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miércoles, octubre 24, 2012

H. P. LOVECRAFT - En la noche de los tiempos/En el abismo del Tiempo


En la noche de los tiempos (1934), también editada en castellano con el título de La sombra fuera del tiempo (The Shadow out of Time) o En el abismo del Tiempo, es uno de los ocho “grandes textos” de los Mitos, según la división que de ellos hizo Michel Houllebeq en su célebre ensayo H. P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida. En sus poco más de 100 páginas (dependiendo de la edición) conjuga una serie de temas que incluyen elementos fantásticos próximos a la ciencia ficción con otros propios del género de terror, como pueden ser las posesiones “diabólicas”. Lovecraft inicia la narración en primera persona, fiel a su estilo, es decir, dirigiéndose al lector por medio del protagonista para ponerlo sobre aviso, alertándolo sobre un gran peligro que se cierne sobre la humanidad. Se trata de un topos que Lovecraft ha estandarizado en la mayoría de sus creaciones, un lugar común que se configura en las primeras líneas mediante las descripciones de un estado interno alterado, próximo a la locura, la desbordante presencia de adjetivos y la inclusión de manera brillante de una amenaza procedente de lo incomprensible para el hombre que acabará por afectarnos a todos de manera inevitable. Como muestras de este patrón literario en el que se movía con soltura el escritor de Providence, tenemos Dagón (1926) o En las montañas de la locura (1931), entre otros muchos ejemplos.

En este caso el personaje principal de la narración es Nathaniel Wingate Peaslee, profesor de la Universidad de Miskatonic, que padece en sus carnes la “invasión” en su ser de extraña y desconocida naturaleza que lo domina y anula durante cinco años. De repente, un buen día Nathaniel vuelve a recobrar el dominio de su cuerpo, aunque afectado de un proceso de amnesia que le impide recordar todo aquello que ha hecho durante todo ese tiempo, incluyendo numerosos viajes a los lugares más recónditos del mundo y el estudio de arcanos libros prohibidos.

Nathaniel recupera poco a poco su personalidad, dedicándose a tratar de demostrar mediante las tesis de Einstein como la relatividad del tiempo puede ser la culpable del extraño episodio que ha trastocado su existencia por espacio de cinco años, debemos de tener en cuenta que la realidad y la manera de percibirla, tal y como era conocida hasta ese momento cambiaba de manera imparable gracias a diversas teorías sobre el lugar del hombre en el mundo, se trata de teorías basadas en conocimientos científicos, como la teoría de la relatividad del citado Einstein, que modificaba la percepción humana del mundo al dejar de ser magnitudes absolutas el tiempo y el espacio, mostrándose todo este paradigma científico como un elemento perturbador para los intelectuales (Lovecraft se consideraba como tal) al considerar el mundo que conocían hasta ahora como algo falso, con lo que se producirá un cambio en el arte y la literatura naturalista y realista, provocando en el arte y la literatura un proceso de incertidumbre epistemológico al no tener certeza sobre la objetividad del mundo. Los escritores como Lovecraft abrazarán los preceptos del Simbolismo en sus escritos para mostrar una representación metafísica de la espiritualidad, la imaginación y los sueños mediante la utilización de un lenguaje literario que sirva al lector como instrumento cognoscitivo, es decir, como un vehículo de trasmisión del conocimiento necesario para interpretar el mundo. Lovecraft utiliza la experiencia y las secuelas sufridas por el profesor Wingate, tanto a nivel personal, es abandonado por su esposa, como emocional, comienza a tener sueños en los que descubre que durante los últimos cinco años  una extraña entidad ocupaba su cuerpo, para mostrar una serie de mundos ocultos que están más allá del tiempo y del espacio que hasta ese momento había delimitado la ciencia, unos parámetros físicos que se habían ampliado enormemente con las últimas teorías relativistas. La narración avanza apoyándose en esas teorías y, sobre todo, en lo sugestivo y atrayente del relato que nos hace partícipes de cómo el profesor Wingate, en el mismo espacio de tiempo en el que su cuerpo fue "ocupado" su mente fue trasladada al cuerpo del desconocido usurpador. 

A partir de aquí, conoceremos un lejano pasado en la Tierra, en concreto en la era Mesozoica, un momento en el que el mundo está habitado por una poderosa raza muy avanzada tecnológicamente, capaz de viajar en el tiempo a condición de intercambiar el cuerpo con un ser del momento y el lugar que quieran visitar. Durante este momento de la narración aparece lo mejor de Lovecraft, describiendo de manera precisa la majestuosa ciudad en la que se mueve el cuerpo ocupado por el profesor Wingate, los admirables jardines, la extraña flora y fauna del lugar, llegando al clímax adjetival en el momento en que hace partícipe al lector de la delirante fisonomía del ser que ocupa: “un enorme cono rugoso de unos cuatro metros de altura, con la cabeza y los demás órganos situados en el extremo de unos tentáculos retráctiles que nacen del extremo superior del cono”; con el tiempo descubre que el cuerpo que ocupa pertenece a un miembro de la raza de Yith, seres muy avanzados tanto en lo técnico como en su organización social, que Lovecraft explica como algo a medio camino entre un socialismo igualitario y la República de los sabios de Platón, ya que para ostentar un cargo público el aspirante debe pasar una serie de pruebas para constatar su capacidad y que el poder no recaiga en alguien no preparado (el clasismo de Lovecraft tiende a aflorar en cualquier momento de la narración).

Wingate, haciendo uso de las facultades que tenían los Yith para viajar por el tiempo, descubre que estos habían llegado a la Tierra hace 600 millones de años, encontrando en nuestro planeta a una raza de perversos seres procedentes de lo más recóndito del espacio con una estructura física en forma de pólipos que vivían en prodigiosas ciudades dedicados a devorar a todos los seres que encontraban; en realidad, los seres que describe Wingate son los Primigenios de En las montañas de la locura (1931), personajes centrales del panteón de oscuras deidades que terminaron por constituir la cosmogonía de los Mitos. El relato de Wingate señala la parte de los Mitos en la que los Yith encierran a los Primigenios en profundas cavernas bajo el mar, aunque esto no sirvió para anularlos, volviéndose estos más poderosos con el paso del tiempo, volviendo a surgir de las profundidades cuando los Yith se fueron de la Tierra, momento en el que los Primigenios se rebelaron contra sus creadores, los Dioses Arquetípicos. Una breve pincelada más que se debe añadir al resto de los relatos de los Mitos para poder entrever parte del cuadro que fue tejiendo Lovecraft en sus obras. Siguiendo con el relato, en el que el profesor Wingate nos hace partícipes de sus recuerdos, llegamos al final del mismo en el momento en el que es avisado del descubrimiento en el gran desierto australiano de una antiquísima cultura subterránea. Desplazado hasta la zona, comienza las excavaciones que le conducen a estrechas galerías subterráneas y oscuras salas repletas de extrañas inscripciones, sin duda se trata de la ciudad de los Yith que “visitó” con anterioridad. Pero cuando Wingate se aprestaba a recopilar las pruebas necesarias para demostrar que todo lo que había explicado con anterioridad era cierto, un horror innombrable y antiguo surge de las profundidades arrastrándolos hacia la oscuridad.

Como hemos podido comprobar gracias a En la noche de los tiempos, el propio Tiempo es uno de los elementos centrales de los Mitos. Su inalcanzable comprensión debida a la efímera existencia del ser humano en el complejo entramado del universo que han diseñado seres con poderes que los convierten en dioses ante los ojos de los hombres, requiere por parte de Lovecraft un sobreesfuerzo a la hora de construir un relato que no peque en cuanto a una cierta desproporción en las escalas que se manejan, moviéndose entre lo puntual y lo infinito; por ejemplo, éste mismo relato muestra a entidades separadas de nosotros por cientos de millones de años, mientras que el protagonista, el profesor Wingate, detalla con total exactitud el día y la fecha del momento en que fue “intercambiado”: “el jueves 14 de mayo de 1908, a eso de las diez y veinte de la mañana”, del mismo modo que especifica el momento en que se reintegra la mente de Wingate con su cuerpo: “el 27 de septiembre de 1913, a las once y cuarto de la mañana”. Esta oposición de términos temporales como 300 millones de años y de las once y cuarto de la mañana deberían poner de manifiesto la incomprensión humana para situarse en planos tan alejados el uno del otro, pero es aquí donde entra en juego el relativismo científico al que nos hemos referido anteriormente, capaz de modificar la percepción humana del mundo al dejar de ser magnitudes absolutas el tiempo y el espacio. 

En el mundo de Lovecraft, el Tiempo mide el limitado campo de nuestras percepciones, incapaces de percibir entidades que se muevan más allá de unos insignificantes principios de la física más rudimentaria, unas inteligencias que van más allá de nuestros limitados conceptos de vida y existencia, sometidos al juicio implacable de unos torpes y confundibles sentidos, con lo que escapan a nuestra comprensión y, lo que es más triste, a nuestra sobrevalorada inteligencia.

viernes, octubre 19, 2012

H. P. LOVECRAFT - Dagón

Según Rafael Llopis -una de las máximas autoridades en lo que concierne a la obra de H. P. Lovecraft, a cuya labor de ensayista, traductor y recopilador debemos la publicación de la antología Los Mitos de Cthulhu (1969)-, Dagón (1926), un breve cuento, de apenas una decena de páginas, marca un antes y un después en la producción literaria de H. P. Lovecraft, tanto en lo temático como en lo estilístico. A partir de la publicación de este relato, al que le corresponde el honor de iniciar los Mitos, el escritor de Providence dejó de lado un primer perido "dunsaniano" centrado en la descripción romántica de lo onírico y lo poético para adentrarse en una escritura más oscura, un nuevo tipo de terror "cósmico" que dejaba atrás los viejos miedos de la tradición gótica para crear una un nuevo panteón de horrores ancestrales provenientes de tiempos y lugares ya "olvidados por el hombre".

El giro que tomo la obra de Lovecraft, proyectándose hacia un nuevo tipo de terror: el horror cósmico, tendrá ahora como principal elemento de inspiración la obra de Arthur Machen, poblada de cultos a figuras de la tradición clásica, como en El gran Dios Pan (1894), auténtico precursor de los Mitos, tal y como reconoció el propio Lovecraft en su célebre ensayo El horror sobrenatural en la literatura (1927).

Las lecturas de obras como las de Arthur Machen,  abren en Lovecraft un nuevo abismo narrativo en el que volcar sus vértigos literarios, siendo fundamentales en la génesis de su producción más lograda gracias a haber añadido buena parte del imaginario de Machen en forma de elementos  arqueológicos y arquitectónicos que anuncian antiguas y ya olvidadas civilizaciones, cultos esotéricos, reminiscencias de la tradición clásica griega y romana  y, sobre todo, la utilización de un lugar reconocible en el que permanecen latentes terribles horrores del pasado, como fue la inquietante Nueva Inglaterra que servía de escenario en muchas de las historias que Lovecraft creó, al igual que hizo Machen incluyendo en su bibliografía a su Londres y Gales contemporáneo; como muestra de reconocimiento y gratitud a la influencia recibida por parte de Arthur Machen, Lovecraft tomó prestado para sus creaciones algunos nombres y dioses creados por Machen, además de servirse de la línea argumental de El gran Dios Pan en su obra El Horror de Dunwich (1929). Buena muestra de este cambio de paradigma en Lovecraft lo podemos encontrar en Dagón, con extrañas estructuras en las que se pueden apreciar escrituras más antiguas que la propia humanidad junto a imágenes de seres de pesadilla; aunque si bien los estudiosos de la obra de Lovecraft marcan como punto de partida de los Mitos el relato que nos ocupa, cinco años antes, ya escribió un relato en el que se prefiguraba lo que sería tiempo después el inicio de los Mitos. Sería en La ciudad sin nombre (1916) donde Lovecraft dejaría entrever lo que sería su gran creación; el punto diferencial para determinar Dagón como inicio de los Mitos y no La ciudad sin nombre radica en las propias experiencias personales de Lovecraft, marcado por la separación de su mujer, Sonia, en 1926, su regreso a Providence y la experiencia de haber conocido la miseria  de los barrios más depauperados de Nueva York durante su estancia en la Gran Manzana.

Pero no sería sólo la experiencia personal lo que marcaría un giro determinante en su obra. Junto a las aportaciones estilísticas de Dunsany y de Machen, recibió, como la mayoría de los escritores de su época, la influencia del Simbolismo, un movimiento que englobaba distintas disciplinas del arte a la que no escapó la literatura, siendo uno de sus principales impulsores Edgar Allan Poe, al aportar buena parte de imágenes y figuras literarias que aúnan el ideal romántico con la estética simbolista que busca descifrar el mundo mostrando a los no iniciados (los que no son poetas) las correspondencias de la realidad con los objetos sensibles para capturar las realidades más absolutas; el máximo exponente de ese lado oscuro del Romanticismo que era el Simbolismo lo encontramos, no sólo en la mitología que creó, sino en los libros prohibidos que creó, como por ejemplo el Necronomicón, accesibles tan sólo a los iniciados capaces de comunicarse con extrañas y metafísicas entidades que subyacen en nuestro subconsciente. Lovecraft mostraba en sus escritos todos estos mundos ocultos, en su mayor parte pertenecientes a horrores que habitaron el mundo mucho antes que el hombre y que permanecen en la sombra esperando el momento para volver y acabar con la humanidad, como podemos ver en Dagón y en otro de sus relatos más célebres: La llamada de Cthulhu (1926), en la que recupera los horrores surgidos del fondo del mar y a un personaje central que está condenado a morir por lo que ha visto y por lo que sabe. Todo el horror que produce la visión de los seres primigenios que antecedieron a la humanidad se muestra en el inicio de Dagón.

El relato comienza con un elemento de prolepsis que adelanta elementos de la trama, como en este caso es la muerte del protagonista, víctima de un horror vivido recientemente cuyo recuerdo le atormenta hasta el punto de tomar la decisión de quitarse la vida. " Escrito esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo". De esta manera, Lovecraft consigue trasmitir al lector la angustia y el terror que siente el personaje, así como la incertidumbre por saber que es lo que la provoca. El deseo de morir del protagonista, un oficial de marina mercante adicto a la morfina, único tripulante que ha podido escapar en un bote tras ser capturado el barco en el que viajaba por los alemanes, en una de tantas escaramuzas marítimas que ocurrieron durante la Gran Guerra. Después de pasar varios días a la deriva en alta mar, agotado y hambriento, el marino se había dormido, encontrandose  al despertar en medio de un lugar lleno de fango, como si durante la noche un seismo submarino hubiera hecho que emergiera el fondo del océano. A su alrededor se extendía un paisaje repleto de peces muertos y vegetación marina en pleno proceso de descomposición, de los que se desprendía un olor nauseabundo. Tuvieron que pasar tres días para que el lodazal en que se había convertido el suelo sobre el que estaba posado el bote salvavidas tuviera la consistencia suficiente para soportar el peso de un hombre sin que éste se hundiera hasta la cintura.

El marino, consciente de que necesitaba encontrar agua potable y alimento, aprovechó la situación para explorar los alrededores; de esta manera, bajo la pálida luz de una extraña luna de "apariencia gibosa", descubrió en una oscura hondonada una gigantesca piedra cubierta de desconocidas inscripciones que se asemejaban a seres marinos junto a otros seres de pesadilla, desconocidos por el hombre, en los que destacaban sus manos y pies palmeados con una cabeza semejante a la que tienen algunos batracios. Cuando todavía no estaba recuperado de esta visión de pesadillo, de las oscuras aguas que se mantenían próximas al extraño monolito surgió un ser de pesadilla que provocó la locura del marinero; el horrible ser se dirigió a la extraña piedra. Ante tal visión huyó rápidamente del lugar, despertando en la cama de un hospital, sin saber el tiempo que llevab allí ni como había llegado. El final, ya avanzado desde la primera línea, terminaría con la locura del pobre marino que no lograba recuperarse de la visión de lo que creía el mítico Dios-Pez Dagón.

Fruto de la imaginación de Lovecraft,  fue surgiendo una peculiar teogonía de la que Dagón, representado como un gigantesco y terrorífico ser anfibio, es una de las principales deidades del panteón de los Primigenios, parte fundamental de su propia cosmogonía. Dagón, en el panteón creado por Lovecraft, es uno de los dioses a los que adoran los "profundos", unos seres anfibios más antiguos de la humanidad que tienen su morada en las zonas abisales marinas. En este relato, Dagón no aparece como un elemento de culto, sino como un ser que adora a una entidad superior representada en un enorme tótem realizado en piedra negra en el que hay inscritos extraños símbolos arcanos.

Pero a pesar de que se puede adjudicar a Lovecraft la autoria de la creación de los Mitos, él nunca tuvo la intención de sistematizarlos, tan sólo fueron un lugar común en la que se inspiraron una pléyade de autores y amigos del genio de Providence que más tarde serían conocidos como el Círculo de Lovecraft,  entre los que se encuentran plumas tan destacadas como la de Robert E. Howard, autor entre otros relatos de horror sobrenatural de Almuric (1939), Canaan negro (1936) o La piedra negra (1931); Clark Ashton Smith autor de relatos como  Estirpe de la Cripta (1932), Frank Belknap Long y Los perros de Tíndalos (1929), Henry Kuttner y su célebre relato Las ratas del cementerio (1936) o su novela La criatura de allende el infinito (1940) Catherine L. Moore con Northwest Smith (1933-1938) o  Robert Bloch con Vampiro Estelar (1935), la mayoría de ellos incluidos en la anteriormente mencionada recopilación Los Mitos de Cthulhu realizada por Rafel Llopis. En realidad es a August Derleht, gran amigo de Lovecraft, además de escritor (de dudosa calidad) y miembro del Círculo de Lovecraft, a quien corresponde el mérito de haber sistematizado los Mitos, presentándolos como la eterna lucha entre el bien y el mal, representados aquí como Dioses Primordiales y Dioses Arquetípicos, estos últimos creación suya, por lo que la categorización que hace de las deidades es una clasificación realizada desde dentro, desde sus propios relatos. Desde fuera de los Mitos, sería Lin Carter, autor, editor y crítico especializado en ciencia ficción y fantasía, en especial en la obra de Lovecraft y el Círculo de Lovecraft, quien realizaría esta labor de recopilación y codificación de los Mitos, vinculándolos a un género literario propio que tiene como referencia la cronología que cuenta la historia de "las numerosas razas que han poblado, que pueblan y que pueden poblar la Tierra".

Así pues, podemos determinar que el propio Lovecraft fue descubriendo los Mitos de manera pausada, casi sin proponérselo; surgiendo gracias a la utilización de seres y razas utilizadas en relatos anteriores que ya resultaban conocidas a sus lectores y amigos, cómplices suyos en la creación de esta mitología de lo sobrenatural que fueron pergeñando poco a poco, cuyo inicio se puede señalar a partir de Dagón, pese a lo breve del relato en cuanto a su extensión. Y no sería esta génesis de los Mitos algo que irrumpiese con fuerza en la vida de Lovecraft si nos atenemos al dato que nos indica que tendrían que pasar cinco años hasta la publicación de La sombra sobre Innsmouth (1931), una de sus mejores creaciones, en la que retomaría la figura de Dagón, a la que le añadiría la Orden Esotérica de Dagón, una peculiar secta constituida por híbridos de humanos y "profundos" que practican extrañas ceremonias de adoración al malvado dios marino.Por lo tanto, podemos determinar que los Mitos no son una creación individual de Lovecraft, sino una obra coral que surge de la amistad y de la admiración mutua de un puñado de entusiastas escritores que forjaron con su talento e imaginación algunas de las más logradas páginas del pulp norteamericanno.

viernes, septiembre 28, 2012

CATHERINE L. MOORE - Northwest Smith

El hombre ya había conquistado antes el espacio. Podéis estar seguros de ello. En algún lugar, antes de los egipcios, en esa oscuridad de donde surgen los ecos de nombres semi-míticos — la Atlántida, Mu , en algún tiempo anterior a los primeros balbuceos de la Historia tuvo que existir una era en que la humanidad. […] Hay demasiados mitos y leyendas para que lo pongamos en duda”. Con estas palabras inicia Catherine L. Moore Shambleau, uno de los doce cuentos escritos en el periodo 1934-1938 para la revista Weird Tales. El protagonista que da nombre a la recopilación es Northwest Smith, arquetipo del aventurero del espacio que tanto se ha explotado en las buenas (y malas) novelas de la Edad Dorada de la Ciencia Ficción, además de ser considerado el embrión del que más tarde George Lucas extraería a Han Solo, uno de los personajes más emblemáticos de la mítica Star Wars . La propia C. L. Moore explicaba el proceso de "alumbramiento" del personaje, pensado en un primer momento como un rudo vaquero que tendría su hábitat natural en un "Oeste muy, muy salvaje". Así habría sido, pero un buen día se cruzó en la vida de la autora un ejemplar de la revista Amazing Stories, "en cuya portada aparecían hombres de seis brazos empeñados en una lucha a muerte"; en esos momentos, según cuenta la propia Moore, un nuevo campo de la literatura se abrió ante su mirada llena de admiración, y el impulso que la llevó a imitar esas historias fue irresistible.

Tras la epifanía que llevó a C. L. Moore al lado oscuro, es decir, al  género fantástico, tomaría como guías para componer sus propias narraciones el estilo y argumento de sus escritores favoritos. De esta manera, en el párrafo inicial de Shambleau ya se dejan entrever los caminos por los que iban a transitar las andanzas de Northwest Smith, privilegiado habitante de un universo en el que tomaban cuerpo las más delirantes y terroríficas criaturas que Lovecraft podía haber imaginado y que su buena amiga Catherine haría suyas. Y es que uno de los grandes atractivos que presenta esta recopilación de relatos son los "horribles y depravados engendros" a medio camino entre dioses todopoderosos y sanguinarios monstruos surgidos de lo más profundo del infierno; seres que fueron integrados en el imaginario de muchas culturas como mitos que remitían a un terror ancestral de los que ya se habían perdido en el olvido su génesis y su razón de ser , ni el de las razas más antiguas que la propia humanidad que adoraba a estas deidades y que todavía sobrevivían en recónditos paisajes del Sistema Solar, habitando las desoladas ruinas de ciudades cuyos nombres hace eones que se han olvidado para la mayoría de los mortales, perdurando para unos pocos en forma de leyendas que avisaban del horror que se ocultaba entre sus muros, ya estuvieran estas entre la asfixiante vegetación de las selvas de Venus o en los áridos y polvorientas llanuras de Marte.

Con estos antecedentes no es difícil discernir que C. L. Moore pertenece por derecho propio al llamado Círculo de Lovecraft; un grupo de escritores pulp que tenían como principal referencia los mitos creados por el escritor de Providende, con el que además de gustos literarios, Moore compartía una estrecha amistad que empezó gracias a la mutua admiración que sentían el uno por el trabajo del otro y que cultivaron de manera epistolar durante años. Además de Lovecraft y Moore, entre este grupo de escritores se incluían nombres tan conocidos como Robert E. Howard, creador de Conan, icono de la Sword & Sorcery o de historias más al uso como Almuric; Frank Bernald Long, Arthur Machen, Abraham Merritt y Henry Kuttner, con quien se casaría Moore y al que ofrecería su saber y buen gusto literario quedando ella en un discreto segundo plano, totalmente inmerecido por la gran calidad de sus escritos.

La recopilación de los cuentos de Northwest Smith fue editada por la mítica colección Ultima Thule  (Anaya, 1992-1996) bajo la batuta de Javier Martín Lalanda, quien además de traducir la totalidad de los relatos que componen la recopilación, escribió el prólogo de la misma, en el que de una manera clara, concisa y amena nos adentra en la vida y obra de Catherine L. Moore.  Y para que la información sobre esta autora sea completa, en Jirel De Joiry (1934-1939), otra excelente recopilación de relatos de C. L. Moore también traducida y editada por Martín Lalanda en la misma colección, en la parte final, incluye un interesante apunte autobiográfico a modo de posfacio en el que la autora nos cuenta cómo se inició en el mundo narrativo, apuntando la devoción que sentía por los escritos de Lovecraft y Robert E. Howard, de su educación a base de "una dieta a base de mitología griega y de los libros escritos por Edgar Rice Burroughs". Unas referencias que aparecen claramente en Northwest Smith.

Los relatos protagonizados por Northwest Smith tienen una estructura y argumento muy similar. Los puntos comunes en todos ellos son, en primer lugar, el encuentro inicial con una mujer de portentosa y exótica belleza que incitará a Smith a emprender una peligrosa aventura en la pondrá en juego algo más que su vida; otro de los elementos recurrentes es el paso a otras dimensiones o mundos lejanos gracias a puertas u objetos de gran poder capaces de trasportar a nuestro héroe a lugares dominados por antiguas y malévolas razas arcanas, en los que habitan seres de horrible presencia y de gran poder cuyo origen se pierde en "la noche de los tiempos", como por ejemplo en el relato La ninfa de la oscuridad (1935) donde Nyusa, la bella joven con la que se encuentra Northwest, tiene la facultad de abrir las puertas a una dimensión de la oscuridad en la que habita su padre, el mismo  Dios de la Oscuridad, adorado por extraños seres de una antigua y maligna raza. La mayoría de estos seres o razas no humanas practican algún tipo de vampirismo respecto al hombre, como por ejemplo el clásico de tipo hematófago que aparece en Julhi (1935), en el que la bella Apri, sirve de puente con otro mundo desde el que llegan seres que se alimentan de sangre. Con un guión idéntico al descrito anteriormente se desarrolla El Frío Dios Gris (1935), un cuento que trascurre en la ciudad marciana de Righa, lugar en el que Northwest es abordado por Judai de Venus, una joven de gran belleza que lo empujará a una nueva aventura en la que gracias a una extraña caja adornada con unos extraños signos capaz de abrir la puerta a la dimensión que habita el Dios Gris, una malvada y antigua deidad marciana.

Entre los distintos tipos de vampirismo, el que mejor desarrollado está es el de la absorción de sueños y energía vital que practica un  ser emparentado con la mítica Medusa de la mitología griega al que los nativos marcianos llaman Shambleau, y del que Northwest cae preso de sus encantos; sin duda Shambleau (1933) es el más logrado y conocido de los cuentos que integran esta recopilación, integrando en la "mujer-vampiro" todas las particularidades propias de los personajes femeninos que persiguen y comprometen la integridad física de Smith, y que se caracterizan por la mezcla de exotismo sensualidad de unas mujeres que atesoran una belleza casi irreal, llenas de un misterio que parece ocultar el halo de pecado y peligro que las hace irresistiblemente seductoras, atrayentes y fatales; unas mujeres cuyo epítome físico nos lo dejó el pintor simbolista Franz Von Stunz en su obra  El pecado (1895), en el que hace una acertada representación de la femme fatale llevada hasta sus últimas consecuencias.

En contraposición a la sutileza parasitaria de Shambleau, el más prosaico de estos vampirismos es el que aparece en El árbol de la vida (1936), en el que nuestro héroe se las verá con Thag, un ser con forma de árbol que, al igual que las sirenas con las que se tuvo que enfrentar Ulises en la Odisea, hipnotiza y somete a los hombres para devorarlos y alimentarse de su carne. Pero si tengo que elegir entre uno de los cuentos que Moore dedica a las distintas formas de vampirismo, sin duda me quedo con el relato Sed Negra (1934), que empieza con el preceptivo argumento estandarizado en el que Northwest encuentra a una mujer de singular atractivo que lo conduce a enfrentarse con antiguos dioses de un panteón ya olvidado; a partir de aquí, la historia va profundizando en una forma de vampirismo en la que el fluido vital que sirve de alimento es la propia belleza física de la mujer; el ser que se alimenta de esta extraña energía que genera la belleza lleva siglos "criando" las mujeres más hermosas del universo en un siniestro castillo en el que guarda para su contemplación, disfrute y alimento a féminas poseedoras de una belleza que haría enloquecer a cualquier hombre que las contemple apenas unos segundos.

Como vemos los cuentos de Catherine L. Moore no destacan por la pluralidad en sus planteamientos. Su principal virtud está en su cuidado lenguaje, necesario para construir el barroquismo de los escenarios en los que se mueve Northwest Smith, y la catarata de sensaciones y sentimientos que surgen ante la contemplación de seres "alejados de la comprensión humana, venidos de más allá del tiempo y del espacio". El buen trato literario que ofreció a los relatos que publicó en una modesta revista de corte fantástico, convierte a Moore en una rareza dentro del panorama de los relatos pulp, concebidos estos como una forma de entretenimiento fácil de digerir por un lector que buscaba diversión sin complejidades estilísticas ni argumentales. No obstante, Moore, escritora de formación autodidacta en un primer momento, al profundizar en su vocación literaria no dudo en formarse académicamente en la universidad de Illinois, llegando a realizar un doctorado en literatura inglesa, recopilando en este proceso de aprendizaje las herramientas necesarias para convertir su obra en una prolongación de las obras románticas y simbolistas del siglo XIX. Y es que en Moore, al igual que en Lovecraft, Lord Dunsany y tantos otros pre-frikis del momento, buscaban en sus escritos recrear un mundo en el que tuvieran cabida un tipo de estética con la que ellos se sentían identificados y comprometidos.

Ateniéndonos a todo esto, no podemos pensar que Moore tan sólo se limitó a escribir una serie de historias más o menos terroríficas, sino que en ellas, por modestas que puedan ser, se pueden encontrar reminiscencias de todas y cada una de las características fundamentales del Simbolismo; un movimiento que surgió como una reacción literaria en contra del Naturalismo y el Realismo decimonónico y de sus preceptos anti-idealistas que relegaban al olvido la espiritualidad, la imaginación y los sueños, es decir, todo aquellos que reivindica la literatura de género. En su obra, Moore busca vestir las ideas, por repetitivas que estas puedan parecer, de intenciones metafísicas mediante el uso del lenguaje como el instrumento que enlazará "las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual", expresadadas mediante las múltiples puertas dimensionales que llevan a otras realidades en forma de mundos oníricos o de pesadilla. Para lograr esta unión entre lo real y lo imposible, Moore utiliza mecanismos estéticos como la sinestesia, consistente en mezclar varios sentidos en la descripción de los entornos bizarros que explora con su prosa: sus personajes oyen los colores, pueden ver los sonidos o, yendo un poco más allá, son capaces de percibir el sabor de un ser u objeto con tan sólo tocarlo. Buena  muestra de este trabajo sensorial con las palabras lo tenemos en El color que cayó del espacio (1927), uno de los mejores relatos del otro célebre escritor simbolista, H. P. Lovecraft.

Fiel a esta conjunción de elementos sacados de la tradición literaria romántica y a la influencia de las revistas pulp, Moore desarrolló un estilo metafórico en el que integra los diferentes vehículos de trasmisión del conocimiento en forma de anomalías que alteran la conciencia, ya sea mediante sueños que adquieren tintes surrealistas (Shambleau, El sueño escarlata) o por medio de la acción de un narcótico, ingerido éste en forma de alcohol o drogas, para inducir diversos estados alterados de conciencia. Un tipo de recurso que ella emplea, al igual que el resto de escritores simbolistas, en su primordiar afán de descifrar el mundo, al entender que éste oculta una realidad que tan sólo ellos pueden ver, actuando como un tipo de médium que pueda traducir al común de los mortales aquello que está más allá de su vista y comprensión, en este caso un pasado prehumano que todavía mantiene lazos con el presente. Los procedimientos técnicos que emplea Moore para alcanzar esta meta se fundamenten en la representación de una realidad mostrada de forma disgregada e inaprensible en la mayoría de casos. Esta pérdida de la realidad convierte el mundo en el que la autora mueve sus personajes en un caos construido gracias a la ficción metafórica propia de la modernidad, en la que el texto sustituye la realidad empírica, colocando situaciones y personajes "destextualizados" (los propios de la tradición homérica que aparecen en relatos como Shambleau o Yvala) para que el lector tenga claro que son inventados; dentro de todos estos elementos narrativos con los que juega la autora, hay que incluir las múltiples metáforas estructurales que recurren a saltos temporales, ya comentados anteriormente, y cambios en los personajes  por medio de proyecciones a otras dimensiones o realidades habitadas por seres de una naturaleza incomprensible (Sueño escarlata, Julhi, La ninfa de la oscuridad), con los que se multiplica el sentimiento de realidad fragmentada.

Moore siempre me ha parecido una de las plumas más brillantes de todo el grupo que se originó alrededor o a la sombra de H. P. Lovecraft. Lamentablemente, el papel secundario que le toco ejercer tras su matrimonio con Henry Kuttner nos habrá privado de un buen número de relatos y novelas de gran calidad. No obstante, gracias a la labor de recuperación de clásicos del pulp americano que vienen realizando dos meritorias editoriales como La Biblioteca del Laberinto y Los libros de Barsoom, en las últimas fechas han salido a la venta El mundo sombrio (1946) y La criatura de allende del infinito y otros relatos lovecraftianos, en las que, a pesar de estar firmadas por Henry Kuttner, se puede apreciar con claridad la mano de Catherine entre sus páginas. Sin duda dos obras de lectura imprescindible.

jueves, septiembre 20, 2012

H. P. LOVECRAFT - El color que cayó del cielo

 El color que cayó del cielo (1927) es uno de los mejores y más afamados cuentos escritos por Lovecraft gracias a su medida y acertada mezcla de ciencia ficción y terror. Dos géneros hermanos que se desarrollan en perfecta simbiosis bajo la magistral batuta del genio de Providence, proyectándose sobre el lector con la fuerza añadida de un barroco lenguaje hiperadjetivado que en este caso no es un superfluo elemento ornamental, sino un recurso imprescindible para poder describir con precisión de cirujano la sutileza que representa elevar el mayor de los horrores cósmicos a un color, una criatura extraterrestre que está más allá de la compresión humana  y que devora de manera implacable la razón y la vida de una familia de campesinos de la Norteamérica profunda, convirtiendo la tierra, la vegetación y la fauna del lugar en un retrato impresionista en el que las formas se diluyen ante la supremacía de los colores. En El color que cayó del cielo, el horror se define en forma de elementos cromáticos, una innovación literaria en el género de terror que tuvo una excelente recepción por parte del público, trascendiendo desde el ámbito literario al cinematográfico, incluso al televisivo, con diversas versiones y reinterpretaciones que lo han convertido en un tema clásico de la ciencia ficción y el terror, casi en un género en sí mismo.


El relato vio la luz por primera vez en el número de septiembre de 1927 de la mítica y pionera Amazing Stories, comandada en sus inicios por Hugo Gernsbanck, otro de los nombres míticos de la ciencia ficción y de los pulp americanos. Amazing, al igual que Weird Tales o Astounding, fueron algo más que un soporte para publicar relatos de terror o fantasía, fue el medio a través del cual se pusieron en contacto los primeros fans de este tipo de literatura, creándose lo que hoy llamaríamos una “red social” en la que compartían intereses y proyectos una pléyade de jóvenes escritores y de aficionados, logrando muchos de estos últimos dar  el salto a la categoría de autor gracias a la ayuda de las plumas ya consagradas en el mundillo pulp. De aquí surgirían vocaciones que llegarían a buen puerto, como la de Catherine L. Moore o Robert Bloch, y amistades duraderas como las que el propio Lovecraft cultivaría con genios como Robert E. Howard o Clark Ashton Smith, entre otros; pero si tenemos que destacar un "imitador" de la obra de Lovecraft en particular y de este relato en particular, hay que señalar a Henry Kuttner y su obra La criatura de allende el infinito (1940), editado recientemente en nuestro país por La Biblioteca del Laberinto como parte de la recopilación La criatura de allende el infinito y los relatos lovecraftianos. En esta obra Kuttner, al igual que Lovecraft, describe el mal como una entidad procedente de lo más recóndito del espacio exterior, algo vivo que no responde a las leyes generales de la física que absorbe de manera horrible la vida de todo tipo de seres vivos. En ambos casos, las extrañas formas de vida alienígena se presentan como seres que están más allá de una descripción  convencional; en el caso de Kuttner el mal es "una niebla anormalmente espesa" que acaba conviertiendo a las personas en "momias chamuscadas", mietras que Lovecraft lo describía como "un color frío y húmedo, pero que quema"

La génesis de The Colur Out of Space, escrito entre El caso de Charles Dexter Ward y los retoques finales del ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, hay que situarlo en la inspiración que el propio Lovecraft dijo recibir al contemplar la construcción del embalse de Scituate en Rhode Island; teniendo como base una experiencia que, a la mayoría de los mortales nos parecería totalmente intranscendente, la imaginación de Lovecraft tomo cuerpo en forma de un nuevo tipo de terror en forma de color y se transforma en la voz narrativa que nos cuenta en primera persona los hechos que tuvieron lugar en un lúgubre paraje de Arkham, la ciudad imaginaria plagada de horrores que por derecho propio se ha ganado un lugar de mérito entre otras creaciones literarias como la Macondo de G. B. Márquez o el  ficticio condado de Yoknapatawpha que Faulkner utilizó como escenario para sus personajes.

El relato nos llega a través de un joven ingeniero encargado de realizar una serie de estudios del terreno en el que se tiene previsto construir un embalse. En uno de los reconocimientos que hace del lugar encuentra una zona extrañamente árida a la que los lugareños evitan. El lugar, conocido como el "erial maldito", es un paramo desolado en el que la vegetación no crece y el suelo presenta una rara tonalidad grisácea. Intrigado por la mortecina apariencia del lugar, el joven pregunta a un anciano del lugar, de nombre Ammi Pierce. El lugareño, a pesar de las reticencias iniciales, lo pone en antecedentes de los hechos que convirtieron la zona más fértil del lugar en el lugar de pesadilla en el que se ha convertido, y cómo los Gardner, la familia de campesinos que explotaban felizmente el lugar, tuvieron un final mucho peor que la muerte atacados por la locura y un extraña enfermedad que les deshacía la carne. Ammi cuenta cómo empezó todo el día que un meteorito cayó en las inmediaciones de la granja en el ya lejano año de 1882, cuando el viejo Ammi Pierce todavía era un hombre joven y fuerte. El extraño meteorito se comportaba de una manera extraña: no se termina de enfriar y  los análisis que le son realizados por tres científicos provenientes de la Universidad de Miskatonic (otra de las invenciones de Lovecraft) arrojan más misterio al asunto al no lograr equiparar el material que compone la roca del espacio con un material conocido. Nahum Gardner, propietario de la granja, fue  el primero en encontrar el meteorito, creyendo ver en un primer momento como extraño ser o color imposible de definir abandonaba la roca ígnea caída del cielo y se escondía en el cercano pozo de la granja.



Al año siguiente, con la llegada de la cosecha, comienzan a suceder una serie de extraños acontecimientos en la zona, teniendo su epicentro en la granja de la familia Gadner: los cultivos crecían de manera espectacular, como no lo habían hecho nunca , brillando extrañamente en la oscuridad al igual que la vegetación que circunda la zona próxima al pozo. Los frutos que nacían en las plantas tenían un tamaño desmesurado, previendo una cosecha espectacular, pero no los podían vender porque se pudrían y despedían un olor nauseabundo. Poco después la esposa de Nahum y sus hijos enloquecen y mueren de manera horrible por efecto de beber el agua del pozo; los animales de la granja y la fauna salvaje de la zona, sufren extrañas mutaciones y se vuelven violentas; incluso los árboles parecen cobrar vida presos de un instinto homicida que les hace dirigir sus ramas hacia todo aquel que esté próximo a ellos. Ante la gravedad de los sucesos que descubre, el ingeniero abandona la zona sin terminar el trabajo que le fue encomendado, dejando tras de sí la certeza de que aquello que provocó tal horror todavía permanece oculto en el pozo de la granja, alimentándose de la propia zona que, a cada año que pasa, crece un poco más, aumentando la desolación a una zona más amplia del terreno.

En sí, el relato presenta varios de los temas recurrentes de Lovecraft: la imposibilidad de escapar al destino que en este caso representa el desconocido horror procedente del espacio y la insignificancia del hombre en un universo que desconocemos por completo, expuesto a los caprichos y designios de la maldad de seres infinitamente superiores a la débil raza humana. Con trabajos como el presente, Lovecraft marcó un camino propio dentro del género de terror, apartándose de los trillados temas del vampiro, fantasma de todo tipo y satanismo al incorporar elementos hasta entonces tratados como elementos de ciencia ficción. En resumen, que por lo breve del mismo, siempre es recomendable volver de tanto en tanto a repasar un clásico fundamental de la literatura del terror y la ciencia ficción como es El color que cayó del cielo y compararlo con los infumables ladrillos sobre vampiros amanerados y zombis andrajosos que hoy día compone la "moderna" literatura de terror.
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