Mostrando entradas con la etiqueta La era de Campbell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La era de Campbell. Mostrar todas las entradas

miércoles, agosto 31, 2011

STANLEY G. WEINBAUM - Odisea en Marte

Con el paso del tiempo, Stanley G. Weinbaum fue considerado por muchos de los más afamados escritores de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción como el primero de los grandes escritores de la ciencia ficción pulp en los Estados Unidos. Su prematura muerte acaecida en 1935, tan sólo 18 meses después de la publicación de su primer relato, hizo imposible ampliar su legado bibliográfico que apuntaba a convertirse en el camino a seguir por los pioneros del género. Su breve producción, apenas una veintena de cuentos, fue suficiente para que tanto escritores como aficionados reconocieran su talento y alabasen el tratamiento revolucionario con el que presentaba a los exóticos seres alienígenas que brotaban de su imaginación; sin ir más lejos, fue descrito por Isaac Asimov, admirador incondicional de su obra, como el primer  escritor de ciencia ficción moderno al considerarlo un escritor “campbelliano” antes de que el propio John W. Campbell iniciara su trabajo editorial al frente de Astounding. Su relato más conocido, que además fue el primero que escribió, fue Odisea en Marte (1934), publicado en la revista Wonder Stories, una de los principales referentes de la literatura pulp de la época, al igual que su director Hugo Gernsback.

Pese a que Weinbaum no se limita a caer en los manidos tópicos del género escribiendo historias en las que el hilo argumental gira en torno a una sucesión de aventuras, poco originales en la mayoría de ocasiones, en las que el héroe de turno se tiene que enfrentar a viscosos seres malignos venidos de más allá de las estrellas con la única intención de invadir la Tierra o comerse a todo humano que se cruce en su camino, no podemos olvidar que los relatos de Weinbaum son hijos de su tiempo, por lo que no podía escapar por completo a ese tipo de guiones ya prefijado de antemano en la mente de los aficionados al género; sin embargo, las concesiones que hace el autor a los lectores,no dejan de lado el  "rigor científico" (para su época y conocimientos) con el que trata de buscar una solución a problemas de física o matemáticas que se plantean en la narración, con lo que su obra se acerca a lo que sería más adelante la Edad de Oro de la ciencia ficción, momento en el que se abandonan las “historias de marcianos” para tomar partido por la especulación científica como elemento clave para desarrollar los argumentos. Pero lo realmente innovador de sus cuentos no es el escenario ni la incipiente especulación científica que se comienza a vislumbrar, sino los personajes, especialmente los alienígenas, a los que dignifica colocándolos en una posición incomprensible para el hombre, alejándolos de la dicotomía buenos-malos con la que acostumbramos a juzgar sus intenciones teniendo como referencia la "naturaleza humana". Las criaturas creadas por Weinbaum resultan totalmente herméticas en sus intenciones y acciones al pertenecer a formas de vida alejadas en todo momento a los parámetros antropocéntricos en los que medimos la vida inteligente. En Odisea en Marte podemos asistir a la aparición de plantas inteligentes, enormes aves con aspecto de avestruz o seres de silicio que pueden vivir miles de años sin que la mente humana sea capaz de comprender la finalidad de su  extraño ciclo vital, lo que de otorga un plus de originalidad al relato.

El argumento de Odisea en Marte no se aleja mucho de la referencia homérica que encierra el título. En esta ocasión el moderno Ulises es Dick Jarvis, astronauta que pertenece a una expedición que tiene como objetivo investigar el planeta rojo; Jarvis sufre un accidente cuando se dedicaba a fotografiar el paisaje ayudado de un cohete portátil, quedando en esos momentos separado del resto de sus compañeros, por lo que se ve en la obligación de recorrer a pie la distancia que lo separa de sus compañeros de expedición. Durante su periplo marciano Jarvis encuentra a un extraño pájaro inteligente que está a punto de ser devorado por una planta que lo ataca con sus tentáculos, éste ser tentacular atrae a sus víctimas entrando en su mente, una versión marciana de las sirenas que atraen a los marineros hacia su perdición en la obra de Homero. El peculiar ser con forma de avestruz salvado por Jarvis responde al nombre de Tweel y acaba por convertirse en el guía y compañero de viaje del terrestre. El relato prosigue encadenando episodios en los que tienen que hacer frente a la aparición de extrañas formas de vida y los misterios que se les plantean, como una extraña e inacabable línea de pequeñas pirámides de silicio de varios miles de años de antigüedad, todas ellas abiertas por la parte superior o el descubrimiento de una ciudad en la orilla de un canal marciano por la que pululan unas extrañas criaturas con forma de barril.

Odisea en Marte es una muestra más de la buena ciencia ficción que se hacía en la época de los pulp. Una joya que debe conocer todo buen aficionado.

domingo, enero 30, 2011

TOM GODWIN - Las frías ecuaciones

El nombre de Tom Godwin no resultará conocido para muchos de los aficionados a la  ciencia ficción en nuestro país; sin embargo, y a pesar de la escasez de su producción literaria, 3 novelas y poco más de 30 relatos, tiene el honor de haber contribuido al género con una de las mejores y, en su tiempo, más polémicas narraciones que uno pueda recordar.

En efecto, Las frías ecuaciones, publicada originalmente en la restiva Astounding en agosto de 1954, no dejó a nadie indiferente. Pese a lo dicho en cuanto a las virtudes de este cuento, Godwin no destacó nunca por su calidad literia, tampoco por su imaginación ni por nada que distinga su obra como algo escepcional, ni tan siquiera aceptable. De ahí que tan sólo se hayan traducido al castellano dos de sus creaciones: Las frías ecuaciones, incluida en varias recopilaciones de poco peso además de en Nueva Dimensión nº 87 y en el número 9 de la revista Gigamesh,  y la novela Prisión espacial,  cuyo nombre original es The Survivors, es la ampliación de Too Soon to Die, un relato que Godwin escribió en 1957, fue editada en nuesto país por Cénit en 1961. La novela no tiene mucho que comentar, se trata de una típica narración de aventuras con todo el imaginario que se solía incluir en este tipo de historias para adolescentes. Lo mejor que se puede decir de ella es que se lee con facilidad y, en momentos puntuales, resulta hasta entretenida.


Volviendo a Las frías ecuaciones,  el argumento en sí es tremendamente sencillo: una pequeña nave del Servicio de Emergencias debe llevar un antídoto a una lejana colonia planetaria con el fin de salvar a un grupo de colonos atacados por un virus mortal. Cada segundo cuenta si se quiere salvar a los afectados; por esta razón se debe utilizar un tipo de  nave con unas caracterísitcas muy concretas para viajar más rápido, así pues, tan sólo puede llevar un tripulante, la carga, en este caso el antídoto y la cantidad justa de combustible para llegar al destino. Pero mira por donde, la impaciencia de Marilyn, una joven adolescente, por ver a su hermano, uno de los colonos afectados, hace que se cuele en la pequeña nave como polizón. El piloto la descubre y debe aplicar lo que marca el protocolo en estos casos: lanzar al polizón al espacio. Si no lo hace, el peso extra de la joven hará que se consuma más combustible de la cuenta y ambos moriran al no poder llegar hasta la colonia afectada, a lo que se deberá añadir la muerte de los colonos enfermos al no recibir el tratamiento. A partir de aquí el piloto y sus superiores se tendrán que enfrentar con el hecho de que no hay otra solución que no sea la muerte de la joven.  El  final, gracias a la intervención de Campbell que abortó de manera sistemática todo tipo de argucia que intentó Godwin para salvar a la joven polizón, es el más lógico: la muchacha debe aceptar su muerte y saltar al vacío para procurar la salvación de los colonos y la del propio piloto.
Portada Astouding de agosto 1954
Para apreciar en su totalidad la importancia de este relato debemos situarnos en el momento temporal en el que fue escrito: en plena Edad de Oro de la ciencia ficción. Un momento en el que la mayoría de escritos estaban enfocados a la acción misma, es decir, a los acontecimientos y a su resolución, no a como estos afectaban psicológicamente a los personajes; de esta manera entenderemos con más claridad lo innovador que resulto en su momento el planteamiento y, por supuesto, el final, situado en las antípodas del casi obligatorio final feliz. Tengamos en cuenta que en los relatos que planteaban una situación como la que se origina en la pequeña nave de emergencia, la historia giraba en torno a la manera, más o menos ingeniosa, en la que la chica lograría salvarse, burlando de este modo el trágico desenlace que le deparaba el destino, pero aquí nada de esto sucede, la sapiencia y la visión editorial de Campbell centra la situación en el problema emocional que se les presenta a los personajes, dejando de lado el planteamiento técnico de la solución que evite el sacrificio de la joven.

Las frías ecuaciones es el más claro ejemplo de como una idea acertada se puede sobreponer a la nula capacidad de un escritor, en este caso Godwin, y convertir un texto que debido al acartonamiento de los personajes, el estilo ramplón, el planteamiento artificial y lo sensiblero del desenlace no debería haber trascendido en la mente del lector más allá de los 20 minutos que se tarda en leer. Sin detenerse en todos estos inconvenientes, las reacciones a la historia fueron tales que se convirtió en un clásico. Este estatus lo adquirió gracias a descolocar al lector con un final inesperado por lo trágico, dada la ausencia de un deus ex machina que revertiera la lógica del desenlace. De esta manera, un pequeño cuento de ciencia ficción quedó emparentado en su trasfondo con un género como la tragedia griega, en la que todos los personajes son víctimas del destino y, de una manera u otra, reciben al final su castigo. Marilyn, la joven polizon, tiene mucho en común con la Antígona de Sófocles, la cual también se enfrenta a dos nociones del deber: por una parte el familiar hacia su hermano, que la obliga a sepultarlo pese a la amenaza de muerte que pesa sobre quien lo haga y, por otra parte, la obligación civil y social que la obliga al cumplimiento de las leyes del Estado, con lo que debe aceptar su muerte al desobedecerlas. Marilyn, al igual que Antigona está imbuida de ese amor fraternal que la hace subir de manera impulsiva a la pequeña nave de salvamento con el fin de acortar el tiempo de espera para encontrarse con su hermano, sellando ,de este modo, su trágico final obligada por su otro deber para con la sociedad que representan los colonos enfermos. Su conciencia la hace aceptar su final sin titubeos, sabedora de que, al igual que Antígona, había sellado su final al sobrepasar las normas fijadas por el "poder". Son las leyes de la civilización y lo que aconseja la pura matemática, las frías ecuaciones.

Buena parte de la polemica que en un principio sustitó ésta narración viene dada por las acusaciones de plagio que lanzaron contra Godwin, ya que con anterioridad se habían publicado al menos dos historias muy parecidas a la que él cuenta. Por una parte existía un cuento similar titulado Una decisión de peso, escrita por Al Feldstein, aparecida en 1952 en Weird Science, que también exploraba la cuestión de la eliminación física de una mujer polizon para que el resto se salve; la segunda, escrita por C. E. Tubb en 1949, un año antes de dedicarse profesionalmente a la escritura, fue la primera en plasmar la situación de eliminar un tripulante para que los demás se salvaran.

Un relato de obligada lectura para todos los buenos aficionados. Fácil de encontrar en la red y rápido de leer. No os defraudará.

domingo, enero 23, 2011

MURRAY LEINSTER - Ataque desde la cuarta dimensión

El norteamericano Murray Leinster, pseudónimo del escritor William F. Jenkins fue uno de los máximos representantes de la literatura pulp de principios y mediados del siglo XX. Su nombre se asocia de manera indefectible  al grupo de escritores comandados por Campbell, que conformaron el núcleo de la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción, y a la revista Astounding, la más paradigmática de las publicaciones dedicadas a este tipo de relatos, aunque la trayectoria de Leinster como escritor comenzó mucho antes de que apareciera esta revista. El para muchos decano de la ciencia ficción, publicó su primer relato, The Runaway Skyscraper en 1919, siendo éste el punto de partida de una de las carreras más prolíficas en cuanto a la cantidad de relatos escritos, más de 1500, y un buen número de novelas, la mayoría dedicadas a la ciencia ficción, aunque también cultivó otros temas asociados a las publicaciones para adolescentes como el wester, el terror o el misterio. Entre los premios recibidos a lo largo de su dilatada trayectoria destacan el Hugo a la mejor novela corta por Exploration Team, editado en España por Vértice en la recopilación Explorador de planetas (1963), en el número 3 de la colección Galaxia, pudiéndose encontrar también en el número 36 de  la desaparecida revista Nueva Dimensión; asi mismo, recibió un retro Hugo en 1996 por la novela corta First Contact; ésta última se puede encontrar publicada en castellano en la editoral Caralt en la recopilación El planeta solitario (1980) o en el número 78 de la revista Nueva Dimensión.

A pesar de su amplia trayectoria y su buen hacer, Murray Leinster es hoy día un autor totalmente olvidado por editores y lectores. En nuestro país tan sólo los más veteranos aficionados a la ciencia ficción, forjados en la lectura de viejas colecciones como Nebulae, Cénit y Galaxia, entre otras, recuerdan sus obras. Leinster no fue un escritor virtuoso en cuanto al uso de las palabras o a la innovación en las formas literarias, pero sus historias siempre resultaban amenas y entretenidas gracias a la agilidad y dinamismo que sabía insuflarle a las tramas, a pesar de que éstas aparecen lastradas por lo que demandaban los lectores de las publicaciones pulp: aventuras sin tramas complicadas en exceso, sentido de la maravilla, paisajes oníricos alternados con otros dantescos y personajes sin demasiado fondo que sirvieran como héroes prototípicos para que el lector se sintiera identificados con ellos. A pesar del poco margen de maniobra que dejaban las apetencias de los lectores, Leinster aportó un buen número de ideas originales que abrieron nuevas puertas en el género de la ciencia ficción; por ejemplo fue el primero en ideal un intrumento comparable a lo que hoy día llamamos PC, y a una red de información similar a nuestro internet, tal y como aparece en Un lógico llamado Joe (1946), uno de sus relatos más famosos; otra de sus grandes aportaciones fue la de los universos paralelos, una idea que exploró en 1934 en el relato Sidewise in Time y que sería el eje sobre el que giraría la novela que hoy nos ocupa: The other side of here (1936), título adaptado aquí por la colección Nebulae en 1956 como Ataque desde la cuarta dimensión. La lectura de esta novela, sobre todo comparándola con Operación Terror (1962), de la que en breve escribiré una reseña, nos sirve para descubrir un buen número de características esenciales de la obra de Leinster. Pese a que la mayor parte de sus novelas pertenecen al space opera y trascurren en un futuro lejano, las dos que nos sirven de guía "ideológica y formal", por llamarlo de alguna manera, tienen como referencia temporal el presente y giran entorno a otro de los grandes paradigmas de la ciencia ficción: la invasión del planeta por parte de "extraterrestres".

En Ataque desde la cuarta dimensión, vio la por primera vez en el número de agosto de 1936 de la revista Astounding. El argumento es sencillo y transparente con la intención de ayudar a que el  lector se meta en la novela desde la primera página; la facilidad y la rapidez con las que Leinster presenta los personajes y la trama, apenas un capítulo, dan sobrada muestra de las tablas como escritor que ha ido adquiriendo con los años. En tan breve espacio de tiempo es capaz de ponernos al corriente sobre una misteriosa serie de muertes y despariciones de afamados hombres de ciencia que se van sucediendo por todo el mundo. La hija de uno de los científicos desaparecidos y el prometido de ésta serán los encargados de descifrar todos los enigmas que se les irán presentando y, como resultado y premio por todo este esfuerzo, salvar al planeta. Aparecen aquí algunas de las "señas de identidad" de Leinster: el protagonismo suele recaer en una joven pareja, con más peso en la acción para el hombre, eso sí, perteneciendo estos héroes a lo que podríamos llamar "gente corriente", nada de superhombres entrenados para acometer las mayores hazañas, sino buenos ciudadanos que al verse sometidos a una situación de peligro reaccionan de manera ejemplar. La descripción que hace del entorno es también esclarecedora en cuanto a los sentimientos nacionalistas de Murray y de su miedo por que la paz y estabilidad alcanzada por su país se vea alterada por una amenaza exterior: tanto en esta novela, en la que hace una descripción idílica de la pequeña población en la que viven los protagonistas, como en Operación Terror, cuyo escenario principal son los bucólicos bosques estadounidenses. En ambos relatos el autor deja entrever un temor, casi paranoico, a perder el estado de paz social que han reconquistados sus paisano tras vencer  las duras vicisitudes económicas heredadas de la caída de la bolsa en el 29, como es el caso de esta narración, o la sensación de estar en el punto de mira de la amenaza "roja" que se desató en los EEUU al finalizar la II Guerra Mundial, como se apunta en Operación Terror. Ese enemigo invisible con el que ha convivido la sociedad norteamericana durante buena parte del siglo XX, en forma de fascismo o comunismo, toma cuerpo en Ataque desde la cuarta dimensión de  manera repentina en forma de plaga bíblica: en distintas zonas del país los seres vivos comienzan a quedar petrificados, convertidos en estatuas de sal. Pero la realidad de lo que sucede está bastante alejada de manifestaciones de tipo sobrenatural, no es más que el resultado de una violenta invasión por parte de seres humanos, idénticos a nosostros, provenientes de una dimensión paralela, los cuales han hecho prisionero al científico terrestre que ha ideado la manera de crear puertas que conecten entre sí nuestra dimensión y la de los belicosos atacantes. La finalidad finalidad de los "invasores" no es muy compleja, puesto que su única aspiración es la de saquear todo lo que puedan y llevarse a las mujeres jóvenes para que les sirvan de esclavas sexuales, junto a los mejores científicos del planeta para que trabajen para ellos y les ayuden a dar un salto tecnológico que los saque del estancamiento industrial en el que están inmersos. En el conflicto que se genera la prensa nacional es presentada por Leinster como un aparato de propaganda al servicio del estado y de los gobernantes, al querer tapar la realidad de lo que ocurre y ocultar su incopetencia, culpando de los sucedido a un extraño virus que convierte los tejidos de los seres vivos en piedra; de igual manera, en Operación Terror, el gobierno y los medios de comunicación controlados por el aparato del estado también ocultan la realidad de lo que está ocurriendo, siendo en los dos casos la actuación individual de los personajes protagonistas las que anulan la amenaza y "salvan" a la humanidad, un guón que, por lo próximo a sus ideales, podría haber escrito el mismo Heinlein.
 
La manera en que Leinster presenta a los invasores en Ataque desde la cuarta dimensión, como unos pobres campesinos subyugados por las élites aristocráticas que los tiene sometidos, tiene un cierto parecido con la visión que muchos políticos e intelectules americanos tenían de la Europa del momento, 1936. Un contiente que se debatía entre el ascenso del fascismo y el peligro bochevique; por lo tanto, no es descabellado pensar, que los "invasores" que dibuja Leinster en sus obras, amenazando la paz y estabilidad del prospero pueblo americano, son el reflejo de la desconfianza que, de manera continuada, ha sentido la sociedad americana por todo lo que pueda llegar de fuera, sobre todo de Europa. Como último elemento representativo de las novelas de Murray Leinster, se debe citar su ironía y sentido del humor, sobre todo aplicado a algunos conceptos científicos de los que hace autentica mofa; por ejemplo, las armas con las que consigue derrotar al enemigo en ambas novelas con pequeños ingenios construidos con una batería de coche, una antena de radio y unos alambres; con unos elementos tan simples consigue resultados mágicos, como destruir blindados a distancia: un cachondo mental.

Pese a que Asalto desde la cuarta dimensión no es ni mucho menos la mejor obra de Leinster, tampoco la peor, si que es, a mi entender, la que mejor deja ver la manera de entender la literatura pulp por parte de uno de sus grandes maestros. Difícilmente una editorial apostará en un futuro próximo, ni lejano, por recuperar las obras de este genio olvidado. Aunque gracias a los nuevos e-readers, y a la facilidad que ofrece internet (ese lógico llamado Joe, que diría Leinster) para conseguir un buen número de obras de Leinster, seguro que muchos se animarán a conocerlo más de cerca. La experiencia vale la pena.

jueves, enero 06, 2011

JOHN W. CAMPBELL JR. - ¿Quién hay ahí? (El enigma de otro mundo & La cosa)

Campbell comenzó su carrera como escritor de ciencia ficción en 1930 con la publicación en la revista Amazing Stories del relato When the Atoms Failed. Su obras primerizas eran basicamente narraciones de aventuras espaciales, pero pronto comenzó a añadir a sus escritos elementos poco convencionales dentro del mundillo pulp, procurando dotar a los argumentos de un mayor rigor científico y a los personajes de un mayor carisma y profundidad. En esta primera etapa de su vida profesional destacó como un escritor prolífico, con un buen número de seguidores de las historias que escribía, tanto con su nombre como con algún pseudónimo, aunque si tuvieramos que elegir una de entre todas ellas seguramente nos decantariamos por ¿Quién hay ahí? (1938), elegida en 1973 por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos como una de las mejores de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia.

John W. Campbell, pese a sus buenas maneras a la hora de escribir, es recordado sobre todo por su labor como editor en la revista Astounding Science Ficction. Una labor que llevó a cabo con notable éxito, dignificando lo que hasta la fecha no era más que un subproducto literario que tan solo buscaba entretener a los adolescentes con historias ligeras que en su mayoría se fundamentaban en los tópicos de las novelas policíacas y del oeste, a las que se dotaba de un escenario futurista plagado de monstruos del espacio exterior, invasiones alienígenas y malvados científicos locos.

Con Campbell llegó una nueva era a la ciencia ficción, una revolución que dignificó el género gracias a la incorporación de nuevos temas al imaginario fantástico y, sobre todo, de unos autores jóvenes y entusiastas entre los que se pueden contar a Asimov, Heinlein, Van Vogt, Lester del Rey y Sturgeon entre otros que añadían nuevos temas al imaginario fantástico, todo ello bajo la batuta de un Campbell que exigía rigor científico y calidad literaria en todo aquello que publicaba; estas premisas y su buen hacer en la revista Astounding fueron el eje sobre el que giro la ciencia ficción de esa época a la que se llegó a llamar la Edad de Oro y que supuso un sustancial salto de calidad que posibilito la salida del ghetto que había sido hasta entonces la ciencia ficción.

Pero su actividad como editor no hizo que dejara de lado su pasión por la escritura; fruto de ello es el relato que nos ocupa, Who goes there?, que en nuestro país fue traducido como ¿Quién hay ahí? Esta novela corta, seguramente la más conocida y trascendente de su producción,  escrita por Campbell con el pseudónimo de Don A. Stuart, aparece por primera vez en el número de agosto de 1938 de la revista Astounding Science Fiction, curiosamente el mismo año que comenzó a dirigir la revista.

El argumento del relato narra las peripecias de una expedición científica destinada en lo más recóndito de la Antártida como consecuencia del descubrimiento que en dicho lugar hacen de una nave extraterrestre sepultada bajo los hielos desde hace milenios. En el interior de la nave encuentran un extraño ser de origen alienígena en estado de hibernación que es posteriormente descongelado por los expedicionarios.  El extraterrestre posee la capacidad de adoptar la forma, los recuerdos y la personalidad de cualquier ser vivo, incluidos los seres humanos, a los que va eliminado  y suplantando para poder moverse con total impunidad por la base al adoptar la forma física de sus víctimas sin que el resto de expedicionarios lo detecten. De esta manera, lo que parecía una novela de ciencia ficción se va convirtiendo de manera paulatina en un relato de terror en el que el motor de la acción es la identificación y caza del extraterrestre. La desconfianza entre los expedicionarios va en aumento llegando a producirse enfrentamientos entre ellos debido a la psicosis que se ha desatado en la base con la irrupción del misterioso y mortal extraterrestre. En la parte final de la novela los supervivientes conciben una prueba que se deben realizar con una muestra de su sangre para verificar quién es el visitante de otros mundos y destruirlo antes de que consiga escapar. 

El relato ha sido llevado al cine dos veces: la primera en 1951 con el título The thing from another world que se estreno en los cines españoles con el título de El enigma de otro mundo, dirigida por Chistian Nyby y producida por Howard Hawks, quién también se encargo de escribir el guión en el cual hizo una libre interpretación de la obra de Campbell. El guión de Hawks cuenta la historia de unos científicos destinados en una base polar que descubren una extraña nave espacial alienígena enterrada en el hielo, dentro de la misma encuentran un extraño ser de apariencia humana, a pesar de que su composición celular es más parecida a los vegetales; el alienígena necesita nutrirse de sangre humana para sobrevivir, con lo que el resultado final hace de la película un híbrido de géneros entre la ciencia ficción y el terror. El guión refleja la visión de desconfianza que se había extendido en la sociedad americana tras el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki y el consiguiente miedo a los adelantos científicos que ponían en peligro la vida en el planeta. Un planteamiento alejado de la idea original de Campbell, más en la línea del perenne planteamiento conservador de buena parte de la sociedad norteamericana que desconfía sistemáticamente de todo lo que viene de fuera de sus fronteras.

En 1982, el afamado director John Carperten realizó un remake de la misma, mucho más fiel a la obra original de Campbell, que llevó por título The thing y que llegó a nuestras pantallas como La cosa. El guión fue escrito por Bill Lancaster y la película protagonizada por Kurt Russell. El argumento no se aleja de la propuesta original del relato y presenta en el mismo una forma de vida parasitaria de origen extraterrestre capaz de imitar la forma de los seres humanos y de otras forma de vida desconocidas (inolvidable el arácnido con cabeza humana). El alienígena es devuelto a la vida por los científicos de una apartada estación polar a los que irá eliminando uno tras otro mientras se produce un estado de psicosis y terror entre los supervivientes. En el momento de su estreno paso casi desapercibida, sin duda eclipsada por E.T., la película de Spielberg que presentaba a los extraterrestes como personajes más positivos y amigables que en la película de Carpenter. A pesar de este contratiempo inicial, el tiempo ha convertido La cosa  y a su director en un referente  del cine de terror.

Para finales de 2011 se espera el estreno de una nueva versión de este clásico dirigida por Matthijs van Heijningen, escrito por Eric Heisserer y protagonizada por Mary Elizabeth Winstead y Joel Edgerton en los papeles principales.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...