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miércoles, octubre 12, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Hija de Marte

Podkayne or Mars (1962), editada en castellano por Martínez Roca con el título de Hija de Marte, fue publicada originalmente por entregas en la revista de ciencia ficción If. Por las características, personajes y temática de esta novela debería incluirse entre las novelas juveniles, pero Heinlein nunca la consideró como tal, considerándola, junto a Tropas del espacio (1959), como una muestra de su firme intención para alejarse de la escritura de novelas para adolescentes, pese a las trabas que encontró por parte de los editores para conseguirlo. Y es que Heinlein, a lo largo de su carrera, tuvo que lidiar contra la oposición de sus editores, los cuales siempre encontraban  motivos para que no pudiera desarrollar su trabajo libremente, obligándolo en diversas ocasiones a introducir importantes cambios en sus obras, como por ejemplo en Amos de títeres (1951), novela que por lo explicito del sexo en la versión original sufrió un importante recorte en su extensión original; de igual manera, Rebelión en el espacio (1949), sufrió la mutilación de varios pasajes debido al uso que los niños hacen de las armas o, como ocurrió con Podkayne of Mars, cambiando el final por otro que supuestamente resultara del agrado de los lectores.

Hija de Marte, como era habitual en las novelas juveniles de Heinlein, está escrita en primera persona, teniendo como principales protagonistas a Podkayne Fries, adolescente de 15 años, y a Clark Fries, su hermano pequeño de 11 años, un joven con una gran inteligencia que manifiesta una enorme facilidad para meterse en  problemas de todo tipo, especialemente si estos implican poner en peligro su vida y la de su hermana. A lo largo de la novela, el único momento en el que Clark adquiere el papel de protagonista, relegando a Podkaynes a un segundo plano, es el epílogo. El trasvase final de protagonismo responde a los cambios que la editorial obligó a introducir a Heinlein, quien en primera instancia había planeado un final con la muerte heroica de Podkayne, inmolándose para salvar la vida de una pequeña "hada", en realidad un peculiar mono volador natural de Venus. Heinlein no aceptó de buen grado los cambios impuestos por la editorial, quejándose en una carta dirigida a su representante en la que decía que las pretensiones de la editorial eran similares a "querer cambiar el desenlace de Romeo y Julieta por otro con final feliz para contentar a los lectores". Como consecuencia de estos cambios, el final resulta del todo impostado, restándole fuerza al conjunto total de la obra; pero no adelantemos acontecimientos y vallamos al principio.

La novela en sí se puede considerar como una lejana continuación de  Rebelión en el espacio (Red Planet, 1949), novela en la que narraban los acontecimientos que llevaron a la sublevación de los colonos marcianos, oprimidos por el gobernador de la colonia. Muchos son los puntos de coincidencia entre las dos novelas de Heinlein, por ejemplo, la  antiquísima civilización marciana de la que habla Podkayne, con sus ciudades en ruinas y sus misteriosos marcianos, etc.,  tiene un gran parecido con la descrita en Rebelión en el espacio, con lo que esta novela podría ser perfectamente su continuación, situándose la acción unos 20 o 30 años después; otro punto en común, que parece definitivo a la hora de asegurar la relación entre ambas es la Academia Lowell, lugar en el que estudiaban los protagonistas de Red Planet cuando comienza la revolución y que es citada por Podkayne como un lugar en el que ella también ha pasado en algún momento de su vida. En este aspecto hay que recordar que las novelas de Heinlein suelen estar relacionadas entre sí, aunque tan sólo sea por la los "cameos" que algunos de sus personajes acostumbran a realizar en otras obras; sin ir más lejos, la propia Podkeyne aparece en El número de la bestia (1980).

En Hija de Marte, el autor, mediante unas breves y sutiles pinceladas, nos va poniendo al corriente de la sociedad resultante de la victoria en su particular guerra de la independencia contra el gobierno de la Tierra; la sociedad marciana se fundo en primer lugar con convictos, después acudieron colonos bien seleccionados, para después de la revolución dejar entrar libremente a cualquiera. Es una sociedad de economía liberal, aunque con cierto grado de planificación para no agotar los escasos recursos del suelo marciano; también se la pinta como puritana en cierto modo, no tienen bien vista a la sociedad venusiana, formada por portugueses o brasileños que no forman un gobierno al uso, sino que están "gobernados" por una Corporación empresarial.  

El resto del decorado en el que se representan los acontecimientos, nos los muestra Heinlein utilizando la visión que expresa Podkayne del mundo que la rodea mediante el monólogo interno, de esta manera nos enteramos que el padre de la joven perdió un brazo en los combates que tuvieron lugar durante la rebelión y de que su tío, considerado un héroe de guerra, es senador vitalicio en Marte por los méritos contraídos durante la guerra de independencia (la idea de conseguir un estatus de privilegio en la sociedad gracias a los méritos de guerra también aparece en Tropas del espacio); se nos pone al corriente de como se ha estructurado la sociedad marciana en base a priorizar el trabajo por encima de la familia, practicándose una natalidad contenida consistente en la criogenización de los recién nacidos hasta el momento en el que sus padres, ya jubilados o con menos tareas a las que atienden,  puedan hacerse cargo de ellos para su educación (educación que incluye el castigo físico a los niños como algo natural y aceptado). Podkayne también nos informa sobre una asociación interplanetaria compuesta por los legítimos gobiernos de Marte, la Tierra y Venus que actúa como entidad supra-estatal para evitar conflictos entre las parte y llegar a acuerdos de colaboración en materia de economía.

El argumento gira alrededor del viaje que Podkayne realiza junto a su hermano y su tío en dirección a Venus y a la Tierra a bordo de un moderno "crucero de recreo" interplanetario. En un principio, el viaje lo deberían de haber realizado los hermanos Fries junto a sus padres, pero el "descorche" de los tres bebés que los padres de Podkayne tenían guardados en estado de criogenización hace imposible que el viaje se realice. Podkayne, desolada por la pérdida del viaje en el que tenía depositadas tantas expectativas, acude buscando consuelo en su tío, el senador Tom Fries, hombre de gran importancia y relevancia en Marte; el tío de Podkayne es un personaje arquetípico dentro de la bibliografía de Heinlein, es el hombre maduro, gruñón y malcarado que encarna la sabiduría y la responsabilidad ante los acontecimientos adversos (aparece como el Hombre Viejo en Amos de títeres o Jubal Harshaw en Forastero en Tierra extraña).

El viaje que emprenderán será el inicio de una historia de intrigas políticas que persiguen la caída del actual gobierno de Marte y la ruptura de relaciones entre los gobiernos de los tres planetas. En el juego de espías que subyace a lo largo de la novela, Clark, el hermano de Podkayne, juega un papel estelar, encontrando en el despiadado mundo de engaños y traiciones que encuentra desde que emprende el viaje a la Tierra a bordo del crucero de lujo, su espacio natural, el lugar en el que mejor se desenvuelve; un mundo que guarda muchos paralelismos con el que el propio Heinlein creó para Thorby, el joven protagonista de Ciudadano de la Galaxia (1957).

Durante la travesía Podkayne hace nuevas amistades, como por ejemplo Girdie, una atractiva mujer, inteligente y con mucho mundo vivido que acaba de quedarse viuda.  La escala en Venus nos presenta un mundo similar a las actuales Vegas estadounidenses; un paraíso para el capitalismo más desenfrenado. Un mundo que no depende de un gobierno, sino de un consejo de administración al ser propiedad de una compañía privada, con lo que resulta una sociedad de clases que se divide entre accionistas, que tiene la vida resuelta y viven dedicados al ocio, y trabajadores, que dedican su vida a ganar el suficiente dinero como para comprar una acción de la compañía y vivir el resto de su vida como accionistas.

La acción en la parte final de la novela se vuelve un tanto desenfrenada y confusa cuando el tío de Tom le revela a Podkayne, cuando Clark es secuestrado por "nacionalistas" marcianos, que viajaba con ellos dos como tapadera para una importante misión de la que dependía la estabilidad entre Venus, la Tierra y Marte. Podkayne, en un intento poco afortunado para rescatar a su hermano también es apresada. A partir de aquí Clark toma el mando de la narración, cortándose la acción de una manera un tanto abrupta. El final no es muy lucido ni lúcido, como consecuencia de la polémica que autor y editor sostuvieron sobre el mismo. Pero, a pesar de todo, Hija de Marte es una de las obras que más influencia han tenido en otros autores posteriores a Heinlein. Por ejemplo, no hace mucho, Joe Haldeman ha publicado Rumbo a Marte (Marsbound), en cuyas páginas nos parece ver reencarnada en la joven Carmen Dula a la mismísima Podkayne Freis; y sin ir más lejos, esta misma semana se ha puesto a la venta Rito de paso de Alexei Panshin, novela ganadora del premio Nebula en 1969 y que estaba tristemente olvidada desde una edición que en 1974 se hizo de la misma con el título de Rito de iniciación por parte de Ediciones Dronte. Según el texto con el que Alamut publicita su novela:
"Sigue el modelo de las novelas juveniles de Robert A. Heinlein, con una protagonista adolescente que ejerce de irresistible narradora de su aprendizaje de la vida en una sociedad futura que plasma algunas de las ideas más queridas del famoso autor norteamericano"
Con lo que podemos comprobar que tanto Heinlein, como sus novelas juveniles todavía son un referente en el género.

lunes, septiembre 19, 2011

POUL ANDERSON - La Gran Cruzada

Con las imágenes aún frescas en la retina de un decadente Harrison Ford reconvertido en azote de alienígenas en Cowboy & Aliens, la penúltima de las grandes producciones holiwoodiense, no he podido resistir la tentación de releer un viejo clásico de Poul Anderson que editó Miraguano hace ya unos años; la obra en cuestión es La gran cruzada (1960), lectura que recordaba como un entretenido pastiche a medio camino entre la novela caballeresca y la de ciencia ficción. Editado originalmente por entregas en la revista Amazing y nominada al Hugo de 1961 junto a obras de tanto renombre como Venus más X de T. Sturgeon, El mundo de la muerte de H. Harrison o la novela que a la postre resultaría ganadora, Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller Jr.; Poul Anderson compitió dignamente con una obra que pone de manifiesto la gran imaginación que atesoraba, su sentido del humor, el conocimiento histórico que atesoraba y ponía al servicio de la incuestionable solvencia con la que defendía sus escritos, pese a lo bizarro de sus argumentos, como es el caso que nos ocupa.

En La Gran Cruzada se ejemplicca como la ciencia ficción ha bebido, con gran frecuencia, del formato policiaco o del western, con sus esquemas narrativos tan simples como eficaces, para llegar a un público amplio y poco exigente, sobre todo en una primera época en la que se aprovechaban las tramas más manidas de los géneros literarios populares, aunque escenificadas en ambientes más exóticos y futuristas. Pongamos como ejemplo la obra de Poul Anderson en la que en esta ocasión los malvados alienígenas tendrán como "compañeros" de reparto a toda una población de la Inglaterra medieval, que no dudaran en emprender una peculiar cruzada contra todo un imperio extraterrestre; espadas, flechas y caballos contra armas láser, bombas atómicas y naves que pueden viajar entre las estrellas a la velocidad de la luz.

Lo bizarro del planteamiento tiene como punto de partida la Inglaterra de 1345, justo en el preciso momento en el que Sir Roger, Baron de Tourneville, está reuniendo su mesnada con la intención de marchar junto a Eduardo III, enfrascado en plena Guerra de los Cien Años contra Francia. La imagen de caballeros y siervos preparando la empresa militar en los bucólicos parajes campestres de la pequeña población de Ansby, en Lincolnshire, se ve interrumpido por el aterrizaje de una enorme nave espacial procedente del imperio Wersgorix. Se trata de una nave de exploración que busca nuevos planetas que conquista, pero en esta ocasión no podrán cumplir su cometido al ser sorprendidos por el ardor de los ingleses, que en un plis-plas acaban con la expedición invasora a espadazo limpio. Sir Roger, hombre de gran valor pero de escasa inteligencia, tiene la intención de utilizar la nave capturada, de la que tan sólo ha sobrevivido un tripulante, para ayudar a su rey en su lucha con Francia y después marchar a Tierra Santa para liberarla de los infieles, para tal fin carga en la nave conquistada todos los habitantes del pueblo, animales incluidos, junto a caballeros y soldados, sin saber que esto es lo que quiere el alienígena prisionero. Cuando la nave se pone en marcha, y ante la sorpresa de todos, el alienígena pone rumbo hacia hacia uno de los planetas conquistados por los Wersgorinx con el fin de ser apresados y... ejecutados. Ni que decir tiene que las aviesas intenciones del prisionero no se ven satisfechas, revertiéndose de tal manera la situación que los aguerridos caballeros ingleses encadenan victoria tras victoria contra hasta el triunfo final.

El argumento parece de lo más simple, pero no se debe dejar pasar la inteligencia con que Anderson construye el relato gracias a sus conocimientos en historia medieval. En primer lugar, la narración la plantea como la lectura de un dietario escrito por un religioso que acompaña al Baron de Tourneville que es encontrado por una expedición procedente del planeta Tierra siglos después de que ocurrieran los acontecimientos narrados. El elemento metaficcional del libro dentro del libro sirve para que el autor pueda construir un relato en primera persona tal y como lo habría hecho un monje de la época con las escasos recursos literarios de los que disponía en el siglo XIV. Por esta razón, los hechos narrados no deben tomarse al pie de la letra, sino como parte de la hagiografía que canta las hazañas del Baron de Tourneville para ensalzar su figura, tal y como mandaban los cánones literarios de la época, además de incorporar en el relato el tópico cortés del fine’amor como recurso para explicar la relación incestuosa entre Lady Catherine, a esposa de Tournaville y uno de sus caballeros.

Resumiendo, la novela, a pesar de sus muchas deficiencias, debe ser leída como un divertimento sin más pretensiones que las de pasar un buen rato con la sucesión de aventuras que enlaza Anderson con su buen hacer, sin olvidar el punto de humor ácido con el que va trufando algunos de los momentos más delirantes de la novela. Sin duda es una pena hoy día no sea frecuente encontrar novelas con el espíritu meramente lúdico que encontramos en La Gran Cruzada, quizás Scalzi se acerca un tanto a éste ideal con sus últimas obras: El agente de las estrellas y El sueño del androide, pero es poco entre tanto buscador de trascendencia literaria.


miércoles, agosto 31, 2011

STANLEY G. WEINBAUM - Odisea en Marte

Con el paso del tiempo, Stanley G. Weinbaum fue considerado por muchos de los más afamados escritores de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción como el primero de los grandes escritores de la ciencia ficción pulp en los Estados Unidos. Su prematura muerte acaecida en 1935, tan sólo 18 meses después de la publicación de su primer relato, hizo imposible ampliar su legado bibliográfico que apuntaba a convertirse en el camino a seguir por los pioneros del género. Su breve producción, apenas una veintena de cuentos, fue suficiente para que tanto escritores como aficionados reconocieran su talento y alabasen el tratamiento revolucionario con el que presentaba a los exóticos seres alienígenas que brotaban de su imaginación; sin ir más lejos, fue descrito por Isaac Asimov, admirador incondicional de su obra, como el primer  escritor de ciencia ficción moderno al considerarlo un escritor “campbelliano” antes de que el propio John W. Campbell iniciara su trabajo editorial al frente de Astounding. Su relato más conocido, que además fue el primero que escribió, fue Odisea en Marte (1934), publicado en la revista Wonder Stories, una de los principales referentes de la literatura pulp de la época, al igual que su director Hugo Gernsback.

Pese a que Weinbaum no se limita a caer en los manidos tópicos del género escribiendo historias en las que el hilo argumental gira en torno a una sucesión de aventuras, poco originales en la mayoría de ocasiones, en las que el héroe de turno se tiene que enfrentar a viscosos seres malignos venidos de más allá de las estrellas con la única intención de invadir la Tierra o comerse a todo humano que se cruce en su camino, no podemos olvidar que los relatos de Weinbaum son hijos de su tiempo, por lo que no podía escapar por completo a ese tipo de guiones ya prefijado de antemano en la mente de los aficionados al género; sin embargo, las concesiones que hace el autor a los lectores,no dejan de lado el  "rigor científico" (para su época y conocimientos) con el que trata de buscar una solución a problemas de física o matemáticas que se plantean en la narración, con lo que su obra se acerca a lo que sería más adelante la Edad de Oro de la ciencia ficción, momento en el que se abandonan las “historias de marcianos” para tomar partido por la especulación científica como elemento clave para desarrollar los argumentos. Pero lo realmente innovador de sus cuentos no es el escenario ni la incipiente especulación científica que se comienza a vislumbrar, sino los personajes, especialmente los alienígenas, a los que dignifica colocándolos en una posición incomprensible para el hombre, alejándolos de la dicotomía buenos-malos con la que acostumbramos a juzgar sus intenciones teniendo como referencia la "naturaleza humana". Las criaturas creadas por Weinbaum resultan totalmente herméticas en sus intenciones y acciones al pertenecer a formas de vida alejadas en todo momento a los parámetros antropocéntricos en los que medimos la vida inteligente. En Odisea en Marte podemos asistir a la aparición de plantas inteligentes, enormes aves con aspecto de avestruz o seres de silicio que pueden vivir miles de años sin que la mente humana sea capaz de comprender la finalidad de su  extraño ciclo vital, lo que de otorga un plus de originalidad al relato.

El argumento de Odisea en Marte no se aleja mucho de la referencia homérica que encierra el título. En esta ocasión el moderno Ulises es Dick Jarvis, astronauta que pertenece a una expedición que tiene como objetivo investigar el planeta rojo; Jarvis sufre un accidente cuando se dedicaba a fotografiar el paisaje ayudado de un cohete portátil, quedando en esos momentos separado del resto de sus compañeros, por lo que se ve en la obligación de recorrer a pie la distancia que lo separa de sus compañeros de expedición. Durante su periplo marciano Jarvis encuentra a un extraño pájaro inteligente que está a punto de ser devorado por una planta que lo ataca con sus tentáculos, éste ser tentacular atrae a sus víctimas entrando en su mente, una versión marciana de las sirenas que atraen a los marineros hacia su perdición en la obra de Homero. El peculiar ser con forma de avestruz salvado por Jarvis responde al nombre de Tweel y acaba por convertirse en el guía y compañero de viaje del terrestre. El relato prosigue encadenando episodios en los que tienen que hacer frente a la aparición de extrañas formas de vida y los misterios que se les plantean, como una extraña e inacabable línea de pequeñas pirámides de silicio de varios miles de años de antigüedad, todas ellas abiertas por la parte superior o el descubrimiento de una ciudad en la orilla de un canal marciano por la que pululan unas extrañas criaturas con forma de barril.

Odisea en Marte es una muestra más de la buena ciencia ficción que se hacía en la época de los pulp. Una joya que debe conocer todo buen aficionado.

jueves, enero 06, 2011

JOHN W. CAMPBELL JR. - ¿Quién hay ahí? (El enigma de otro mundo & La cosa)

Campbell comenzó su carrera como escritor de ciencia ficción en 1930 con la publicación en la revista Amazing Stories del relato When the Atoms Failed. Su obras primerizas eran basicamente narraciones de aventuras espaciales, pero pronto comenzó a añadir a sus escritos elementos poco convencionales dentro del mundillo pulp, procurando dotar a los argumentos de un mayor rigor científico y a los personajes de un mayor carisma y profundidad. En esta primera etapa de su vida profesional destacó como un escritor prolífico, con un buen número de seguidores de las historias que escribía, tanto con su nombre como con algún pseudónimo, aunque si tuvieramos que elegir una de entre todas ellas seguramente nos decantariamos por ¿Quién hay ahí? (1938), elegida en 1973 por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos como una de las mejores de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia.

John W. Campbell, pese a sus buenas maneras a la hora de escribir, es recordado sobre todo por su labor como editor en la revista Astounding Science Ficction. Una labor que llevó a cabo con notable éxito, dignificando lo que hasta la fecha no era más que un subproducto literario que tan solo buscaba entretener a los adolescentes con historias ligeras que en su mayoría se fundamentaban en los tópicos de las novelas policíacas y del oeste, a las que se dotaba de un escenario futurista plagado de monstruos del espacio exterior, invasiones alienígenas y malvados científicos locos.

Con Campbell llegó una nueva era a la ciencia ficción, una revolución que dignificó el género gracias a la incorporación de nuevos temas al imaginario fantástico y, sobre todo, de unos autores jóvenes y entusiastas entre los que se pueden contar a Asimov, Heinlein, Van Vogt, Lester del Rey y Sturgeon entre otros que añadían nuevos temas al imaginario fantástico, todo ello bajo la batuta de un Campbell que exigía rigor científico y calidad literaria en todo aquello que publicaba; estas premisas y su buen hacer en la revista Astounding fueron el eje sobre el que giro la ciencia ficción de esa época a la que se llegó a llamar la Edad de Oro y que supuso un sustancial salto de calidad que posibilito la salida del ghetto que había sido hasta entonces la ciencia ficción.

Pero su actividad como editor no hizo que dejara de lado su pasión por la escritura; fruto de ello es el relato que nos ocupa, Who goes there?, que en nuestro país fue traducido como ¿Quién hay ahí? Esta novela corta, seguramente la más conocida y trascendente de su producción,  escrita por Campbell con el pseudónimo de Don A. Stuart, aparece por primera vez en el número de agosto de 1938 de la revista Astounding Science Fiction, curiosamente el mismo año que comenzó a dirigir la revista.

El argumento del relato narra las peripecias de una expedición científica destinada en lo más recóndito de la Antártida como consecuencia del descubrimiento que en dicho lugar hacen de una nave extraterrestre sepultada bajo los hielos desde hace milenios. En el interior de la nave encuentran un extraño ser de origen alienígena en estado de hibernación que es posteriormente descongelado por los expedicionarios.  El extraterrestre posee la capacidad de adoptar la forma, los recuerdos y la personalidad de cualquier ser vivo, incluidos los seres humanos, a los que va eliminado  y suplantando para poder moverse con total impunidad por la base al adoptar la forma física de sus víctimas sin que el resto de expedicionarios lo detecten. De esta manera, lo que parecía una novela de ciencia ficción se va convirtiendo de manera paulatina en un relato de terror en el que el motor de la acción es la identificación y caza del extraterrestre. La desconfianza entre los expedicionarios va en aumento llegando a producirse enfrentamientos entre ellos debido a la psicosis que se ha desatado en la base con la irrupción del misterioso y mortal extraterrestre. En la parte final de la novela los supervivientes conciben una prueba que se deben realizar con una muestra de su sangre para verificar quién es el visitante de otros mundos y destruirlo antes de que consiga escapar. 

El relato ha sido llevado al cine dos veces: la primera en 1951 con el título The thing from another world que se estreno en los cines españoles con el título de El enigma de otro mundo, dirigida por Chistian Nyby y producida por Howard Hawks, quién también se encargo de escribir el guión en el cual hizo una libre interpretación de la obra de Campbell. El guión de Hawks cuenta la historia de unos científicos destinados en una base polar que descubren una extraña nave espacial alienígena enterrada en el hielo, dentro de la misma encuentran un extraño ser de apariencia humana, a pesar de que su composición celular es más parecida a los vegetales; el alienígena necesita nutrirse de sangre humana para sobrevivir, con lo que el resultado final hace de la película un híbrido de géneros entre la ciencia ficción y el terror. El guión refleja la visión de desconfianza que se había extendido en la sociedad americana tras el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki y el consiguiente miedo a los adelantos científicos que ponían en peligro la vida en el planeta. Un planteamiento alejado de la idea original de Campbell, más en la línea del perenne planteamiento conservador de buena parte de la sociedad norteamericana que desconfía sistemáticamente de todo lo que viene de fuera de sus fronteras.

En 1982, el afamado director John Carperten realizó un remake de la misma, mucho más fiel a la obra original de Campbell, que llevó por título The thing y que llegó a nuestras pantallas como La cosa. El guión fue escrito por Bill Lancaster y la película protagonizada por Kurt Russell. El argumento no se aleja de la propuesta original del relato y presenta en el mismo una forma de vida parasitaria de origen extraterrestre capaz de imitar la forma de los seres humanos y de otras forma de vida desconocidas (inolvidable el arácnido con cabeza humana). El alienígena es devuelto a la vida por los científicos de una apartada estación polar a los que irá eliminando uno tras otro mientras se produce un estado de psicosis y terror entre los supervivientes. En el momento de su estreno paso casi desapercibida, sin duda eclipsada por E.T., la película de Spielberg que presentaba a los extraterrestes como personajes más positivos y amigables que en la película de Carpenter. A pesar de este contratiempo inicial, el tiempo ha convertido La cosa  y a su director en un referente  del cine de terror.

Para finales de 2011 se espera el estreno de una nueva versión de este clásico dirigida por Matthijs van Heijningen, escrito por Eric Heisserer y protagonizada por Mary Elizabeth Winstead y Joel Edgerton en los papeles principales.



lunes, abril 21, 2008

MARCIANOS GO HOME!: Fredric Brown

Todo lo anteriormente dicho en Universo de Locos (1949) sobre Fredric Brown y su obra se puede aplicar sin reservas a ¡Marcianos Go Home! (1955), sin duda su obra más conocida. Vuelven sus estrategias literarias en forma de ironía, complicidad con el lector y, por supuesto, la parodia a los tópicos más socorridos de la ciencia ficción pulp como, en este caso, es la invasión de hombrecillos verdes procedentes de Marte a la que da una inteligente vuelta de tuerca . Además de todo esto, que no es poco, se hace un retrato grotesco del conjunto de la sociedad americana de las que no escapan ante su implacable pluman escapan a su implacable pluma las instituciones que forman sus pilares básicos: política y religión.

Brown se recrea paseando sus personajes ante los deformantes espejos del Callejón del Gato dentro de la más pura tradición esperpéntica, mostrándolos como caricaturas deformes y cosificadas, prisioneros de sus miedos internos y su déficit vital que proyectan hacia el exterior, modificando de manera inconsciente la realidad que los envuelve. De esta manera se aprecia de forma nítida el objetivo de la obra, aquello que constituye la lección moral que cargada de crítica e intención satírica arremete contra toda la hipocresía de una sociedad de la que no deja títere con cabeza y que, tiempo después, vería retomada su idea original para ser trasladada al cine bajo la batuta de un Tim Burton que recogió con maestría el testigo de Brown.

En lo que al argumento se refiere, Fredric Brown vuelve a dar el papel de protagonista a un personaje con muchas similitudes con él mismo: un escritor de ciencia ficción en horas bajas sumido en sus tribulaciones vitales y literarias que será de los primeros en ser acosado por los insoportables seres verdes que aparecen de la nada para incordiar a todos aquellos que llaman su atención. Con estos molestos visitantes pululando por todo el planeta la vida cotidiana se hacía imposible puesto que la única actividad a la que se dedicaban los recién llegados era obstaculizar, y mofarse de las costumbres propias de los humanos, por lo tanto, y ante este panorama, no era de extrañar que el común de los mortales entrara en un estado de histeria colectiva que sacaba lo peor de ellos, los ridiculizaba y servía a Brown para retratar a la autocomplaciente sociedad americana de su tiempo.

Un clásico que se puede disfrutar en la actualidad gracias a dos recientes reediciones, la que se incluye en la estupenda recopilación de las obras completas de Brown que edita Gigamesh, y también en la que publicó Biblioplis que incluye una nueva traducción que respeta con mayor exactitud las expresiones del escrito original además de incluir un interesante ensayo comparando la obra de Fredric Brown con otros autores de su época.

lunes, abril 07, 2008

UNIVERSO DE LOCOS: Fredric Brown

Decía T. S. Elliot: “Quien no conoce la tradición no puede reconocer el talento”. En el género de ciencia ficción la tradición es Fredric Brown, un todoterreno narrativo fogueado en el marginal mundo de las editoriales pulp, aprendiendo el oficio junto a una pléyade de incipientes plumas llamadas a convertirse en la referencia del género fantástico durante las próximas décadas; Brown fue uno de esos pioneros que abrieron camino en los más brillantes y míticos años de la ciencia ficción: la Edad Dorada del género, un momento en el que cada título que aportaban acabaría, de forma y manera incontestable convertido en lectura mítica.

Brown,  se inspiró, como muchos otros escritores de su generación, en el  miedo de la sociedad hacia un enemigo exterior, un miedo que se encargaba de alimentar el proceso político en que se había embarcado el mundo después de la II Guerra Mundial. En este contexto y ante el probado poder de las armas nucleares, combinado con la imparable carrera armamentística en que se habían embarcado las dos grandes potencias mundiales del momento, hizo que se instalara en el inconsciente colectivo de la sociedad la idea de un final trágico e imparable que acabaría, más pronto que tarde, con la humanidad. Este miedo al enemigo invisible que acechaba de manera implacable en el exterior fue sabiamente explotado por autores como Fredric Brown.

Las novelas de Brown explotan la complicidad entre el lector, el escritor y el protagonista gracias al sentido del humor que impregnan sus relatos y a la fina ironía con la que describe en sus obras el mundo editorial de las revistas dedicadas a la publicación de relatos pulp, y a la atracción que despierta el trasunto de Brown que ejerce como protagonista en ellas, y de las que Universo de Locos (1949) es un claro ejemplo. Como elementos más destacados de la obra que nos ocupa podemos señalar en primer lugar el ritmo vertiginoso que imprime a la narración, una concatenación de acontecimientos que no dan respiro al lector, y en la que no se aprecian elementos superfluos, no se detiene en los detalles para dar todo el protagonismo a la acción; en segundo lugar, destaca la excelente parodia que se hace de todos los tópicos, incipientes en esos momentos, que componían el escenario habitual de este tipo de escritos: alienígenas malvados, la chica del espacio, los héroes omnipotentes, etc.. También merece ser señalada la nula necesidad de este tipo de ciencia ficción de recurrir a profundos conocimientos de ciencia o física para construir un argumento sólido y creíble. Las tablas que atesora Brown en el oficio de escritor le sirven para, con la simple ayuda de una máquina de coser, solucionar la parte técnica de su novela.

El argumento gira en torno a Keith Wiston, editor de una revista de ciencia ficción, que en un accidente insospechado es trasladado a un universo paralelo similar al suyo propio, en el que es perseguido por todos sus nuevos convecinos al tomarlo por un peligroso agente alienígena. En esa lucha por sobrevivir y regresar a su “hogar” se verá envuelto en un sinfín de situaciones, surrealistas unas y repletas de acción otras, que lo obligarán a utilizar todo tipo de recursos para mantenerse con vida. La obra sirve a Brown para hacer un retrato ácido de la sociedad de su tiempo, un recurso que volverá a emplear con ¡Marcianos go home! (1955).

En resumen, un escritor y una novela básica en el archivo textual de todo buen aficionado a la ciencia ficción, donde se puede apreciar el aire intemporal que desprende, no me ha parecido que el tiempo la haya envejecido haciendo que pierda interés para un lector actual, al contrario, resulta mucho más interesante que alguna de las últimas incorporaciones al panorama literario del género. Sin duda, se puede catalogar de excelente la idea de la editorial Gigamesh de recopilar todas sus novelas y relatos en cuatro volúmenes.

viernes, agosto 17, 2007

REGRESO A BELZAGOR (Downward to the Earth) – Robert Silverberg

El reciente saldo de La Factoría ha puesto a disposición de muchos aficionados un buen número de títulos apetecibles. Entre ellos se encuentra Regreso a Belzagor del maestro Robert Silverberg; lo de maestro se debería de poner en mayúsculas. La revisión novelada que hace en esta novela del Zaratustra de Nietzsche es sencillamente genial.

Una tarea nada fácil la de hacer digerible la teoría filosófica de Nietzsche a través de una obra concebida, en principio, como de evasión y entretenimiento, pero mientras pasaba las páginas crecía mi asombro al ver reflejado en cada acontecimiento, en cada personaje de Regreso a Belzagor todas y cada una de las ideas y conceptos de Nietzsche.

Silverberg ofrece en clave de ciencia ficción un canto al Vitalismo de Nietzsche y su concepto de vida: la comprensión de la vida en el sentido biológico como elemento para subrayar el papel del cuerpo humano, los instintos, lo irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia.

Términos como la muerte de Dios, el nihilismo, el eterno retorno como síntoma de vitalismo, la voluntad de poder como esencia de la vida (que se ve reflejada en muchos de los protagonistas de las obras de Silverberg: Manjipur, etc), la división moral entre lo apolíneo y lo dionisiaco, la transmutación de los valores, y por supuesto el Superhombre que debe de emerger de este cambio y dejar atrás al Último Hombre: entendido como el hombre de los tiempos actuales, no cree en nada, pero se cree feliz, es un ser menospreciable que vive una vida gris. Estos son los elementos que ejercen la función de armazón, de esqueleto que queda recubierto con el escenario futurista que con tanta soltura domina Silverberg, y que da forma a Regreso a Belzagor, pésima traducción del título original: Downward to the Earth. Título mucho más acertado al trasfondo mesiánico de la novela.

La novela arranca cuando Edmund Gundersen vuelve a Belzagor atraído por los recuerdos del pasado y por el sentimiento de culpa producido por los actos cometidos durante su anterior estancia en el planeta, donde ejerció con mano de hierro su cargo como gobernador.

La pérdida de valores tradicionales que el personificaba como colonizador y representante del antropocentrismo, y la no asimilación de la idea de la existencia de seres elefantiásicos como los nildores, auténticos dueños del planeta y dotados de una inteligencia emocional, espiritual y moral superior a la de los humanos, lleva a Gundersen a una transmutación de los valores: destrucción de antiguos valores y creación de nuevos que lo liberen de su sentimiento de culpa.

Para este fin emprende un viaje a lo más profundo de las selvas de Belzagor, un viaje iniciático para encontrarse consigo mismo y trascender, dejar atrás al último hombre. Ha tomado consciencia de la muerte de dios (nihilismo); nada tiene valor, ha perdido los valores de su propia tradición.

En su viaje por Belzagor, Gundersen experimentará la voluntad de poder que lo llevará a conocer la realidad de los seres que habitan el planeta y descubrirá el eterno retorno en el que viven: el constante renacer en un nuevo ser vivo distinto al que han sido anteriormente.

En contraposición con la moral y espiritualidad de los Nildores, que representan el espíritu apolíneo, de Apolo, dios de la belleza, los valores de la razón, la medida, es la moral de los señores, el equilibrio en la filosofía de Nietzsche, Silverberg coloca a los pocos habitantes terrestres que quedan en Belzagor, encabezados por la esposa de Kurt, y a los hedonistas turistas que lo visitan: clara representación de el espíritu dionisiaco, de Dionisio, dios de la orgía, de la desmesura, la embriaguez mística y la anulación de la conciencia personal, es la moral de los esclavos.
La voluntad de evolucionar lleva a Gunderser a realizar la ceremonia de trascendencia de los Nildores; ceremonia donde se trasforma en un ser emocionalmente superior. La prueba final del proceso de trasformación es la aceptación del resultado final del cambio como representación del eterno retorno de las cosas, es decir, asumir que han de volver a acontecer los sucesos del pasado. Es la prueba más dura a la que se enfrenta la voluntad de poder. Desear no sólo las cosas buenas sino también las “malas” y “negativas”. La idea clave del eterno retorno es la repetición, el ciclo que se ejecuta una y otra vez, sin que nada apunte hacia un estado final.

El final del viaje es la consecución de una nueva etapa de existencia: El superhombre. El superhombre es una figura colectiva, símbolo de todos aquellos dispuestos a realizar la transmutación de los valores y apropiarse de todos los valores de la condición humana. No es un ser superior al hombre, sino un hombre que vive su vida como “artista trágico”, según la propia definición de Nietzsche. El superhombre es la coronación de un proceso de trasformación espiritual. Ha comprendido la disolución de los valores tradicionales, no se engaña.

El final de la novela presenta a Gunderser trasformado en una figura mesiánica con la intención de redimir todos los pecados de sus congéneres, ayudarlos a conseguir la tan deseada evolución moral y espiritual que debe elevar a la raza humana a un nivel superior de existencia.

Así entiendo yo Regreso a Belzagor y así lo cuento. No tengo dudas sobre la influencia de Nietzsche en esta novela. Para lo que no encuentro respuestas es para el porqué la escribió y qué significa esta novela en su carrera literaria.

No conozco en profundidad la obra de Silverberg, prometo ponerme al día, para opinar sobre el significado de Regreso a Belzagor. ¿Significaba un cambio en la obra de Silverberg? ¿Un cambio en la propia literatura de ciencia ficción? Quién sabe, lo cierto es que después de haber leído Regreso a Belzagor tengo la sensación de haber descubierto uno de los más grandes escritores de ciencia ficción, y no sólo de ciencia ficción; Silverberg, al igual que Gundersen, también consigue trascender a un nivel superior en esta novela.

OTRAS VISIONES.

El rincon de Nacho

De Leyenda

El Kraken

martes, junio 19, 2007

JOE HALDEMAN - La guerra interminable


 La guerra interminable (1974) es la novela que encumbró a Joe Haldeman de manera definitiva  instalándolo en el Olimpo de los grandes escritores de ciencia ficción de todos los tiempos, además de obtener logros más mundanos como por ejemplo la triple corona de premios literarios a los que podía aspirar: el Nebula en 1975 y el Hugo y Locus en 1976; debido al éxito cosechado, la novela se convertiría en saga, alargándose en dos nuevos títulos con La paz interminable (1997) y Forever free (1999), esta última inédita en castellano.

En su novela, Haldeman construye un profundo alegato antibelicista, se la considera una crítica a la polémica y pro-belicista Tropas del espacio, una de las obras maestras del maestro Heinlein (cuántos detractores de Heinlein le deben a éste sus mejores momentos dentro del género de la ciencia ficción, incluidos muchos escritores). La guerra interminable nos cuenta las peripecias de los soldados que luchan en la guerra contra una raza alienígena, los enigmáticos Tauran; el enfrentamiento bélico no es más que el pretexto para hacer una exploración de la condición humana y  de la innata capacidad del hombre para inhibirse de los horrores que es capaz de crear; asimismo, Haldeman aprovecha para cargar contra la burocrácia que crea el propio mecanismo de la guerra y que es un factor tan peligroso para el soldado como el mismo enemigo.

Haldeman añade a la narración elementos hard de gran interés, algo que forma parte de su sello personal e intrasfarible con los que se ayuda para planificar hasta el más mínimo detalle las paradojas temporales que surgen en la novela, sin duda de lo mejor de la misma, por el acertado tratamiento que hace de los efectos psicológicos que sufren los soldados debido a la dilatación temporal propia de  los viajes espaciales a grandes velocidades. Dichos viajes son posibles gracias al descubrimiento del salto colapsar, un avance tecnológico que permite recorrer enormes distancias en el espacio, pero los efectos de la singularidad espacio-tiempo consigue que todos los que utilicen este sistema para viajar descubran a su regreso que lo que para ellos han sido unos pocos meses, en la Tierra han sido años.

La novela en sí, no se parece en nada a los tochos que se publican hoy día. Construida de una manera compacta, sin alardes de estilo ni florituras, resulta tremendamente sólida y fascinante, sin añadidos superfluos que tan sólo tienen la misión de añadir páginas vacias de contenidos para inflar el precio final del libro. El protagonista de La guerra interminable, un joven estudiante que responde al nombre de Willian Mandela, es reclutado para formar parte de un grupo de fuerzas de élite del ejército que deben cumplir con los requisitos de tener un coeficiente de inteligencia por encima de 150 y una impecable condición física. El grupo de élite al que pertenece el joven Mandela es sometido a un duro entrenamiento antes de ser enviado a luchar contra el enemigo.

La guerra contra los misteriosos Taurinos provoca que los soldados que participen en ella pierdan todo aquello que dejan cuando parten hacía el frente y no sepan que se encontraran a la vuelta; de esta forma asistimos a los enormes cambios que se producen en la civilización, cambios que elimina la posibilidad de reinsertase en la vida civil a los veteranos de guerra, viéndose obligados a alistarse de nuevo en el ejército. Esta circustancia invita a pensar en las bases autobiográficas que subyacen en la obra, no olvidemos que Haldeman combatió y fue herido de gravedad en Vietnam, y que tras la escusa de un space opera, el autor presenta en forma de metáfora causada por los viajes espaciales, los efectos de desamparo y rechazo que padecieron los soldados norteamericanos a su regreso a los Estados Unidos, poniendo de manifiesto lo inutil de la guerra.

El final de la novela es un tanto moralista y a la vez dulce por el final feliz que les proporciona a los protagonistas. Al regresar de su última misión, los supervivientes de la contienda descubren que la paz con los Taurinos se ha conseguido gracias a renunciar a la individualidad, tanto física como mental, todos los seres son uno solo; han adoptado el modelo de civilización Taurino para poder entenderse con ellos (el individualismo es uno de los caballos de batalla de Heinlein, una idea que promueve en cada uno de sus escritos y que en La guerra interminble es rebatido por Haldeman). Una aceptación de que el estado de guerra es inherente al ser humano y de que para evolucionar deben abandonar la condición humana.

Como curiosidad comentaré que tuve la oportunidad de conocer a Haldeman y a su mujer, que por cierto habla un perfecto castellano, en el Kosmopolis 2004 de Barcelona. Junto a otros Cyberdarkianos, hoy sedicianos, fui espectador de la conferencia que ofreció sobre la guerra, como no, una charla interesantísima donde cargó con dureza contra la política militarista de Estados Unidos y, en algunos momentos, sobre las tesis militaristas e individualistas de Heinlein. Que Haldeman sea veterano de guerra se nota en la profundidad de algunos de los personajes de la novela en los que seguramente se ve reflejado. En resumen, una estupenda novela que es muy recomendable releer de tantao en tanto para que no caiga en el olvido  y sirva de referencia para comparar algunos de los escritos de los nuevos adalides de la ciencia ficción.

martes, junio 05, 2007

SOY LEYENDA - Richard Matheson


Sin duda Soy leyenda es, por méritos propios, uno de los clásicos incuestionables de la literatura de ciencia ficción. Una novela corta, de poco más de 100 páginas, salida de la hábil pluma de Richard Matheson y que ha servido de modelo ha incontables producciones posteriores; ya sean literarias, cinematográficas o incluso videojuegos.

El argumento es reflejo de las inquietudes que despertaban en la sociedad americana la amenaza nuclear o bacteriológica que amenazaba con destruir la vida en el mundo; debemos tener en cuenta la fecha de publicación del relato 1953, en plena guerra fría.

Soy leyenda, en primera instancia, parece una distopía que dibuja un futuro apocaliptico en un mundo poblado de supervivientes de una guerra biológica que se han transformado en unos seres parecidos a los tan manidos vampiros de las novelas y películas de serie B, en este nuevo orden mundial sólo un hombre parece haber escapado a la plaga y sobrevive luchando día y noche contra los vampiros. Con este sencillo planteamiento Matheson construye una historia breve, intensa y llena de matices. Una obra redonda, construida con una gran economía de medios donde los personajes apenas están esbozados con cuatro pinceladas.

Robert Neville, protagonista de la novela, es el último hombre “normal” sobre la Tierra. Un moderno Robinson Crusoe que ha sobrevivido al naufragio de la humanidad y que intenta adaptarse a un mundo donde él no encaja. La vida de Neville se basa en buscar y matar vampiros durante el día mientras la noche la dedica a defenderse en su refugio del ataque de las criaturas de la noche que lo acosan sin descanso. En apariencia un argumento simplista, nada de eso, el personaje de Neville no deja de evolucionar durante toda la novela. Pasa por diferentes periodos de lucidez, cuando no bebe, buscando de manera científica el origen de la mutación. En otros momentos, cuando bebe, se muestra como un ser vulnerable, condicionado por la soledad que padece y atormentado por los recuerdos que en breves flash backs nos cuentan su pasado.

La novela nos deja algunos momentos brillantes como lo que acontece con el perro que encuentra, el momento lacrimógeno de la novela, y sobretodo el final donde Neville acepta su condición de “diferente” y se abandona a su suerte.

En la actualidad se está preparando en Hollywood una nueva versión para la gran pantalla de Soy Leyenda, que si no me equivoco será la tercera después de la coproducción italo-americana El último hombre sobre la Tierra del año 64 interpretada por Vincent Price y del clásico de los 70 The Omega Man protagonizada por Charlton Heston. En esta nueva revisión de la obra de Matheson el papel de Robert Neville será interpretado por Will Smith.




viernes, julio 21, 2006

FLORS PER A L'ALGERNON - Daniel Keyes

Desprès de recerca infructuosa del llibre de Daniel Keyes en castellà he trobat un exemplar publicar per l’editorial Cruïlla i he aconseguit llegir-lo en una edició bastant decent.

Flors per a l’Algernon és un bon llibre, amb una història sensible i a la vegada de moments durs. L’autor fa un anàlisi sobre el rebuig social i la marginació tants del genis i privilegiats com dels menys afavorits, un clar advertiment cap als científics que juguen a ser déu i un avís dels perills de la llibertat, de trencar les nostres cadenes i enfrontar-nos a un món que por ser aterridor; de vegades és millor ser un presoner que no un home lliure.

Flors per a l’Algernon ens conta la història de Charlie Gordon, un noi de 32 anys amb un retard mental. La vida d’en Charlie transcorre tranquil·la, treballa en una fleca de pa des de molt jove i al vespre acudeix a una escola especial per a gent amb retard on aprèn a llegir i escriure. Charlie és sotmès a una operació per a augmentar la seva intel·ligència, l’experiment resulta un èxit total, això li fa augmentar la seva capacitat de memòria i la intel·ligència. Poc a poc descobreix la realitat que l’envolta, descobreix que els seus amics són uns mediocres sense cap cultura que tant sol veuen a Charlie com a algú per a descarregar a sobre d’ell les seves frustracions.

Charlie va anotant en un diari tot allò que li va succeint, d’aquesta manera va recordant passatges de la seva infantesa des del record i l’associació d’idees. En poc temps es converteix en un geni, però això no el converteix en millor persona, al contrari, es torna distant amb la gent que l’ha ajudat. Quan Charlie descobreix que els efectes de l’operació no són permanents i que poc a poc torna a convertir-se en que era abans, aleshores decideix trobar a la seva família que el va abandonar de petit avergonyits pel seu retard. A tot això s’ha d’afegir una bella i tràgica història d’amor.

La història està escrita en forma d’un diari autobiogràfic, en capítols que són els informes de progrés que Charlie fa pe als doctor i psicòlegs. Que sigui narrat en primera persona en fa sentir el fets d’una manera més propera, el protagonista es presenta com a un ésser desvalgut encara que amb un punt d’innocència i bondat que ens fa a l’instant simpatitzar amb ell.

La història d’en Charlie toca molts temes, però per sobre de tot parla de la privació de la capacitat emocional. Quan en Charlie es torna intel·ligent, recupera els records de la seva infància, és quan per primera vegada a la seva vida comença a ser infeliç. La intel·ligència i tot el ventall de noves emocions i sensacions que descobreix no l’ajuden a ser feliç, al contrari, el converteixen en una persona pitjor, amb més necessitats materials i afectives.

El final de la història, tot i que és una miqueta trist, m’agrada, em sembla una bona manera d’acabar el llibre. La “moraleja” final amb missatge idealista amb el concepte de que un deu aprendre a acceptar-se tal com és edulcora el resultat del final del llibre.

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