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miércoles, julio 09, 2008

LOS DIENTES DE LOS ÁNGELES - Jonathan Carroll

Después de la grata sorpresa que resulto ser El mar de madera, de lectura imprescindible, no veía el momento de volver a encontrarme con otra de las obras de Jonathan Carroll. Pero ya sabemos como funciona esto: cuando uno se hace grandes expectativas sobre una lectura el chasco es inevitable. Y no es que Los dientes de los ángeles sea un estorbo en el camino que hay que sortear sin detenerse para hacerle el más ínfimo de los cumplidos, nada de eso, pero las sensaciones que deja al terminar su lectura no justifican que se recomiende como si ocurre con otras de sus obras, salvo a aquellos incondicionales de este autor. Sin duda esta no es, ni de lejos, su mejor creación; aunque sí presenta diversos elementos interesantes propios de Carroll y de su peculiar y maravilloso modo de aplicar las convenciones del género fantástico.
El argumento de la novela no es más que una escusa que sirve a los propósitos del autor para crear diversas aproximaciones a la vejez, la enfermedad y la muerte, donde los principales personajes que aparecerán en esta fallida historia parecen salidos de una de esas espantosas películas perpetradas por el sobrevalorado e histriónico director de cine manchego Pedro Almodóvar. La troupe de actores que pondrá en escena Carroll está encabezada por un homosexual enfermo de cáncer y una estrella, ya apagada, del Hollywood más glamoroso; serán ellos los encargados de encarnar la enajenación y el desquiciamiento del individuo contemporáneo ante la inevitable llegada de la muerte: un personaje estelar en esta historia elegíaca y grotesca, que dibuja el autor de dos maneras totalmente opuestas. La primera como acertada expresión onírica de los miedos más íntimos de los desahuciados, o bien como aviso para navegantes sobre cómo pasa la vida y cómo se acerca la muerte. Cruel destino al que no podemos escapar; una modernización del tópico cotidie morimus que con tanto acierto cultivo Quevedo en sus sonetos metafísicos.

A la hora de hacernos llegar su novela, Carroll no escatima recursos literarios para dar vida a esta historia crepuscular; y los utiliza con acierto. Un claro ejemplo de esta maestría es la narración epistolar que nos acerca al bello amor otoñal que Carroll regala a uno de sus personajes, en el que un beso es el mundo y la imaginación y el recuerdo del amado ejercen una tiranía sobre los sentidos superior a cualquier urgencia física. Seguramente lo mejor que encierra esta novela entre sus páginas. Además de este momento de excelencia creativa, me quedo de la lectura de Los dientes de los ángeles con las brillantes imágenes de la decadencia humana servidas en forma de naturaleza muerta que dibuja los últimos compases de la partitura de la vida de unos personajes que proyectan su pasado esplendor ante sus últimos momentos de vida terrena. Lo que menos me ha gustado ha sido, sin duda, el final. Mal resuelto.

lunes, abril 21, 2008

EL MAR DE MADERA: Jonathan Carroll

El mar de madera es un claro ejemplo de realismo fantástico. El género, o mejor dicho subgénero del que renegó un grande de la literatura como fue Borges, y que en la actualidad se cultiva como objeto de consumo masivo, alejado de la intención intelectual que bebía de las fuentes expresionistas y surrealistas que generaron las vanguardias artísticas de principios del siglo XX. El realismo mágico, un tipo de fantasía en el que los acontecimientos más extraños se narran de forma llana y realista, es realmente efectiva para el lector cuando este pierde la referencia entre lo real y lo irreal, entre lo factible y lo imposible, de esta manera, se crean personajes y entornos que sorprenden al lector.

A pesar de tratarse de una obra literaria, El mar de madera presenta un lenguaje más visual que narrativo; herencia, sin duda de series de culto como la reciente “Perdidos” o “Twin Peacks” que nos martilleó un tiempo con la pregunta aquella: ¿Quién mató a Laura Palmer? y que Carroll sustituye en esta novela por una duda más filosófica: ¿Cómo remar en un mar de madera? Un surrealismo que sólo funciona mientras nos hacemos preguntas sobre lo que está pasando y especulamos con todo tipo de juegos mentales para encajar en una lógica razonada los nuevos acontecimientos que aparecen ante nuestros ojos. El problema de entrar en este juego es que se derrumba la magia ante cualquier respuesta que, por ingeniosa que pueda ser, nunca llegará a satisfacer las expectativas del lector, por lo que la pericia del escritor/guionista que se adentre por los peligrosos vericuetos de tensionar en demasía las expectativas del receptor de su trabajo debe ser mucha para que toda la expectación que ha generado no se vuelva en su contra. En este aspecto Jonathan Carroll se muestra consciente de que los hechos irreales no tienen justificación alguna. No existe una certeza sobre lo que está ocurriendo, por lo tanto el lector no necesita explicaciones y estas no son incluidas en el relato, ya que la ambigüedad subsiste hasta el fin de la aventura siendo éste un gran acierto por parte del autor.

El relato en sí, presenta a Frannie McCabe, exdelincuente juvenil y en la actualidad sheriff de una idílica población estadounidense, que en estos momentos disfruta de una plácida existencia junto a su segunda esposa y la hija adolescente de ésta. Hasta aquí nada fuera de lo normal, pero la aparición de un extraño perro con tres patas que después de muerto y enterrado vuelve a la vida es el punto de partida de una serie de extraños sucesos que escapan a la razón y que sumirán al sheriff McCabe en una sucesión de episodios que lo transportan por un mundo onírico a épocas pasadas y a un futuro cercano; es aquí donde brilla el talento de Jonathan Carroll manejando con soltura una temática que en otras manos se convertiría en un galimatías él la transforma en una historia inteligente y bien enlazada. por supuesto, no se puede dejar sin mención la genial y dickensiana aparición de los Frannie McCabe pasados y futuros, sin duda el punto fuerte de la novela, con momentos de gran tensión emocional que dejan en un segundo plano anécdotas como la pluma multicolor, el perro con tres patas, los alienígenas o el concierto de los Beatles en un parking.

En resumen, una estupenda novela que me descubre un escritor a seguir como es Jonathan Carroll. No dejaré pasar mucho tiempo sin volver a sumergirme en una de sus historias. Vale la pena.
OTRAS VISIONES:
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