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miércoles, octubre 12, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Hija de Marte

Podkayne or Mars (1962), editada en castellano por Martínez Roca con el título de Hija de Marte, fue publicada originalmente por entregas en la revista de ciencia ficción If. Por las características, personajes y temática de esta novela debería incluirse entre las novelas juveniles, pero Heinlein nunca la consideró como tal, considerándola, junto a Tropas del espacio (1959), como una muestra de su firme intención para alejarse de la escritura de novelas para adolescentes, pese a las trabas que encontró por parte de los editores para conseguirlo. Y es que Heinlein, a lo largo de su carrera, tuvo que lidiar contra la oposición de sus editores, los cuales siempre encontraban  motivos para que no pudiera desarrollar su trabajo libremente, obligándolo en diversas ocasiones a introducir importantes cambios en sus obras, como por ejemplo en Amos de títeres (1951), novela que por lo explicito del sexo en la versión original sufrió un importante recorte en su extensión original; de igual manera, Rebelión en el espacio (1949), sufrió la mutilación de varios pasajes debido al uso que los niños hacen de las armas o, como ocurrió con Podkayne of Mars, cambiando el final por otro que supuestamente resultara del agrado de los lectores.

Hija de Marte, como era habitual en las novelas juveniles de Heinlein, está escrita en primera persona, teniendo como principales protagonistas a Podkayne Fries, adolescente de 15 años, y a Clark Fries, su hermano pequeño de 11 años, un joven con una gran inteligencia que manifiesta una enorme facilidad para meterse en  problemas de todo tipo, especialemente si estos implican poner en peligro su vida y la de su hermana. A lo largo de la novela, el único momento en el que Clark adquiere el papel de protagonista, relegando a Podkaynes a un segundo plano, es el epílogo. El trasvase final de protagonismo responde a los cambios que la editorial obligó a introducir a Heinlein, quien en primera instancia había planeado un final con la muerte heroica de Podkayne, inmolándose para salvar la vida de una pequeña "hada", en realidad un peculiar mono volador natural de Venus. Heinlein no aceptó de buen grado los cambios impuestos por la editorial, quejándose en una carta dirigida a su representante en la que decía que las pretensiones de la editorial eran similares a "querer cambiar el desenlace de Romeo y Julieta por otro con final feliz para contentar a los lectores". Como consecuencia de estos cambios, el final resulta del todo impostado, restándole fuerza al conjunto total de la obra; pero no adelantemos acontecimientos y vallamos al principio.

La novela en sí se puede considerar como una lejana continuación de  Rebelión en el espacio (Red Planet, 1949), novela en la que narraban los acontecimientos que llevaron a la sublevación de los colonos marcianos, oprimidos por el gobernador de la colonia. Muchos son los puntos de coincidencia entre las dos novelas de Heinlein, por ejemplo, la  antiquísima civilización marciana de la que habla Podkayne, con sus ciudades en ruinas y sus misteriosos marcianos, etc.,  tiene un gran parecido con la descrita en Rebelión en el espacio, con lo que esta novela podría ser perfectamente su continuación, situándose la acción unos 20 o 30 años después; otro punto en común, que parece definitivo a la hora de asegurar la relación entre ambas es la Academia Lowell, lugar en el que estudiaban los protagonistas de Red Planet cuando comienza la revolución y que es citada por Podkayne como un lugar en el que ella también ha pasado en algún momento de su vida. En este aspecto hay que recordar que las novelas de Heinlein suelen estar relacionadas entre sí, aunque tan sólo sea por la los "cameos" que algunos de sus personajes acostumbran a realizar en otras obras; sin ir más lejos, la propia Podkeyne aparece en El número de la bestia (1980).

En Hija de Marte, el autor, mediante unas breves y sutiles pinceladas, nos va poniendo al corriente de la sociedad resultante de la victoria en su particular guerra de la independencia contra el gobierno de la Tierra; la sociedad marciana se fundo en primer lugar con convictos, después acudieron colonos bien seleccionados, para después de la revolución dejar entrar libremente a cualquiera. Es una sociedad de economía liberal, aunque con cierto grado de planificación para no agotar los escasos recursos del suelo marciano; también se la pinta como puritana en cierto modo, no tienen bien vista a la sociedad venusiana, formada por portugueses o brasileños que no forman un gobierno al uso, sino que están "gobernados" por una Corporación empresarial.  

El resto del decorado en el que se representan los acontecimientos, nos los muestra Heinlein utilizando la visión que expresa Podkayne del mundo que la rodea mediante el monólogo interno, de esta manera nos enteramos que el padre de la joven perdió un brazo en los combates que tuvieron lugar durante la rebelión y de que su tío, considerado un héroe de guerra, es senador vitalicio en Marte por los méritos contraídos durante la guerra de independencia (la idea de conseguir un estatus de privilegio en la sociedad gracias a los méritos de guerra también aparece en Tropas del espacio); se nos pone al corriente de como se ha estructurado la sociedad marciana en base a priorizar el trabajo por encima de la familia, practicándose una natalidad contenida consistente en la criogenización de los recién nacidos hasta el momento en el que sus padres, ya jubilados o con menos tareas a las que atienden,  puedan hacerse cargo de ellos para su educación (educación que incluye el castigo físico a los niños como algo natural y aceptado). Podkayne también nos informa sobre una asociación interplanetaria compuesta por los legítimos gobiernos de Marte, la Tierra y Venus que actúa como entidad supra-estatal para evitar conflictos entre las parte y llegar a acuerdos de colaboración en materia de economía.

El argumento gira alrededor del viaje que Podkayne realiza junto a su hermano y su tío en dirección a Venus y a la Tierra a bordo de un moderno "crucero de recreo" interplanetario. En un principio, el viaje lo deberían de haber realizado los hermanos Fries junto a sus padres, pero el "descorche" de los tres bebés que los padres de Podkayne tenían guardados en estado de criogenización hace imposible que el viaje se realice. Podkayne, desolada por la pérdida del viaje en el que tenía depositadas tantas expectativas, acude buscando consuelo en su tío, el senador Tom Fries, hombre de gran importancia y relevancia en Marte; el tío de Podkayne es un personaje arquetípico dentro de la bibliografía de Heinlein, es el hombre maduro, gruñón y malcarado que encarna la sabiduría y la responsabilidad ante los acontecimientos adversos (aparece como el Hombre Viejo en Amos de títeres o Jubal Harshaw en Forastero en Tierra extraña).

El viaje que emprenderán será el inicio de una historia de intrigas políticas que persiguen la caída del actual gobierno de Marte y la ruptura de relaciones entre los gobiernos de los tres planetas. En el juego de espías que subyace a lo largo de la novela, Clark, el hermano de Podkayne, juega un papel estelar, encontrando en el despiadado mundo de engaños y traiciones que encuentra desde que emprende el viaje a la Tierra a bordo del crucero de lujo, su espacio natural, el lugar en el que mejor se desenvuelve; un mundo que guarda muchos paralelismos con el que el propio Heinlein creó para Thorby, el joven protagonista de Ciudadano de la Galaxia (1957).

Durante la travesía Podkayne hace nuevas amistades, como por ejemplo Girdie, una atractiva mujer, inteligente y con mucho mundo vivido que acaba de quedarse viuda.  La escala en Venus nos presenta un mundo similar a las actuales Vegas estadounidenses; un paraíso para el capitalismo más desenfrenado. Un mundo que no depende de un gobierno, sino de un consejo de administración al ser propiedad de una compañía privada, con lo que resulta una sociedad de clases que se divide entre accionistas, que tiene la vida resuelta y viven dedicados al ocio, y trabajadores, que dedican su vida a ganar el suficiente dinero como para comprar una acción de la compañía y vivir el resto de su vida como accionistas.

La acción en la parte final de la novela se vuelve un tanto desenfrenada y confusa cuando el tío de Tom le revela a Podkayne, cuando Clark es secuestrado por "nacionalistas" marcianos, que viajaba con ellos dos como tapadera para una importante misión de la que dependía la estabilidad entre Venus, la Tierra y Marte. Podkayne, en un intento poco afortunado para rescatar a su hermano también es apresada. A partir de aquí Clark toma el mando de la narración, cortándose la acción de una manera un tanto abrupta. El final no es muy lucido ni lúcido, como consecuencia de la polémica que autor y editor sostuvieron sobre el mismo. Pero, a pesar de todo, Hija de Marte es una de las obras que más influencia han tenido en otros autores posteriores a Heinlein. Por ejemplo, no hace mucho, Joe Haldeman ha publicado Rumbo a Marte (Marsbound), en cuyas páginas nos parece ver reencarnada en la joven Carmen Dula a la mismísima Podkayne Freis; y sin ir más lejos, esta misma semana se ha puesto a la venta Rito de paso de Alexei Panshin, novela ganadora del premio Nebula en 1969 y que estaba tristemente olvidada desde una edición que en 1974 se hizo de la misma con el título de Rito de iniciación por parte de Ediciones Dronte. Según el texto con el que Alamut publicita su novela:
"Sigue el modelo de las novelas juveniles de Robert A. Heinlein, con una protagonista adolescente que ejerce de irresistible narradora de su aprendizaje de la vida en una sociedad futura que plasma algunas de las ideas más queridas del famoso autor norteamericano"
Con lo que podemos comprobar que tanto Heinlein, como sus novelas juveniles todavía son un referente en el género.

martes, septiembre 13, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Rebelión en el espacio

Red Planet (1949), tercera de las denominadas “novelas juveniles” escritas por el maestro Robert A. Heinlein, no ha sido publicada nunca por una editorial española. La edición que se puede, o mejor dicho, se podía encontrar en castellano, la publicó la editorial argentina Acme en 1958 con el título de Rebelión en el espacio. No hay que ser una eminencia para adivinar la razón por la que ningún editor nacional de los años 50 hubiera osado publicar una novela con ese título. Y aunque se hubiera cambiado el título, difícilmente la censura del momento habría permitido que saliera a la luz una novelita en cuyo argumento unos chavales se rebelaban contra la tiranía del director de un internado que imponía su autoridad manu militari, habría sido suicida. Afortunadamente en la actualidad, gracias sobre todo a los nuevos lectores de libros digitales, podemos recuperar obras como la presente, en las cuales se encuentra todo el encanto de la ciencia ficción primigenia, cuando se colocaba la aventura por encima de la especulación cienctífica, todo al servicio del entretenimiento, aunque algunos elementos del escenario que nos presentaban los escritores del momento hoy día parecen notablemente desfasados.

Anteriormente, en la reseña que dediqué a Consigue un traje espacial: viajarás (1958), otra de las maravillosas “novelas juveniles” escritas por Heinlein entre 1948 y 1958, ya detallé algunas de las principales características que se aplican tanto a Heinlein como a estos escritos para jóvenes en particular. Recordemos que tienen en común una doble vertiente: por una parte la lúdica, que busca que el lector pase un buen rato leyendo una serie de aventuras que tienen como protagonista un joven adolescente en pleno proceso de madurez, mientras que por otra parte cumple con la intención didáctica de mostrar la ciencia como algo asequible y “divertido”; los más críticos con el maestro Heinlein le añadirían una tercera: la de proclama ultraderechista.  Y es que el escritor norteamericano y sus escritos no han terminado de quitarse una ¿merecida? fama de militarista y de amante del individualismo y la libre determinación llevados a su máximo exponente.

En Rebelión en el espacio, Heinlein presenta un futuro en el que los humanos han llegado a colonizar Marte, con los consiguientes problemas de nacionalismo que se genera en la sociedad marciana, deseosa de tomar sus propias decisiones sin que estas vengan dictadas por el gobierno de la Tierra. Junto a las reivindicaciones independentista que planean de manera permanente sobre el lector, podemos encontrar otros hilos argumentales de tipo costumbrista, como puede ser la descripción de la vida diaria de los colonos marcianos y de la descripción que el autor hace de un Marte habitado por plantas y seres supuestamente “inferiores” al hombre, y de unas milenarias ciudades en ruinas que nadie sabe a quién pertenecieron en un pasado remoto, lugares  en el que sus misteriosos habitantes construyeron unos enormes canales para llevar el agua a las zonas desérticas del planeta.

La acción toma prestada para sí misma buena parte de la de la historia de los EEUU: la dependencia política, económica y administrativa de la “metrópolis” por parte de los colonos; la usurpación que hacen los colonos de las tierras sagradas de los nativos marcianos, a los que consideran inferiores; el modelo de expansión y colonización que se hace en Marte, muy semejante a la fundación y expansión de los Estados Unidos por América del Norte, propia de la Doctrina del Destino Manifiesto, por la cual los EEUU están destinados a expandirse por todo el mundo (ahora otros planetas).

El lector va entrando poco a poco en contacto con el día a día de los colonos marcianos de la mano de Jim y Frank Marlowe, dos jóvenes que viajan a la capital marciana a estudiar en la Academia Lowell en régimen de internado. Los acompaña Willis, una mascota marciana de gran inteligencia, a pesar de su aspecto de bola peluda, que tiene una rara habilidad para grabar y reproducir los sonidos que se producen a su alrededor. Durante el viaje que los llevará desde su casa a la academia encuentran a Gekko, un nativo marciano del que se hacen amigos gracias a que éste les da agua, lo que equivale a un ceremonial que para los marcianos autóctonos equivale a ser “hermanos de agua”.

En la academia los chicos pronto chocarán con el director de la misma, el señor Howe, que llega a confiscarle a Willis alegando que a los alumnos les está prohibido tener mascotas. Frank y Jim consiguen rescatar su mascota del despacho del director y descubren, gracias a las habilidades memorísticas de Willis, como el director y el administrador de la colonia, el señor Beecher, planean impedir la emigración anual que realizan los colonos marcianos por motivos climatológicos, todo ello con tal de ahorrarle una importante cantidad de dinero a las arcas terrestres. Ante el peligro que encierra la prohibición para la vida de los colonos, los dos jóvenes deciden huir de la academia. Y es ahora cuando comienza la gran aventura de Jim y Frank que se verán obligados a atravesar varios miles de kilómetros de inhóspito suelo marciano para informar a los colonos de los planes del administrador. Como es habitual en las “novelas juveniles” de Heinlein, la superación de peligros y la toma de responsabilidades ayuda a sus protagonistas es el proceso iniciático que deben superar para llegar a convertirse en adultos; en esta ocasión, además de participar en una revolución con el fin de liberar a los colonos de la tiranía del gobierno terrestre, los jóvenes, descubren cómo funciona la civilización marciana y el importante papel que desempeña Willis en la misma.

Red Planet sirvió como referencia a Heinlein en una de sus obras más celebradas, como fue Forastero en tierra extraña (1961), en cuanto el ciclo de vida de los marcianos en ambas novelas es similar (no igual), además de compartir el hecho de la “hermandad de agua” y de la defensa de la libertad que se hace en ambas, sin olvidar Hija de Marte (Podkayne of Mars, 1963).  Otra influencia de esta obra la encontramos recientemente con la aparición en el panorama literario de la ciencia ficción en castellano Rumbo a Marte, obra de Joe Haldeman a la que se compara con las "novelas juveniles" de Heinlein en general y con Red Planet en particular. De ser así sería un merecido homenaje a un tipo de novelas que ha entretenido a varias generaciones de aficionados al género pese a que originalmente estaban concebidas por parte del editor como un entretenimiento para adolescentes. A pesar del lastre que supuso el continuo recorte que sufrían sus escritos por parte de la editorial, Heinlein supo crear un tipo de obras que no solamente contentaban a los más jóvenes, sino que atraían a los adultos.

martes, octubre 14, 2008

RIDLEY SCOTT & JOE HALDEMAN

Según anuncia “europapress”: Ridley Scott vuelve a la ciencia ficción con La guerra interminable ( The Forever War); sin duda una de las mejores novelas del género. El propio director adelanta unas breves pinceladas de cómo será la película: "He perseguido esta obra durante 25 años. Será una película épica, una mezcla de 'La Odisea' y 'Blade Runner' que parte de una premisa brillante y desorientadora".

Los aficionados al cine, y en particular al que realiza este gran director, estamos de enhorabuena, si además le sumamos al buen hacer de este cineasta una materia prima como es la extraordinaria novela de Haldeman el resultado debe ser espectacular.

Ahora toca esperar y estar al tanto de cómo se desarrollen los acontecimientos en cuanto a actores y demás.

martes, junio 19, 2007

JOE HALDEMAN - La guerra interminable


 La guerra interminable (1974) es la novela que encumbró a Joe Haldeman de manera definitiva  instalándolo en el Olimpo de los grandes escritores de ciencia ficción de todos los tiempos, además de obtener logros más mundanos como por ejemplo la triple corona de premios literarios a los que podía aspirar: el Nebula en 1975 y el Hugo y Locus en 1976; debido al éxito cosechado, la novela se convertiría en saga, alargándose en dos nuevos títulos con La paz interminable (1997) y Forever free (1999), esta última inédita en castellano.

En su novela, Haldeman construye un profundo alegato antibelicista, se la considera una crítica a la polémica y pro-belicista Tropas del espacio, una de las obras maestras del maestro Heinlein (cuántos detractores de Heinlein le deben a éste sus mejores momentos dentro del género de la ciencia ficción, incluidos muchos escritores). La guerra interminable nos cuenta las peripecias de los soldados que luchan en la guerra contra una raza alienígena, los enigmáticos Tauran; el enfrentamiento bélico no es más que el pretexto para hacer una exploración de la condición humana y  de la innata capacidad del hombre para inhibirse de los horrores que es capaz de crear; asimismo, Haldeman aprovecha para cargar contra la burocrácia que crea el propio mecanismo de la guerra y que es un factor tan peligroso para el soldado como el mismo enemigo.

Haldeman añade a la narración elementos hard de gran interés, algo que forma parte de su sello personal e intrasfarible con los que se ayuda para planificar hasta el más mínimo detalle las paradojas temporales que surgen en la novela, sin duda de lo mejor de la misma, por el acertado tratamiento que hace de los efectos psicológicos que sufren los soldados debido a la dilatación temporal propia de  los viajes espaciales a grandes velocidades. Dichos viajes son posibles gracias al descubrimiento del salto colapsar, un avance tecnológico que permite recorrer enormes distancias en el espacio, pero los efectos de la singularidad espacio-tiempo consigue que todos los que utilicen este sistema para viajar descubran a su regreso que lo que para ellos han sido unos pocos meses, en la Tierra han sido años.

La novela en sí, no se parece en nada a los tochos que se publican hoy día. Construida de una manera compacta, sin alardes de estilo ni florituras, resulta tremendamente sólida y fascinante, sin añadidos superfluos que tan sólo tienen la misión de añadir páginas vacias de contenidos para inflar el precio final del libro. El protagonista de La guerra interminable, un joven estudiante que responde al nombre de Willian Mandela, es reclutado para formar parte de un grupo de fuerzas de élite del ejército que deben cumplir con los requisitos de tener un coeficiente de inteligencia por encima de 150 y una impecable condición física. El grupo de élite al que pertenece el joven Mandela es sometido a un duro entrenamiento antes de ser enviado a luchar contra el enemigo.

La guerra contra los misteriosos Taurinos provoca que los soldados que participen en ella pierdan todo aquello que dejan cuando parten hacía el frente y no sepan que se encontraran a la vuelta; de esta forma asistimos a los enormes cambios que se producen en la civilización, cambios que elimina la posibilidad de reinsertase en la vida civil a los veteranos de guerra, viéndose obligados a alistarse de nuevo en el ejército. Esta circustancia invita a pensar en las bases autobiográficas que subyacen en la obra, no olvidemos que Haldeman combatió y fue herido de gravedad en Vietnam, y que tras la escusa de un space opera, el autor presenta en forma de metáfora causada por los viajes espaciales, los efectos de desamparo y rechazo que padecieron los soldados norteamericanos a su regreso a los Estados Unidos, poniendo de manifiesto lo inutil de la guerra.

El final de la novela es un tanto moralista y a la vez dulce por el final feliz que les proporciona a los protagonistas. Al regresar de su última misión, los supervivientes de la contienda descubren que la paz con los Taurinos se ha conseguido gracias a renunciar a la individualidad, tanto física como mental, todos los seres son uno solo; han adoptado el modelo de civilización Taurino para poder entenderse con ellos (el individualismo es uno de los caballos de batalla de Heinlein, una idea que promueve en cada uno de sus escritos y que en La guerra interminble es rebatido por Haldeman). Una aceptación de que el estado de guerra es inherente al ser humano y de que para evolucionar deben abandonar la condición humana.

Como curiosidad comentaré que tuve la oportunidad de conocer a Haldeman y a su mujer, que por cierto habla un perfecto castellano, en el Kosmopolis 2004 de Barcelona. Junto a otros Cyberdarkianos, hoy sedicianos, fui espectador de la conferencia que ofreció sobre la guerra, como no, una charla interesantísima donde cargó con dureza contra la política militarista de Estados Unidos y, en algunos momentos, sobre las tesis militaristas e individualistas de Heinlein. Que Haldeman sea veterano de guerra se nota en la profundidad de algunos de los personajes de la novela en los que seguramente se ve reflejado. En resumen, una estupenda novela que es muy recomendable releer de tantao en tanto para que no caiga en el olvido  y sirva de referencia para comparar algunos de los escritos de los nuevos adalides de la ciencia ficción.
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