama, dotaba a la narración de una dinámica que mantiene pegado al lector a sus páginas pese a la total ausencia del sentido de la maravilla, uno de los artificios más utilizados por los autores para  captar la atención de sus lectores. Aquí no hay ningún efecto maravilloso, ni exóticos paisajes extraterrestres, ni naves espaciales o inteligencias artificiales que rivalicen con la humana, en Tres que Capturar los extraterrestres son como nosotros los humanos, es más, ¡¡¡somos nosotros!!!

Russell, desde la primera línea juega con las expectativas del lector subvertiéndolas una y otra vez; por ejemplo, ante la aparición de Wade Harper, nos parece estar ante un personaje poseedor de talentos excepcionales que lo aíslan de sus semejantes y lo convierten en una potencial amenaza para la humanidad, sobre todo cuando parece asesinar a sangre fría a una joven con la que se cruza por la calle; sin embargo, Wade resulta ser un “mutante” con poderes psíquicos que le permiten leer (impunemente) el pensamiento de los que lo rodean y que saca partido a estos poderes ayudando a la policía y al F.B.I, en la resolución de los casos más complicados. Wade es un outsider, alguien que se mueve en la periferia de las normas sociales, apartado de los convencionalismos de una sociedad a la que contempla desde fuera; se le puede comparar con el arquetipo individualista que puebla las novelas de Heinlein, un  personaje al margen de la sociedad que escapa al control del gobierno, siendo esta huída y crítica al poder y a la burocracia otra de las características que se repiten en muchas de las obras de Russell, a menudo en forma de sátira como en Barrera Siniestra (1939) o Avispa (1957).

En resumen, Tres que Capturar es una novela que merece la pena ser leída por lo bien construida que está, gracias a lo cual el tiempo la ha tratado con la delicadeza necesaria para que medio siglo después de ser escrita conserve momento de gran frescura que proporcionan una lectura más que agradable.

jueves, junio 21, 2012

PHILIP JOSÉ FARMER - Dare

Podríamos abordar esta novela de Farmer discutiendo sobre su pertenencia o no al género de la ciencia ficción. En realidad, buena parte de su obra está muy alejada de los convencionalismos en los que a menudo cae el género y que se fundamentan en extrapolaciones científicas o sociales. Dare (1965)  entra de lleno en un tipo de literatura de aventuras ambientadas en escenarios con pequeños elementos propios de la ciencia ficción que, en realidad, son totalmente prescindibles sin que se altere lo más mínimo el argumento; Farmer, tomó un camino literario que lo aproxima mucho a otro grande de la ciencia ficción como es Jack Vance, autor de entre otros títulos de especial relevancia de El Planeta Gigante (1952) o El Ciclo de Tschai (1968-1970), un camino considerado menor por muchos puristas; pero lo que no podemos poner en entredicho es la influencia que la obra de Farmer ha tenido dentro del género gracias a la enorme capacidad narrativa que atesoraba y que alimentada con el inagotable torrente de su imaginación, dando como resultado un buen número de historias que hicieron, y hacen, las delicias de varias generaciones de lectores. Dare (1965), es una novela menor dentro de la producción de Farmer; como muchas otras  no es más que una preparación para lo que sería su obra magna: la serie del Mundo del Río (1971-1983). Entre esas novelas de preparación se pueden incluir junto a Dare la recomendable El Dios de piedra despierte (1970), la irregular Mundo Infierno (1964), la entretenida Los Pórticos de la Creación (1966), o la soberbia   El Hacedor de Universos (1965),  primera de la  saga de El Mundo de los Niveles (1965-1993).

En todas estas novelas escritas a medio camino entre la fantasía y la ciencia ficción, aparecen una serie de elementos comunes que sirven a Farmer como excusa para desarrollar todo tipo de aventuras en escenarios de desbordante exotismo. Estos paralelismos dejan bien a las claras que sus influencias literarias proceden de los grandes maestros del Pulp americano como Edgar Rice Burroughs, Abraham Merritt, Robert E. Howard o Henry Kuttner; de ellos saca el arquetipo masculino que protagoniza sus obras: un tipo de hombre en el que se encarnan todas las virtudes morales y físicas que corresponden a los iconos de la cultura popular en los que se inspiran (Tarzán, Conan…); en sus novelas, los héroes creados por Farmer son proyectados a otros mundos, ya sea secuestrados por una entidad superior o extraterrestres, o bien a otras dimensiones mediante alguna puerta secreta o un objeto de extraños poderes; en estos mundos de fantasía, el protagonista, se las tiene que ver con seres míticos que han creado grandes civilizaciones poseedoras de tecnología que se confunde con la magia y a estos seres con dioses, como por ejemplo los Éticos, unos enigmáticos extraterrestres que crearon el Mundo del Río y resucitaron a todos los humanos que existieron a lo largo de la historia o los Arra que en Dare se dedicaban a secuestrar seres de distitnos planetas para sus experimentos; la manipulación genética para conseguir híbridos entre seres humanos y animales de distintas especies es otra característica común a todas estas obras de aventuras ambientadas en entornos bizarros, sin olvidar las diversas alegorías de la religión que crea Farmer en sus obras entre críticas y ataques a todo tipo de dioses superiores que todo lo gobiernan con mano de hierro.

El argumento de Dare se inspira en la desaparición de la colonia de Roanoke en Virginia, una de las primeras colonias inglesas en América fundada en 1587, lugar en el que estaba documentado el nacimiento de la primera niña blanca en América del Norte, a la que se llamó Virginia Dare. Farmer extrapola la extraña desaparición de esta colonia de pioneros, que sucedío en la realidad, a una abducción extraterrestre por parte de los Arra -una avanzada civilización que acostumbraba a raptar especímenes de otras especies para hacer experimentos genéticos y sociales con ellos- por la que el grupo de 117 colonos de Roanoke, junto a la tripulación y pasaje de un barco y una caravana de esclavas que transitaba por  tierras de oriente son trasladados a un lejano planeta. Farmer retoma la historia cinco siglos después de la llegada de los terrestres al lejano planeta, al que llaman Dare en honor a la primera niña nacida en Roanoke. La falta de minerales como el hierro ha hecho que la evolución de los terrestres no haya avanzado mucho, manteniéndose en un estado tecnológico parecido al que tenían cuando llegaron. La civilización resultante de la interacción entre los distintos grupos abducidos dio como resultado  una sociedad agrícola y ultracatólica, cargada de prejuicios contra el resto de especies inteligentes con las que comparten el planeta, entre estas especies se incluyen unos enormes seres reptilescos, bípedos de aspecto cánido, grandes mamíferos parecidos a bovinos terrestres, aunque de mayor tamaño, adornados con un gran cuerno en la cabeza, entre otros, a los que la tradición y mitología importada de la Tierra los asocia con dragones, unicornios, hombres-lobos, etc.

De entre todas las especies que los humanos encuentran en Dare, la más inteligente son los Wiyr, llamados despectivamente Horstels por los humanos (nombre compuesto de horse-caballo– y tail -cola, por la gran cola de caballo de color rojizo que cubre la parte central de su espalda). Los horstels, que tienen una apariencia física muy similar a los faunos y sátiros de la mitología clásica, viven en perfecta comunión con la naturaleza, conocen todas las plantas y animales del planeta; son seres de enorme sensibilidad y amantes de la paz que desde la llegada de los terrestres a Dare han sido perseguidos y esclavizados por estos que los consideran como animales cuya única utilidad es la de esclavos. El argumento de la novela gira en torno a la relación de amor que une al joven Jack Cage, hijo de un importante granjero, y a R’li, la hija de un jefe horstel, una relación considerada antinatura por la beata y racista sociedad de Dare, que no duda en castigar con la muerte las relaciones sexuales entre ambas razas; la historia de amor entre Jack y R'li se va entrecruzando con la intolerancia protagonizada por parte de los humanos más ricos, apoyados por el gobierno, para poner en marcha una guerra de genocidio contra los horsterls. 

Hasta aquí la novela trascurría por unos cauces más que correctos, con un buen ritmo narrativo, emoción, intriga, aventuras, seres exóticos, etc. Pero hacia la mitad empezó a decrecer cambiando de manera sorprendente el protagonismo de la historia de amor entre miembros de dos razas enfrentadas por uno bélico en el que una de las naciones humanas del planeta Dare, que ha progresado tecnológicamente de espaldas al resto, empieza una guerra de expansión y dominio sobre el resto, acelerando la narración que pasa a ser una sucesión de hechos atropellados y mal contados que culmina con la llegada de una expedición terrestre al planeta Dare.

Como punto final, no podemos pasar por alto las enormes similitudes que hay en Dare con argumento, protagonistas, incluso escenas de la película Avatar; de igual manera, en otras novelas de Farmer de igual temática que la presente, como por ejemplo en El Dios de Piedra Despierta, en la que aparece la figura del árbol-madre que cobija y da sustento a varias razas, por lo que, una vez leída buena parte de la producción que Farmer dedicó a recrear aventuras bizarras en mundos de fantasía, no me queda la mejor duda de que el guionista que hizo posible Avatar ha sido un lector incondicional de Farmer, de eso no cabe duda.

martes, junio 19, 2012

H. BEAM PIPER - Vikingo Espacial

H. Beam Piper fue un autor tardío. Su primer relato, Time in Time Again (1947), publicado por Astounding Science Fiction, vio la luz cuando había rebasado con holgura los cuarenta años. Si a esto le unimos que su carrera terminó de manera prematura al suicidarse por, al parecer, problemas económicos, podemos pensar que nos encontramos ante un gran talento malogrado para la ciencia ficción. Más allá del puñado de relatos y novelas que Piper nos dejó, su principal legado es la enorme capacidad para crear caminos que otros escritores recorrerían dando vida a los maravillosos mundos de ficción que surgieron de su fecunda imaginación. A pesar de que es un total desconocido en nuestro país, para muchos de los talluditos lectores de lengua inglesa que se iniciaron en el género en plena Edad de Oro de la Ciencia Ficción, Piper, es uno de los autores de culto que más pasiones levanta todavía. Y como muestra a esta devoción no podemos perder de vista como el propio John Scalzi, uno de los valores en alza entre la nueva generación de escritores de ciencia ficción norteamericanos, ha llegado a rescribir Little Fuzzy (1962) -editado en nuestro país como Encuentro en Zarathustra-, uno de los grandes éxitos de Piper, actualizándola con ligeras modificaciones respecto al original, para ser publicada con el título de Fuzzy Nation (2011), editada aquí por Minotauro con el poco afortunado título de El visitante inesperado. Junto a Scalzi, existen un buen número de autores menos conocidos que han continuado escribiendo secuelas de su adorado Piper, por ejemplo la serie-secuela escrita por John F. Carr y Mike Robertson que se inica con The Last Space Viking o la escrita por Terry Mancour que ha visto publicadas sus dos primeras entregas durante el 2011 con los títulos de Prince of Tanith y Princess Valerie's War, estando anunciada para el presente año la tercera parte de esta trilogía que llevará por título Odyssey Trask.

Esencialmente,Vikingo Espacial (1963) es una novela de aventuras que gira en torno a la venganza. No se puede decir que sea un prodigio de originalidad, pero tenemos que poner en su contexto temporal el momento en el que Piper escribe sus relatos y novelas; un momento marcado por la política editorial que Campbell imponía con mano de hierro a los escritores que estaban bajo su batuta; de esta “interacción” entre editor y escritores surgieron un buen número de obras que, como en Vikingo Espacial, tenían la premisa fundamental de proporcionar al lector aventuras y acción a raudales. Y Piper cumplía de sobras con los consejos de su editor, aunque el momento en el que lo hacía ya empezaban a soplar nuevos aires en la ciencia ficción que la perspectiva del tiempo llamó New Wave. Este deambular contracorriente de Piper, empeñado en crear universos de fantasía y héroes bizarros cuando la realidad del género iba por otra parte terminó de cargar la pistola que acabó con su vida en 1964, un año después de escribir Vikingo Espacial y de abrirle con su creación la puerta de la ciencia ficción a varias generaciones de lectores y de escritores.
 Pero vayamos a lo que importa. Decíamos que Vikingo Espacial era una historia de venganza que cuenta las peripecias de Lucas Trask, un joven aristócrata que ve como en su boda con la noble Elaine irrumpe a sangre y fuego un grupo de mercenarios al mando de Andray Dunnan, un antiguo pretendiente de la prometida de Trask; Dunnan  hiere gravemente a Trask y asesina a Elaine, robando a continuación la nave Enterprise, la más moderna y poderosa construida hasta la fecha en los Mundos de la Espada, una confederación de planetas llamados así porque adoptaron nombres de espadas legendarias. Estos mundos fueron colonizados por un grupo de refugiados del bando perdedor de una guerra civil ocurrida siglos antes en el seno de la Federación Terran. Una vez derrotados, los insurgentes fueron condenados a exiliarse fuera de las fronteras de la Federación; este grupo colonizó el planeta Excalibur desde el que se expandieron y crecieron formando una organización feudal bajo el control de familias de nobles que con frecuencia mantenían sangrientas disputas entre ellos. A pesar de su aislamiento y de la inestabilidad política lograron conservar la tecnología que les permitía los vuelos espaciales. Los Mundos de la Espada, al volver a tener contacto con las antiguas posesiones de la Federación, descubren que estos mundos colonizados por los humanos en una pasada etapa de esplendor y expansión por la galaxia han perdido buena parte de sus conocimientos tecnológicos, incluidos los de fabricar armas de gran poder y vehículos capaces de viajar entre las estrellas, habiendo retrocedido a distintos tipos de barbarie, lo que aprovechan los aristócratas de los Mundos de la Espada para atacarlos de manera indirecta mediante la utilizando de grupos de mercenarios con patente de corso a los que llaman vikingos del espacio con el fin de expoliarlos de riquezas y materias primeras.

Una vez recuperado Lucas Trask de las heridas recibidas y, enterado de la muerte de su prometida, pone todo su empeño en vengarse de Andray Dunnan; venderá su patrimonio y renunciará a su título nobiliario para poner a disposición del almirante Harkaman, uno de los más reconocidos vikingos del espacio, la Némesis, la nave gemela de la Enterprise con el fin de atrapar a Dunnan y desbaratar los planes de éste, que ya no pasan por atacar antiguos mundos de la Federación, sino por conquistar Marduk, el planeta en el que se concentra el peso en tecnología y recursos de los Mundos de la Espada. Con este sencillo argumento Piper va hilando un entretenido space opera que avanza entre ataques a planetas, escaramuzas y batallas espaciales como contrapunto a las más reposados, que no menos interesantes, intrigas comerciales y palaciegas por el dominio de los recursos y el poder, sin olvidar un fallido intento de reflexión  sobre la clase política y la decadencia de la civilización, aunque eso sí, todo esto en un segundo plano para no cortar el ritmo de la narración con reflexiones superfluas.


Con la perspectiva que nos da el tiempo, y a sabiendas de los cambios que demandaban los lectores de ciencia ficción en el momento en que apareció Vikingo Espacial, su estilo sencillo y falto de pretensiones, junto a lo manido de su argumento, sin olvidar la poca profundidad de sus personajes y diálogos, iba señalando el canto del cisne de un tipo de historias que habían sido las predominantes durante mucho tiempo en la ciencia ficción. No obstante, y teniendo en cuenta la fuerte repercusión que la obra de Piper ha tenido en generaciones futuras, no todos se terminaron entregando a la aburrida y reflexiva moda del New Wave. Entre  los que no se entregaron está, por ejemplo, Lois McMaster Bujold, en cuyo mundo de  aristócratas Vor de la Saga Vorkosigan podemos encontrar muchos paralelismo con el universo creado por Piper en Vikingo Espacial, siendo su personaje más carismático, Miles Vorkosigan, una versión mejorada del joven Lucas Trask, poseedores ambos de una enorme capacidad para afrontar cualquier situación que pueda surgir y salir triunfante. Vikingo Espacial, como otros muchos clásicos olvidados de la ciencia ficción de difícil reedición por parte de la editoriales, se ha convertido en una lectura asequible gracias a los lectores electrónicos. Una oportunidad que a todos los aficionados que todavía conservan el gusto por este tipo de narraciones no se le debe pasar por alto para revisar el buen hacer de un malogrado artesano de la Edad de Oro de la ciencia ficción como fue H. Beam Piper.
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