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viernes, octubre 26, 2012

EDGAR RICE BURROUGHS - Una Princesa de Marte

Pocas novelas han tenido la repercusión e influencia en el género fantástico y la ciencia ficción como Una princesa de Marte (1912). El inmediato éxito convirtió la primera entrega de un total de diez que completarían la serie de Barsoom, escrita por Edgar Rice Burroughs entre 1912 y 1943. Se la puede considerar heredera de la tradición de las novelas de aventuras que más éxito tuvieron a finales del siglo XIX, surgidas de plumas tan emblemáticas como las de H. Rider Haggard, autor de Ella (1887) o Las minas del rey Salomón (1885) o el mismísimo Julio Verne con Viaje al centro de la Tierra (1864) y De la Tierra a la Luna (1865). El mérito de Burroughs consistió en reconvertir este tipo de relatos de aventuras en un subgénero dentro de la incipiente literatura de ciencia ficción, más tarde bautizado como Planetary Romance o Sword and Planet; un esquema argumental que se movía a medio camino entre la ciencia ficción (tal y como se entendía a principios del siglo XX) y la fantasía de espada y brujería. Burroughs fue, sin duda, el máximo exponente de este tipo de historias que, en sus inicios,  contaba con el beneplácito de una generación de lectores ávidos de emociones. La trama común en muchas de estas narraciones pulp consistía en encadenar una serie de episodios en los que reinaba la acción y la aventura en exóticos paisajes pertenecientes a recónditos mundos perdidos, en los que el protagonista de turno se enfrentaba a todo tipo de peligros, normalmente para rescatar a su amada de las garras del malvado de turno (un planteamiento que muchos han criticado al entender que era una extrapolación, a la vez que apología, del colonialismo y del racismo), todo ello eludiendo cualquier atisbo de rigor científico en la composición de los múltiples escenarios en los que se desarrollaban. Este es el gran éxito de Burroughs, la creación de un modelo narrativo que fue ganando poco a poco adeptos entre los lectores y escritores hasta convertirse en un subgénero dentro de la ciencia ficción.
 
 Una Princesa de Marte no se aleja de todos estos estereotipos. La novela tiene como protagonista a John Carter, un ex oficial confederado veterano de la Guerra Civil americana que es trasportado misteriosamente a Marte desde una cueva sagrada de Arizona en la que se había refugiado para despistar a un grupo de apaches que lo perseguía (el modo en el que se produce el salto a otra dimensión o planeta en el inicio de los Planetary Romance, a cada cual más descabellado, son un topoi, un lugar común prefijados como parte de un esquema que se repite en todas las novelas inspiradas en Una princesa de Marte). Al despertar se encuentra en un extraño mundo al que sus moradores, los Tharks, unos belicosos y gigantescos guerreros verdes de cuatro brazos, llaman Barsoom. La diferencia de gravedad de Marte con la Tierra proporcionan a John Carter una enorme fuerza y agilidad que lo ayuda a alcanzar una posición de privilegio en el seno de la tribu de alienígenas que lo ha "adoptado", ganándose el respeto y la admiración del jefe de la misma, Tars Tarkas. Los Tharks posteriormente capturan a Dejah Thoris, princesa de los marcianos rojos, una raza humana que habita en Marte, poseedora de una tecnología más avanzada que los salvajes Tharks (y los terrestres) que habitan una red de ciudades-estado enfrentadas entre sí desde las que controlan los canales de agua de la desértica Marte. Carter ayuda a escapar a Dejah Thoris y la lleva de regreso a su casa. A partir de aquí John Carter comienza a interferir en los asuntos políticos de Marte, sucediéndose una serie de batallas y aventuras que acabarán con Carter convertido en Príncipe de los marcianos rojos en un inevitable y empalagoso happy end momentáneo, que se verá mejorado por la serie de acontecimientos que mandará de regreso a Carter de nuevo a su casa en la Tierra, preguntándose qué ha sido de su amada Dejah Thoris y Barsoom.

Burrough no tuvo que improvisar mucho a la hora de escribir. Su principal elemento de inspiración fue su propia vida; así pues, sus vivencias y la formación académica recibida afloran de una manera viva en el argumento de Una princesa de Marte, entre cuyas páginas podemos encontrar elementos autobiográficos de la vida de Burrough que hace extensiva a su creación, John Carter, como si éste fuera un trasunto del autor. Por ejemplo, Burrough, después de trabajar dos años como vaquero en un rancho, pasó un breve periodo de instrucción en la Academia Militar de Michigan antes de ser destinado al ¡¡¡7º de Caballería!!!, llegando a luchar contra los apaches en Arizona, una experiencia vital que añade a la narración como parte de la trama que lleva a John Carter a la extraña cueva que propicia su "viaje" a Marte, haciéndose extensiva este tipo de influencia a la pátina de western fronterizo que recubre buena parte del texto. Además de estos episodios de su vida militar, Burrough recurre a las enseñanzas de su esmerada formación en la Harvard School de Chicago, en la que obtuvo grandes conocimientos de la cultura de la antigua Roma y la Grecia Clásica, aplicando a sus escritos fundamentos heredados de la tradición homérica al forjar una serie que, en esencia, no es más que una epopeya que toma elementos del nostos (relato del regreso a casa), en el que, al igual que la Odisea, el personaje principal (Ulises – John Carter) corre grandes peligros en su afán de regresar a su doble hogar, ya sea a la Tierra con sus familiares o a Marte con su amada Dejah Thoris, después de afrontar una gran prueba (la Guerra de Troya en Ulises o los conflictos en Marte en el caso de John Carter); Carter comparte elementos comunes con los dioses y héroes de la tradición clásica, siendo presentado como inmortal por Burroughs, además de poseer una serie de condiciones físicas que superan las de un humano normal, que le permiten realizar todo tipo de hazañas.

De este gusto por la literatura de tradición clásica, Burroughs extrae el esquema con el construirá Una princesa de Marte: la epopeya. En esencia las aventuras de John Carter son la narración de una serie de acciones, la mayoría dominadas por la violencia y el sentido del honor, que acabarán formando parte de la tradición y la memoria de un pueblo. Las acciones que se narran en las epopeyas, al igual que las que acontecen en las historias que se pueden catalogar como Planetary Romance, tienen que ver con guerras y viajes, incluyendo en su narración elementos fantásticos. La novela de Burroughs se desarrolla dentro de este esquema argumental, se trata de un relato de viajes por la misteriosa Barsoom sin que haya una trama definida de antemano, tan sólo la concatenación de episodios que ponen a prueba las convicciones morales de John Carter, un héroe con un sentido del honor que lo coloca, a ojos del lector, por encima de las primitivas costumbres de los habitantes de Barsoom, más habituados a las acciones de engaño y cobardía que a las de lealtad y valentía. Burroughs interpretó la tradición literaria que había conocido durante su época de formación académica logrando una exitosa conjunción entre el argumento épico con otros componentes más rudimentarios como las luchas a espada (Swashbuckler o novelas de espadachines) y una escenografía con abundantes toques de western, más próximos al lector medio norteamericano, con lo que convirtió Una princesa de Marte en un fenómeno popular, lo que llevó a que Burroughs continuara con la serie añadiendo secuela tras secuela hasta completar la docena de entregas. 

Lejos estaba el autor de imaginar semejante éxito en el momento en el que publicó esta historia en el número de febrero de 1912 de pionera revista All-Story Magazine, con el título Bajo las lunas de Marte. Con las aventuras marcianas de John Carter, consiguió popularizar y difundir el concepto de ciencia ficción y aventuras en las publicaciones pulp. De entre la pléyade de escritores que consideran a Burroughs como la causa principal a la hora de dedicarse profesionalmente a la escritura, atraídos de manera irremediable por la demoledora acción que desprendían sus escritos, destacan nombres tan míticos en la ciencia ficción como Farmer, admirador incondicional de la obra de Burroughs, en especial de la serie Tarzán (1912-1965) a la que rindió homenaje de manera directa con títulos como Lord Tyger (1970), Hador, el de la antigua Opar (1974) o Huída a Opar (1976) o inspirándose en el planteamiento argumental del Planetary Romance en buena parte de su producción "alimenticia", como en El Dios de piedra despierta (1970) y El hacedor de universos (1965). En ellas, las características de la novela son un calco de las utilizadas por Burroughs: el protagonista es “lanzado” a otro mundo o dimensión  en el que vivirá una serie de aventuras a cada cual más emocionante en un entorno de gran exotismo poblado por seres mitológicos o híbridos de animales o humanos creados por una entidad o civilización muy avanzada; otro de los ilustres "imitadores" de la obra de Burroughs fue el maestro Robert E. Howard, quien trasladó el contenido fundamental de Una princesa de Marte (luchas a espada, elementos de fantasía, encarcelamientos y monstruos de pesadilla) a su particular universo, añadiéndole un macabro toque lovecraftiano que acabaron por engendrar algunas de las más brillantes páginas del pulp americano. El máximo exponente de esta conjunción de estilos y tradiciones se puede saborear en Almuric (1939), una extraordinaria novela en la que su protagonista, Esaú Cairn, es transportado a un planeta alienígena en el que se ve obligado a luchar contra monstruos y una depravada raza de hombres murciélago.

La atracción por el modelo narrativo que con tanto tino dignificó Burroughs tuvo un largo recorrido a lo largo del siglo XX. No fue una moda pasajera que se fuera disipando al avanzar el género por otros caminos argumentales. En todo momento tuvo la  ciencia ficción eficientes artesanos que apostaron por prorrogar en el tiempo los convenios establecidos por Burroughs en la serie de Marte, incorporando nuevas aportaciones al Sword and Planet, entre ellos Leigh Brackett, quien en las décadas de 1940 y 1950 escribió clásicos como La espada de Rhiannon (1949), novela que se debe incluir dentro de una serie que rinde homenaje a John Carter de Marte remedando escenario y personaje en un sinfín de novelas cortas y relatos que publicaba regularmente en la  afamada revista Planet Stories (1939-1955). Leigh Brackett cultivo con gran maestría el legado literario de Burroughs, como demuestra tener en su currículum la autoría del guión cinematográfico de El imperio contraataca, la segunda entrega de la inmortal trilogía que cuenta en clave de ciencia ficción una típica historia pulp de espada y brujería (entiéndase aquí la brujería como la Fuerza). Por último, citaremos a otro de los deudores de los esquemas argumentales del Planetary Romance: el maestro Jack Vance. Este último agradece en sus memorias la inspiración que Burroughs le aportó, además de los buenos ratos de lectura que le proporcionó en su infancia y juventud. Fruto de esta admiración surgieron de la fecunda pluma de Jack Vance títulos tan notables como El planeta gigante (1952), o la serie El planeta de la aventura, compuesta por Los Chash (1968), Los Wankh (1969), Los Dirdir (1969) y Los Pnume (1970), verdadera obra maestra de la más tradicional ciencia ficción heredera de la Edad de Oro.

Sólo por las vocaciones que despertó, Burroughs merece un lugar de honor entre los mejores escritores de ciencia ficción del siglo XX. Aportó algo más que un puñado de títulos de mérito, de su imaginación surgieron las claves para reinterpretar la novela decimonónica de aventuras, a las que incorporó elementos argumentales de la tradición clásica en escenarios propios de la literatura popular que se publicaba en las asequibles revistas pulp de la época. Aunque hoy día el estilo  y los hechos narrados nos parezcan en desuso y al subgénero impulsado por Una princesa de Marte se le puede acusar de estático por su falta de innovación al reproducir siempre la misma historia con apenas unas leves variaciones, cualquier aficionado a la ciencia ficción debe en un momento u otro acercarse a la obra de Burroughs. Si no se conoce la tradición no se puede comprender el panorama actual de la ciencia ficción, reconvertido por intereses comerciales en una sucesión de títulos que se venden al peso (difícil encontrar novelas por debajo de las 500 páginas) y en los que buena parte del inflado texto corresponde a anodinos tecnicismos que terminan por aburrir al más paciente de los lectores. Y si un género que tiene su principal virtud en divertir y entretener se convierte en un pesado tratado de física o de ingeniería es que algo se está haciendo mal. Hacen falta más Burroughs en el mundo editorial.

7 comentarios:

manuel dijo...

Muy buena reseña. Sin embargo, y sin negar en absoluto la importancia de Burroughs y su influencia en el género, creo que sus obras han envejecido mal. Las dos primeras novelas de John Carter están razonablemente bien. El resto es más de lo mismo: variaciones aburridas del mismo esquema; esquema que trasladó al resto de su bibliografía, desde Pellucidar hasta Carson. Yo recomendaría sólo la lectura de esos dos primeros volúmenes. El resto sólo si has quedado enganchado y cautivado por lo que has leido.

Anónimo dijo...

Gracias por tus últimas reseñas, Son maravillosas. De un gusto clásico que, parece, está siendo olvidado sin que nadie le preste la atención que, de verdad, merece: Qué increiblemente buena es Cl Moore, y que evocador es el gran Burroughs. En fin, gracias de nuevo.

victordequi

Toniluro dijo...

Gracias a los dos por los comentarios. La verdad es que cada vez me cuesta más acercarme a las novedades del mercado. No termino de comulgar con muchos de los nuevos autores de éxito, por lo que termino refugiándome en los viejos maestros. Menos mal que últimamente han surgido editoriales (La Biblioteca del Laberinto y Libros de Barsoom) que recuperan auténticas joyas del pulp.

En cuanto a lo que con mucha razón apunta Manuel, creo que la repetición argumental y temática en la obra de burroughas es inevitable para que este esquema narrativo se convirtiera en paradigma para una legión de jóvenes escritor@s que lo fueron repitiendo posteriormente durante décadas. La reiteración constante de la trama en las aventura de John Carter, al igual que la repetición de la imagen de objetos como la botella de Coca-Cola o las latas de sopas Campbell en la obra de Warhol, las convierte en iconos populares, fácilmente reconocibles y asimilables por el gran público. La consecuencia no deseada de la reproducción masiva de una misma historia es la vulgarización de la misma, lo que Walter Benjamin llamó la "pérdia del aura". La estandarización y el estatismo que sufrieron las obras de Burroughs es fruto de su propio éxito y, al mismo tiempo, el peaje que deben de pagar como efecto de estar sometidos a un proceso económico en el cual la editorial exigía entregas de nuevo material para satisfacer la demanda. Seguramente buena parte del talento de Burroughs murió de éxito durante este proceso. Al menos es como yo lo veo.

Saludos.

Anónimo dijo...

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Luciano Sívori dijo...

Hola! Está genial el libro, me parece que es uno de los más emblemáticos de la literatura norteamericana, y fue fuente de inspiración de directores de cine y escritores de ciencia ficción!!

Muy bueno el blog, me gustó. Justamente yo también escribí una nota respecto a "Una princesa de Marte" en mi blog de literatura.

Los invito a todos a darse una vuelta para opinar, comentar y sugerir.

Link: http://on.fb.me/XqiFpl

Saludos!

Luciano // http://www.viajarleyendo451.blogspot.com.ar/

Francisco Guillermo dijo...

La verdad es que no sabía de que trataba la novela hasta que la compré y busqué un poco de información, me sorprendió que John Carter fuese considerado CF, tal vez en su tiempo era totalmente diferente el género. En lo personal me agrada mucho la CF Hard, porque me agrada mucho la explicación técnica de posibles tecnologías futurísiticas, y honestamente sólo los matemáticos y físicos se han aventurado a realizar, de ahí en fuera hay muchos escritores que no siendo científicos se han lanzado a escribir CF que si bien me han agradado muchos de éstos libros, la verdad es que bases no las tienen, y en cuanto tocan las áreas biológicas termianan por defraudarme ya que se comenten muchos errores o se toman muchas libertades que en la CF hard no deberían (Ejemplo Greg Bear con Música en la Sangre).

Muchos Saludos!!! Espero que el blog no haya sido descontinuado, sería una pena.

Toniluro dijo...

Hola Francisco. Gracias por los comentarios. Poco a poco iré subiendo más reseñas al blog; tengo como unas 20 a medio escribir, que no termino de matizar nunca. A ver si ahora que tengo más tiempo los voy subiendo.

Saludos.

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