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jueves, octubre 18, 2012

ROBERT A. HEINLEIN - Cadete del espacio



Cadete del espacio (1948) es la segunda en orden de aparición de la serie de doce novelas juveniles escritas por Robert A. Heinlein entre 1947 y 1958. En ella se mantienen las mismas características fundamentales de toda la serie, aunque es algo más compleja que su predecesora, Rocket Ship Galileo (1947) en cuanto al trasfondo de los temas tratados. Las singularidades propias de este tipo de novelas las definió Jack Williamson en su momento como "fáciles de leer, presentando una serie de temas familiares en el entorno del propio Heinlein, siendo la trama algo trivial y los personajes estereotipos bastante simples". No le falta razón a Williamson en su análisis "crítico" de ese subgénero dentro de la propia bibliografía de Heinlein; no podemos obviar que son un producto poco elaborado si los comparamos con otras novelas que aparecieron en esa época, pero hay que tener en cuenta que se trataba de una serie de trabajos concebidos bajo encargo, en los que debía cumplir con unas premisas marcadas de antemano, con el fin de acercar la ciencia en general y la carrera por la conquista del espacio a las jóvenes generaciones de americanos nacidos en un momento histórico de plena confrontación con el bloque soviético. Con el fin de atender los postulados sugeridos por la editorial y al mismo tiempo atrapar la atención de los jóvenes lectores, Heinlein afrontaba la narración con la intención de unir sin fisuras dos propuestas en el texto: una parte la lúdica, que busca que el lector pase un buen rato leyendo una serie de aventuras que tienen como protagonista un joven adolescente en pleno proceso de madurez, mientras que por otra parte cumple con la intención didáctica de mostrar la ciencia como algo asequible y “divertido”, ilustrando al mismo tiempo al lector sobre diversos elementos de física y matemáticas aplicados a las múltiples dificultades que entrañaría la navegación espacial y a la supervivencia en gravedad 0, eso sí, entretejiendo tan sutilmente el detalle científico con trama y acción que el lector no se siente abrumado por un exceso de datos técnicos. 

Los más críticos con el maestro Heinlein añadirían a estas dos características (lúdica y didáctica) una tercera: la de proclama ultraderechista. A los escritos del mestro Heinlein siempre les ha perseguido la fama de estar impregnados de lo que muchos consideran apología del militarismo y un aprecio desmedido por el individualismo y la libre determinación llevada a su máximo exponente; todo ello con el fin de formar a los jóvenes americanos en los valores de la ciudadanía y la responsabilidad, desarrollando su carácter y autosuficiencia al mismo tiempo que se integran en la sociedad mediante diversas actividades de superación personal y convivencia con otros chicos de su edad. Y no van descaminados del todo si nos atenemos al duro trasfondo que se adivina en la sociedad que dibuja Heinlein para esta novela. Cadete del espacio es mucho más que un relato de aventuras   para adolescentes. Junto a una primera capa de "irrelevante e insustancial" divertimento que surge de las peripecias de un grupo de muchachos formándose para recorrer el Sistema Solar a bordo de modernas naves espaciales, tenemos una descarnada crítica contra una sociedad capaz de crear protocolos de actuación que incluyen el genocidio de buena parte de la población; es el Heinlein en estado puro que se rebela contra el poder omnímodo de los gobiernos y que ensalza la voluntad individual de aquellos que se enfrentan contra la autoridad impuesta. El final del periodo de formación y aprendizaje de los protagonistas de las novelas juveniles de Heinlein, se manifiesta con la toma de conciencia mediante un proceso de reflexión interior que forjará sus valores más preciados y los pondrá al servicio del oscuro gobierno que rige los destinos de la humanidad.


A pesar de los muchos detractores de las mismas, las novelas juveniles de Heinlein,  por modestas que puedan parecer, rebosan de saber narrativo, de sólidos y bien aplicados conocimientos científicos y, como no podía ser de otro modo, de los valores éticos y morales que Heinlein asociaba con el pueblo norteamericano: valor, sacrificio, tenacidad y lealtad entre otros. Unos valores con los que se identificaban las nuevas generaciones de lectores adolescentes al encontrarlos en los personajes que protagonizaban las novelas de Heinlein, como por ejemplo el joven Matt Dodson, protagonista de Cadete del espacio, que se une a la Patrulla Espacial para ayudar a preservar la paz en el Sistema Solar. Seguiremos al joven Dodson desde que sale de su tierra natal en Iowa (EEUU) para ingresar en la Academia Militar en la que debe recibir como cadete la formación necesaria para poder tripular una de las majestuosas naves espaciales que surcan el espacio, madurando con cada decisión que debe tomar hasta convertirse en un miembro válido de la sociedad, todo ello mientras él y sus amigos corre emocionantes aventuras repletas de acción, como la búsqueda de la nave Pathfinder, perdida en el Cinturón de asteroides, teniendo su punto culminante en el viaje final a Venus para investigar un extraño incidente. Aunque el final de la novela es un tanto confuso y desigual si lo comparamos con el resto de la narración. Esto es debido a que Heinlein cambió el final  al entender que el que había proyectado en primer lugar no funcionaba; la sensación de "falta de encaje" con el resto de la narración es parecido al que se percibe en Hija de Marte (1962), novela en la que también se vio obligado a cambiar el final, aunque en esta ocasión por imposición editorial.

Alexei Panshin, autor de la premiada Rito de iniciación (1968), señaló en Heinlein in dimensión (1968) -ensayo que profundizaba en la obra de Heinlein- como Cadete del espacio se puede entender, sobre todo, como una extrapolación de la propia formación del escritor durante su etapa como cadete en la Academia Naval de Estados Unidos. El remanente biográfico que se percibe en la novela se convierte por derecho propio en lo que muchos llamarían una exacerbada glorificación a las Fuerzas Armadas, y no sin falta de razón, ya que sí podemos clasificar de texto militarista a Tropas del Espacio (1959), Cadete del espacio no le va a la zaga. La glorificación a los caídos en acto de servicio que se hace en diversos pasajes de la novela, junto a la intención del protagonista de dejarlo todo para unirse a los Marines, los auténticos héroes por su "lealtad,  valentía y búsqueda de gloria". Pero no todo es moralmente criticable en Heinlein, por ejemplo en esta novela incluye elementos de integración racial (un decenio antes del auge de los Movimientos por los Derechos Civiles en Estados Unidos) entre los componentes de la Patrulla Espacial, constituida por jóvenes provenientes de las diversas colonias que se habían desarrollado en el Sistema Solar (en literatura pulp los héroes suelen ser WASP). Entre el grupo de chicos protagonistas, además de Matt Dodson, hay otro chico ce Texas, uno procedente de Venus y otro de la lejana luna de Ganímedes, todos ellos integrados en una organización dedicada a mantener la paz que funciona como un ente supranacional que ostenta el monopolio de las armas nucleares como elemento de disuasión para "imponer" esa paz.

Para conseguir que el poder que atesora la Patrulla Espacial sea eficaz, los jóvenes cadetes deben poner en un segundo plano la lealtad a sus respectivos países y a sus especies, teniendo la obligación de bombardearlos si fuera preciso. Esta posibilidad, que ya se había producido en el pasado, hace dudar al joven e idealista Matt Dodson sobre su pertenencia a la Patrulla Espacial, siente que no sería capaz de bombardear a sus compatriotas, por lo que debería dejar la Patrulla y abandonar sus sueños de pilotar una nave para ingresar en los Marines a los que contempla como una organización con unos ideales más "nobles". El desencanto con lo que el había creído que era y representaba la Patrulla Espacial aumenta cuando su padre le pone al corriente de la farsa que es en realidad esa organización, controlada y dirigida por la Federación de América del Norte para servir a sus intereses económicos, políticos y comerciales.


Heinlein desarrolla la mayoría de sus novelas juveniles en un escenario común, por lo que su relación entre ellas va más allá de apreciaciones temáticas. El Sistema Solar por el que se mueven los personajes de este tipo de novelas incluye colonias con aspiraciones de independencia en un Marte árido y rocoso poblado por terrestres y aborígenes marcianos pertenecientes a una antigua raza, como pudimos ver en Rebelión en el espacio (1949) o Hija de Marte , esta última también muestra a un planeta Venus pantanoso y con altas temperaturas, habitado por seres aparentemente subdesarrollados en cuanto a su inteligencia se refiere, mientras que en Ganímedes, una de las lunas de Júpiter, se desarrolla El granjero de las estrellas (1953), en un marco social marcado por una crisis malthusiano que afecta tanto a los habitantes del planeta Tierra, como a las múltiples colonias que han proliferado por el Sistema Solar.  Con esto consigue dar una sensación de continuidad en la serie, sin tener que recurrir a conservar un personaje como hilo conductor para unir las diferentes entregas, un elemento más que confirma la capacidad de buen narrador que atesoraba Heinlein, a pesar de sus pequeñas "manías" fascistoides. Y es que pese a que el paso del tiempo ha mermado en parte la fuerza y la emoción que con toda seguridad estas entretenidas novelas para adolescentes trasmitía a sus imberbes destinatarios, todavía se puede percibir en cada nueva relectura cómo la maestría narrativa del maestro Heinlein sigue atrapando al lector desde las primeras páginas, algo difícil de encontrar en otras creaciones literarias de su misma época.  

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