lunes, septiembre 19, 2011

POUL ANDERSON - La Gran Cruzada

Con las imágenes aún frescas en la retina de un decadente Harrison Ford reconvertido en azote de alienígenas en Cowboy & Aliens, la penúltima de las grandes producciones holiwoodiense, no he podido resistir la tentación de releer un viejo clásico de Poul Anderson que editó Miraguano hace ya unos años; la obra en cuestión es La gran cruzada (1960), lectura que recordaba como un entretenido pastiche a medio camino entre la novela caballeresca y la de ciencia ficción. Editado originalmente por entregas en la revista Amazing y nominada al Hugo de 1961 junto a obras de tanto renombre como Venus más X de T. Sturgeon, El mundo de la muerte de H. Harrison o la novela que a la postre resultaría ganadora, Cántico por Leibowitz de Walter M. Miller Jr.; Poul Anderson compitió dignamente con una obra que pone de manifiesto la gran imaginación que atesoraba, su sentido del humor, el conocimiento histórico que atesoraba y ponía al servicio de la incuestionable solvencia con la que defendía sus escritos, pese a lo bizarro de sus argumentos, como es el caso que nos ocupa.

En La Gran Cruzada se ejemplicca como la ciencia ficción ha bebido, con gran frecuencia, del formato policiaco o del western, con sus esquemas narrativos tan simples como eficaces, para llegar a un público amplio y poco exigente, sobre todo en una primera época en la que se aprovechaban las tramas más manidas de los géneros literarios populares, aunque escenificadas en ambientes más exóticos y futuristas. Pongamos como ejemplo la obra de Poul Anderson en la que en esta ocasión los malvados alienígenas tendrán como "compañeros" de reparto a toda una población de la Inglaterra medieval, que no dudaran en emprender una peculiar cruzada contra todo un imperio extraterrestre; espadas, flechas y caballos contra armas láser, bombas atómicas y naves que pueden viajar entre las estrellas a la velocidad de la luz.

Lo bizarro del planteamiento tiene como punto de partida la Inglaterra de 1345, justo en el preciso momento en el que Sir Roger, Baron de Tourneville, está reuniendo su mesnada con la intención de marchar junto a Eduardo III, enfrascado en plena Guerra de los Cien Años contra Francia. La imagen de caballeros y siervos preparando la empresa militar en los bucólicos parajes campestres de la pequeña población de Ansby, en Lincolnshire, se ve interrumpido por el aterrizaje de una enorme nave espacial procedente del imperio Wersgorix. Se trata de una nave de exploración que busca nuevos planetas que conquista, pero en esta ocasión no podrán cumplir su cometido al ser sorprendidos por el ardor de los ingleses, que en un plis-plas acaban con la expedición invasora a espadazo limpio. Sir Roger, hombre de gran valor pero de escasa inteligencia, tiene la intención de utilizar la nave capturada, de la que tan sólo ha sobrevivido un tripulante, para ayudar a su rey en su lucha con Francia y después marchar a Tierra Santa para liberarla de los infieles, para tal fin carga en la nave conquistada todos los habitantes del pueblo, animales incluidos, junto a caballeros y soldados, sin saber que esto es lo que quiere el alienígena prisionero. Cuando la nave se pone en marcha, y ante la sorpresa de todos, el alienígena pone rumbo hacia hacia uno de los planetas conquistados por los Wersgorinx con el fin de ser apresados y... ejecutados. Ni que decir tiene que las aviesas intenciones del prisionero no se ven satisfechas, revertiéndose de tal manera la situación que los aguerridos caballeros ingleses encadenan victoria tras victoria contra hasta el triunfo final.

El argumento parece de lo más simple, pero no se debe dejar pasar la inteligencia con que Anderson construye el relato gracias a sus conocimientos en historia medieval. En primer lugar, la narración la plantea como la lectura de un dietario escrito por un religioso que acompaña al Baron de Tourneville que es encontrado por una expedición procedente del planeta Tierra siglos después de que ocurrieran los acontecimientos narrados. El elemento metaficcional del libro dentro del libro sirve para que el autor pueda construir un relato en primera persona tal y como lo habría hecho un monje de la época con las escasos recursos literarios de los que disponía en el siglo XIV. Por esta razón, los hechos narrados no deben tomarse al pie de la letra, sino como parte de la hagiografía que canta las hazañas del Baron de Tourneville para ensalzar su figura, tal y como mandaban los cánones literarios de la época, además de incorporar en el relato el tópico cortés del fine’amor como recurso para explicar la relación incestuosa entre Lady Catherine, a esposa de Tournaville y uno de sus caballeros.

Resumiendo, la novela, a pesar de sus muchas deficiencias, debe ser leída como un divertimento sin más pretensiones que las de pasar un buen rato con la sucesión de aventuras que enlaza Anderson con su buen hacer, sin olvidar el punto de humor ácido con el que va trufando algunos de los momentos más delirantes de la novela. Sin duda es una pena hoy día no sea frecuente encontrar novelas con el espíritu meramente lúdico que encontramos en La Gran Cruzada, quizás Scalzi se acerca un tanto a éste ideal con sus últimas obras: El agente de las estrellas y El sueño del androide, pero es poco entre tanto buscador de trascendencia literaria.


jueves, septiembre 15, 2011

JOE HALDEMAN - Rumbo a Marte

Haldeman es un valor seguro. De ahí que no me ha resultado extraño que las  altas expectativas que tenía con Rumbo a Marte se hayan cumplido con creces, resultando una de las lecturas más agradables de los últimos tiempos. La esmerada revisión que hace Haldeman de las “novelas juveniles” del maestro Heinlein sorprende por la destreza con la que consigue recrear un modelo literario reconocible para los amantes del género de la ciencia ficción, pero sin llegar a caer en un ejercicio de travestismo que le reste al texto la propia personalidad del autor, reconocible por su tendencia hard  y por lo poco dado que es a especulaciones científicas de corte fantasioso, como eran las que, en la mayoría de ocasiones, se incluían en las obras para jóvenes de Heinlein.

Lo verdaderamente admirable de esta obra es como consigue Haldeman atrapar al lector gracias a una prosa tranquila, construida con frases cortas, sin recurrir a  complejas subordinaciones ni dejarse llevar por las estrategias textuales que puedan confundir al lector. La economía de recursos empleada en esta narración escrita en primera persona agiliza tremendamente la lectura, ayudada por la atracción mimética que desde la primera página se siente por la protagonista, Carmen Dula, una joven adolescente que tiene que dejarlo todo para acompañar a sus padres a Marte. La novela funciona también como el diario de una adolescente en pleno viaje iniciático hacia la madurez, al mismo tiempo que el texto se va constituyendo como una poderosa máquina de guiños literarios al lector habitual de ciencia ficción que, sin duda, encontrará un estimulo añadido gracias a la sensación de ir descubriendo entre las páginas de Rumbo a Marte a otros autores además de Heinlein, como pueden ser Clarke y Asimov, en un tour de force que emprende Haldeman con la intención de transportar a los lectores al corazón de la mejor ciencia ficción de la Edad de Oro, una difícil tarea que requiere de esfuerzo y habilidad pero que la pericia del autor hace que llegue a buen puerto, creando una obra que destila un gusto a clásico añejo, a los buenos tiempos de la ciencia ficción.

La novela en sí está estructurada en tres partes bien diferenciadas, herencia inevitable de haber sido editada en primer lugar como una novela por entregas en la revista Analog. El primer tercio de novela une la construcción de la identidad de la protagonista a través de su proceso mental mediante una crónica personal de carácter intimista en la cual la adolescente hace una detallada exposición de todas sus decepciones pasadas, que no son distintas a la de cualquier joven de ahora, con sus problemas en las relaciones humanas o en los estudios, la nula relación con sus padres y hermano o de la falta de motivación con la que emprende una nueva vida en un planeta en el que apenas viven un centenar de colonos; la falta de abstrusos monólogos interiores y de fábulas moralistas en esta fase de la narración hace que el lector trascienda la anécdota de la acción y la aventura y escoja al personaje como motor de la narración por encima de todo lo que supone el ascenso desde la Tierra hasta la estación orbital en la que espera la nave que los llevará hasta Marte. El viaje inicial se realiza por medio de un “ascensor”, similar al ideado por Clarke en Las fuentes del paraíso (1979), por cierto, la nave ha sido bautizada como John Carter, el héroe protagonista de la serie marciana escrita por Edgar Rice Burroughs, otro guiño a los grandes nombres del género. En esta parte de la narración aparece el Haldeman más hard al describir, de una manera tan simple como concisa, un programa espacial posible con una tecnología accesible en pocas décadas, con lo que esta visión realista de la “conquista del espacio” nos ayuda a imaginar cómo serán esas primeras experiencias y los problemas que ocasionarían la falta de gravedad y la radiación solar a la que obligatoriamente se verán expuestos los cosmonautas.

La segunda parte de la novela comienza con la llegada de Carmen a Marte después de seis meses de un duro viaje a gravedad cero en el que se han producido grandes cambios en la relación con su familia; además ha comenzado una relación sentimental con el piloto de la nave, diez años mayor que ella, lo que se traduce en el enfrentamiento de Carmen con la administradora de la colonia marciana, personaje típicamente “heinleniano” que viene a representar la opresión del estado sobre el individuo, el atentado a la libertad personal y demás fobias del maestro Heinlein. La dureza de la vida en la colonia, el aburrimiento de la monotonía y la constante persecución por parte de la administradora comienza a hacer mella en la joven, pero justo en el momento en el que la determinación de Carmen Dula comience a flaquear se produce el encuentro con los “marcianos”. El enigma sobre la raza de extraños seres que encuentran, los muchos enigmas que se plantean sobre ellos y las aventuras que viven los colonos marcianos dan paso a la tercera y última parte de la novela, que se inicia tras una elipsis temporal de varios años en los cuales Carmen ha terminado sus estudios universitarios, ha cuajado su relación con Paul, el piloto, y se ha convertido en la pieza clave en el proyecto de convivencia que se ha iniciado, junto a los recién encontrados marcianos, en la base orbital terrestre construida con la finalidad de que ambas razas lleguen a conocerse mejor. Carmen ha establecido una sólida relación de amistad con Rojo, el líder de los marcianos que le ha salvado la vida en dos ocasiones, con lo que se vuelve a reconstruir otro de los tópicos de las “novelas juveniles” de Heinlein: la amistad entre el joven protagonista y un alienígena bueno que en ocasiones actúa como mascota (cosas del antropocentrismo), recordemos por ejemplo los casos de Rebelión en el espacio (Red Planet), Hija de Marte (Podkayne of Mars) o Consigue un traje espacial: viajarás (Have space suit – will travel). En la estación orbital ocurren una serie de acontecimientos que parece indicar que los supuestos marcianos no son originarios de Marte, sino que han sido dejados allí por una inteligencia alienígena para controlar a los humanos y, si representan una amenaza, eliminarlos. Será aquí, al final de la novela cuando se le podrá achacar al autor algún pero a su obra por la rapidez, casi brusquedad con la que acaba la novela tras la  dejando muchos cabos sueltos todavía por resolver; por cierto, un final que se asemeja mucho al que Heinlein quería para Podkayne of Mars y que su editor le obligó a cambiar.

Rumbo a Marte (Marsbound) es la primera entrega de una trilogía que continuó con la aparición de Starbound (2010), en la que continúan las aventuras de Carmen Dula y de su ya marido, el piloto Paul Collins, embarcados en una misión que les llevará al lejano planeta de los Otros para evitar la destrucción de la humanidad. Con Rumbo a Marte se recupera el sabor de la ciencia ficción más tradicional y, sin duda, es una buena novela para que muchos jóvenes lectores se inicien en la ciencia ficción. Para finales del presente año está anunciada la aparición de la tercera entrega de la trilogía que llevará por título Earthbound.

martes, septiembre 13, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Rebelión en el espacio

Red Planet (1949), tercera de las denominadas “novelas juveniles” escritas por el maestro Robert A. Heinlein, no ha sido publicada nunca por una editorial española. La edición que se puede, o mejor dicho, se podía encontrar en castellano, la publicó la editorial argentina Acme en 1958 con el título de Rebelión en el espacio. No hay que ser una eminencia para adivinar la razón por la que ningún editor nacional de los años 50 hubiera osado publicar una novela con ese título. Y aunque se hubiera cambiado el título, difícilmente la censura del momento habría permitido que saliera a la luz una novelita en cuyo argumento unos chavales se rebelaban contra la tiranía del director de un internado que imponía su autoridad manu militari, habría sido suicida. Afortunadamente en la actualidad, gracias sobre todo a los nuevos lectores de libros digitales, podemos recuperar obras como la presente, en las cuales se encuentra todo el encanto de la ciencia ficción primigenia, cuando se colocaba la aventura por encima de la especulación cienctífica, todo al servicio del entretenimiento, aunque algunos elementos del escenario que nos presentaban los escritores del momento hoy día parecen notablemente desfasados.

Anteriormente, en la reseña que dediqué a Consigue un traje espacial: viajarás (1958), otra de las maravillosas “novelas juveniles” escritas por Heinlein entre 1948 y 1958, ya detallé algunas de las principales características que se aplican tanto a Heinlein como a estos escritos para jóvenes en particular. Recordemos que tienen en común una doble vertiente: por una parte la lúdica, que busca que el lector pase un buen rato leyendo una serie de aventuras que tienen como protagonista un joven adolescente en pleno proceso de madurez, mientras que por otra parte cumple con la intención didáctica de mostrar la ciencia como algo asequible y “divertido”; los más críticos con el maestro Heinlein le añadirían una tercera: la de proclama ultraderechista.  Y es que el escritor norteamericano y sus escritos no han terminado de quitarse una ¿merecida? fama de militarista y de amante del individualismo y la libre determinación llevados a su máximo exponente.

En Rebelión en el espacio, Heinlein presenta un futuro en el que los humanos han llegado a colonizar Marte, con los consiguientes problemas de nacionalismo que se genera en la sociedad marciana, deseosa de tomar sus propias decisiones sin que estas vengan dictadas por el gobierno de la Tierra. Junto a las reivindicaciones independentista que planean de manera permanente sobre el lector, podemos encontrar otros hilos argumentales de tipo costumbrista, como puede ser la descripción de la vida diaria de los colonos marcianos y de la descripción que el autor hace de un Marte habitado por plantas y seres supuestamente “inferiores” al hombre, y de unas milenarias ciudades en ruinas que nadie sabe a quién pertenecieron en un pasado remoto, lugares  en el que sus misteriosos habitantes construyeron unos enormes canales para llevar el agua a las zonas desérticas del planeta.

La acción toma prestada para sí misma buena parte de la de la historia de los EEUU: la dependencia política, económica y administrativa de la “metrópolis” por parte de los colonos; la usurpación que hacen los colonos de las tierras sagradas de los nativos marcianos, a los que consideran inferiores; el modelo de expansión y colonización que se hace en Marte, muy semejante a la fundación y expansión de los Estados Unidos por América del Norte, propia de la Doctrina del Destino Manifiesto, por la cual los EEUU están destinados a expandirse por todo el mundo (ahora otros planetas).

El lector va entrando poco a poco en contacto con el día a día de los colonos marcianos de la mano de Jim y Frank Marlowe, dos jóvenes que viajan a la capital marciana a estudiar en la Academia Lowell en régimen de internado. Los acompaña Willis, una mascota marciana de gran inteligencia, a pesar de su aspecto de bola peluda, que tiene una rara habilidad para grabar y reproducir los sonidos que se producen a su alrededor. Durante el viaje que los llevará desde su casa a la academia encuentran a Gekko, un nativo marciano del que se hacen amigos gracias a que éste les da agua, lo que equivale a un ceremonial que para los marcianos autóctonos equivale a ser “hermanos de agua”.

En la academia los chicos pronto chocarán con el director de la misma, el señor Howe, que llega a confiscarle a Willis alegando que a los alumnos les está prohibido tener mascotas. Frank y Jim consiguen rescatar su mascota del despacho del director y descubren, gracias a las habilidades memorísticas de Willis, como el director y el administrador de la colonia, el señor Beecher, planean impedir la emigración anual que realizan los colonos marcianos por motivos climatológicos, todo ello con tal de ahorrarle una importante cantidad de dinero a las arcas terrestres. Ante el peligro que encierra la prohibición para la vida de los colonos, los dos jóvenes deciden huir de la academia. Y es ahora cuando comienza la gran aventura de Jim y Frank que se verán obligados a atravesar varios miles de kilómetros de inhóspito suelo marciano para informar a los colonos de los planes del administrador. Como es habitual en las “novelas juveniles” de Heinlein, la superación de peligros y la toma de responsabilidades ayuda a sus protagonistas es el proceso iniciático que deben superar para llegar a convertirse en adultos; en esta ocasión, además de participar en una revolución con el fin de liberar a los colonos de la tiranía del gobierno terrestre, los jóvenes, descubren cómo funciona la civilización marciana y el importante papel que desempeña Willis en la misma.

Red Planet sirvió como referencia a Heinlein en una de sus obras más celebradas, como fue Forastero en tierra extraña (1961), en cuanto el ciclo de vida de los marcianos en ambas novelas es similar (no igual), además de compartir el hecho de la “hermandad de agua” y de la defensa de la libertad que se hace en ambas, sin olvidar Hija de Marte (Podkayne of Mars, 1963).  Otra influencia de esta obra la encontramos recientemente con la aparición en el panorama literario de la ciencia ficción en castellano Rumbo a Marte, obra de Joe Haldeman a la que se compara con las "novelas juveniles" de Heinlein en general y con Red Planet en particular. De ser así sería un merecido homenaje a un tipo de novelas que ha entretenido a varias generaciones de aficionados al género pese a que originalmente estaban concebidas por parte del editor como un entretenimiento para adolescentes. A pesar del lastre que supuso el continuo recorte que sufrían sus escritos por parte de la editorial, Heinlein supo crear un tipo de obras que no solamente contentaban a los más jóvenes, sino que atraían a los adultos.

miércoles, agosto 31, 2011

STANLEY G. WEINBAUM - Odisea en Marte

Con el paso del tiempo, Stanley G. Weinbaum fue considerado por muchos de los más afamados escritores de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción como el primero de los grandes escritores de la ciencia ficción pulp en los Estados Unidos. Su prematura muerte acaecida en 1935, tan sólo 18 meses después de la publicación de su primer relato, hizo imposible ampliar su legado bibliográfico que apuntaba a convertirse en el camino a seguir por los pioneros del género. Su breve producción, apenas una veintena de cuentos, fue suficiente para que tanto escritores como aficionados reconocieran su talento y alabasen el tratamiento revolucionario con el que presentaba a los exóticos seres alienígenas que brotaban de su imaginación; sin ir más lejos, fue descrito por Isaac Asimov, admirador incondicional de su obra, como el primer  escritor de ciencia ficción moderno al considerarlo un escritor “campbelliano” antes de que el propio John W. Campbell iniciara su trabajo editorial al frente de Astounding. Su relato más conocido, que además fue el primero que escribió, fue Odisea en Marte (1934), publicado en la revista Wonder Stories, una de los principales referentes de la literatura pulp de la época, al igual que su director Hugo Gernsback.

Pese a que Weinbaum no se limita a caer en los manidos tópicos del género escribiendo historias en las que el hilo argumental gira en torno a una sucesión de aventuras, poco originales en la mayoría de ocasiones, en las que el héroe de turno se tiene que enfrentar a viscosos seres malignos venidos de más allá de las estrellas con la única intención de invadir la Tierra o comerse a todo humano que se cruce en su camino, no podemos olvidar que los relatos de Weinbaum son hijos de su tiempo, por lo que no podía escapar por completo a ese tipo de guiones ya prefijado de antemano en la mente de los aficionados al género; sin embargo, las concesiones que hace el autor a los lectores,no dejan de lado el  "rigor científico" (para su época y conocimientos) con el que trata de buscar una solución a problemas de física o matemáticas que se plantean en la narración, con lo que su obra se acerca a lo que sería más adelante la Edad de Oro de la ciencia ficción, momento en el que se abandonan las “historias de marcianos” para tomar partido por la especulación científica como elemento clave para desarrollar los argumentos. Pero lo realmente innovador de sus cuentos no es el escenario ni la incipiente especulación científica que se comienza a vislumbrar, sino los personajes, especialmente los alienígenas, a los que dignifica colocándolos en una posición incomprensible para el hombre, alejándolos de la dicotomía buenos-malos con la que acostumbramos a juzgar sus intenciones teniendo como referencia la "naturaleza humana". Las criaturas creadas por Weinbaum resultan totalmente herméticas en sus intenciones y acciones al pertenecer a formas de vida alejadas en todo momento a los parámetros antropocéntricos en los que medimos la vida inteligente. En Odisea en Marte podemos asistir a la aparición de plantas inteligentes, enormes aves con aspecto de avestruz o seres de silicio que pueden vivir miles de años sin que la mente humana sea capaz de comprender la finalidad de su  extraño ciclo vital, lo que de otorga un plus de originalidad al relato.

El argumento de Odisea en Marte no se aleja mucho de la referencia homérica que encierra el título. En esta ocasión el moderno Ulises es Dick Jarvis, astronauta que pertenece a una expedición que tiene como objetivo investigar el planeta rojo; Jarvis sufre un accidente cuando se dedicaba a fotografiar el paisaje ayudado de un cohete portátil, quedando en esos momentos separado del resto de sus compañeros, por lo que se ve en la obligación de recorrer a pie la distancia que lo separa de sus compañeros de expedición. Durante su periplo marciano Jarvis encuentra a un extraño pájaro inteligente que está a punto de ser devorado por una planta que lo ataca con sus tentáculos, éste ser tentacular atrae a sus víctimas entrando en su mente, una versión marciana de las sirenas que atraen a los marineros hacia su perdición en la obra de Homero. El peculiar ser con forma de avestruz salvado por Jarvis responde al nombre de Tweel y acaba por convertirse en el guía y compañero de viaje del terrestre. El relato prosigue encadenando episodios en los que tienen que hacer frente a la aparición de extrañas formas de vida y los misterios que se les plantean, como una extraña e inacabable línea de pequeñas pirámides de silicio de varios miles de años de antigüedad, todas ellas abiertas por la parte superior o el descubrimiento de una ciudad en la orilla de un canal marciano por la que pululan unas extrañas criaturas con forma de barril.

Odisea en Marte es una muestra más de la buena ciencia ficción que se hacía en la época de los pulp. Una joya que debe conocer todo buen aficionado.

domingo, marzo 06, 2011

¿Cómo publicar Las monarquías de Dios? (Alamut)

El editor de Alamut, Luis G. Prado, ha hecho en su blog un llamamiento a los lectores de la saga Las monarquías de Dios, de Paul Kearney. Los problemas para publicar la tercera entrega de la serie, explicadas ampliamante en esta entrada...
http://artifexplus.blogspot.com/2011/02/proxima-entrega-de-las-monarquias-de.html

...ha decidido a G. Prado a pedir consejo a los lectores para encontrar una fórmula para evitar que el proyecto resulte ruinoso para la editorial. De las muchas ideas aportadas por los seguidores de la serie, en particular, y de los que apreciamos y admiramos el trabajo que se hace en Alamut, la que parece tener más posibilidades de salir adelante es la de incentivar la venta directa por parte de los lectores, tal y como se puede leer en la siguiente entrada de su blog:

http://artifexplus.blogspot.com/2011/03/como-publicar-las-guerras-de-hierro.html

Copio y pego un breve fragmento de la entrada que resume la intención de Alamut para poder continuar con la publicación de esta serie:

Resumiendo: adoptaremos con mucho gusto la idea que nos habéis dado de financiar la publicación de Las guerras de hierro y los otros dos títulos de Las Monarquías de Dios con la compra directa por parte de los lectores que deseen apoyar la edición de esta serie (¡y ojalá que sean muchos!). Las preguntas son: ¿parece mejor ofrecer la compra de un solo título, o es más práctico (y atractivo) ofrecer la suscripción a los tres libros restantes? Y, ¿qué incentivos se os ocurren para los lectores que apoyen la iniciativa? Sinceramente, si esto sale adelante, se merecerán todo lo que podamos devolverles como agradecimiento. Por último, ¿cómo difundir esta oferta de forma que ningún lector interesado se quede sin conocerla y pueda decidir si quiere aprovecharla? En todas estas cuestiones, estoy abierto a vuestras propuestas.


Uno de los problemas con los que se encuentra Alamut a la hora de llevar adelante esta propuesta es que llegue a los lectores de Las monarquías de Dios, desde aquí ponemos nuestro granito de arena para que los interesados en colaborar con Luis G. Prado se puedan poner en contacto con él y mostrarle su apoyo.

domingo, enero 30, 2011

TOM GODWIN - Las frías ecuaciones

El nombre de Tom Godwin no resultará conocido para muchos de los aficionados a la  ciencia ficción en nuestro país; sin embargo, y a pesar de la escasez de su producción literaria, 3 novelas y poco más de 30 relatos, tiene el honor de haber contribuido al género con una de las mejores y, en su tiempo, más polémicas narraciones que uno pueda recordar.

En efecto, Las frías ecuaciones, publicada originalmente en la restiva Astounding en agosto de 1954, no dejó a nadie indiferente. Pese a lo dicho en cuanto a las virtudes de este cuento, Godwin no destacó nunca por su calidad literia, tampoco por su imaginación ni por nada que distinga su obra como algo escepcional, ni tan siquiera aceptable. De ahí que tan sólo se hayan traducido al castellano dos de sus creaciones: Las frías ecuaciones, incluida en varias recopilaciones de poco peso además de en Nueva Dimensión nº 87 y en el número 9 de la revista Gigamesh,  y la novela Prisión espacial,  cuyo nombre original es The Survivors, es la ampliación de Too Soon to Die, un relato que Godwin escribió en 1957, fue editada en nuesto país por Cénit en 1961. La novela no tiene mucho que comentar, se trata de una típica narración de aventuras con todo el imaginario que se solía incluir en este tipo de historias para adolescentes. Lo mejor que se puede decir de ella es que se lee con facilidad y, en momentos puntuales, resulta hasta entretenida.


Volviendo a Las frías ecuaciones,  el argumento en sí es tremendamente sencillo: una pequeña nave del Servicio de Emergencias debe llevar un antídoto a una lejana colonia planetaria con el fin de salvar a un grupo de colonos atacados por un virus mortal. Cada segundo cuenta si se quiere salvar a los afectados; por esta razón se debe utilizar un tipo de  nave con unas caracterísitcas muy concretas para viajar más rápido, así pues, tan sólo puede llevar un tripulante, la carga, en este caso el antídoto y la cantidad justa de combustible para llegar al destino. Pero mira por donde, la impaciencia de Marilyn, una joven adolescente, por ver a su hermano, uno de los colonos afectados, hace que se cuele en la pequeña nave como polizón. El piloto la descubre y debe aplicar lo que marca el protocolo en estos casos: lanzar al polizón al espacio. Si no lo hace, el peso extra de la joven hará que se consuma más combustible de la cuenta y ambos moriran al no poder llegar hasta la colonia afectada, a lo que se deberá añadir la muerte de los colonos enfermos al no recibir el tratamiento. A partir de aquí el piloto y sus superiores se tendrán que enfrentar con el hecho de que no hay otra solución que no sea la muerte de la joven.  El  final, gracias a la intervención de Campbell que abortó de manera sistemática todo tipo de argucia que intentó Godwin para salvar a la joven polizón, es el más lógico: la muchacha debe aceptar su muerte y saltar al vacío para procurar la salvación de los colonos y la del propio piloto.
Portada Astouding de agosto 1954
Para apreciar en su totalidad la importancia de este relato debemos situarnos en el momento temporal en el que fue escrito: en plena Edad de Oro de la ciencia ficción. Un momento en el que la mayoría de escritos estaban enfocados a la acción misma, es decir, a los acontecimientos y a su resolución, no a como estos afectaban psicológicamente a los personajes; de esta manera entenderemos con más claridad lo innovador que resulto en su momento el planteamiento y, por supuesto, el final, situado en las antípodas del casi obligatorio final feliz. Tengamos en cuenta que en los relatos que planteaban una situación como la que se origina en la pequeña nave de emergencia, la historia giraba en torno a la manera, más o menos ingeniosa, en la que la chica lograría salvarse, burlando de este modo el trágico desenlace que le deparaba el destino, pero aquí nada de esto sucede, la sapiencia y la visión editorial de Campbell centra la situación en el problema emocional que se les presenta a los personajes, dejando de lado el planteamiento técnico de la solución que evite el sacrificio de la joven.

Las frías ecuaciones es el más claro ejemplo de como una idea acertada se puede sobreponer a la nula capacidad de un escritor, en este caso Godwin, y convertir un texto que debido al acartonamiento de los personajes, el estilo ramplón, el planteamiento artificial y lo sensiblero del desenlace no debería haber trascendido en la mente del lector más allá de los 20 minutos que se tarda en leer. Sin detenerse en todos estos inconvenientes, las reacciones a la historia fueron tales que se convirtió en un clásico. Este estatus lo adquirió gracias a descolocar al lector con un final inesperado por lo trágico, dada la ausencia de un deus ex machina que revertiera la lógica del desenlace. De esta manera, un pequeño cuento de ciencia ficción quedó emparentado en su trasfondo con un género como la tragedia griega, en la que todos los personajes son víctimas del destino y, de una manera u otra, reciben al final su castigo. Marilyn, la joven polizon, tiene mucho en común con la Antígona de Sófocles, la cual también se enfrenta a dos nociones del deber: por una parte el familiar hacia su hermano, que la obliga a sepultarlo pese a la amenaza de muerte que pesa sobre quien lo haga y, por otra parte, la obligación civil y social que la obliga al cumplimiento de las leyes del Estado, con lo que debe aceptar su muerte al desobedecerlas. Marilyn, al igual que Antigona está imbuida de ese amor fraternal que la hace subir de manera impulsiva a la pequeña nave de salvamento con el fin de acortar el tiempo de espera para encontrarse con su hermano, sellando ,de este modo, su trágico final obligada por su otro deber para con la sociedad que representan los colonos enfermos. Su conciencia la hace aceptar su final sin titubeos, sabedora de que, al igual que Antígona, había sellado su final al sobrepasar las normas fijadas por el "poder". Son las leyes de la civilización y lo que aconseja la pura matemática, las frías ecuaciones.

Buena parte de la polemica que en un principio sustitó ésta narración viene dada por las acusaciones de plagio que lanzaron contra Godwin, ya que con anterioridad se habían publicado al menos dos historias muy parecidas a la que él cuenta. Por una parte existía un cuento similar titulado Una decisión de peso, escrita por Al Feldstein, aparecida en 1952 en Weird Science, que también exploraba la cuestión de la eliminación física de una mujer polizon para que el resto se salve; la segunda, escrita por C. E. Tubb en 1949, un año antes de dedicarse profesionalmente a la escritura, fue la primera en plasmar la situación de eliminar un tripulante para que los demás se salvaran.

Un relato de obligada lectura para todos los buenos aficionados. Fácil de encontrar en la red y rápido de leer. No os defraudará.

domingo, enero 23, 2011

MURRAY LEINSTER - Ataque desde la cuarta dimensión

El norteamericano Murray Leinster, pseudónimo del escritor William F. Jenkins fue uno de los máximos representantes de la literatura pulp de principios y mediados del siglo XX. Su nombre se asocia de manera indefectible  al grupo de escritores comandados por Campbell, que conformaron el núcleo de la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción, y a la revista Astounding, la más paradigmática de las publicaciones dedicadas a este tipo de relatos, aunque la trayectoria de Leinster como escritor comenzó mucho antes de que apareciera esta revista. El para muchos decano de la ciencia ficción, publicó su primer relato, The Runaway Skyscraper en 1919, siendo éste el punto de partida de una de las carreras más prolíficas en cuanto a la cantidad de relatos escritos, más de 1500, y un buen número de novelas, la mayoría dedicadas a la ciencia ficción, aunque también cultivó otros temas asociados a las publicaciones para adolescentes como el wester, el terror o el misterio. Entre los premios recibidos a lo largo de su dilatada trayectoria destacan el Hugo a la mejor novela corta por Exploration Team, editado en España por Vértice en la recopilación Explorador de planetas (1963), en el número 3 de la colección Galaxia, pudiéndose encontrar también en el número 36 de  la desaparecida revista Nueva Dimensión; asi mismo, recibió un retro Hugo en 1996 por la novela corta First Contact; ésta última se puede encontrar publicada en castellano en la editoral Caralt en la recopilación El planeta solitario (1980) o en el número 78 de la revista Nueva Dimensión.

A pesar de su amplia trayectoria y su buen hacer, Murray Leinster es hoy día un autor totalmente olvidado por editores y lectores. En nuestro país tan sólo los más veteranos aficionados a la ciencia ficción, forjados en la lectura de viejas colecciones como Nebulae, Cénit y Galaxia, entre otras, recuerdan sus obras. Leinster no fue un escritor virtuoso en cuanto al uso de las palabras o a la innovación en las formas literarias, pero sus historias siempre resultaban amenas y entretenidas gracias a la agilidad y dinamismo que sabía insuflarle a las tramas, a pesar de que éstas aparecen lastradas por lo que demandaban los lectores de las publicaciones pulp: aventuras sin tramas complicadas en exceso, sentido de la maravilla, paisajes oníricos alternados con otros dantescos y personajes sin demasiado fondo que sirvieran como héroes prototípicos para que el lector se sintiera identificados con ellos. A pesar del poco margen de maniobra que dejaban las apetencias de los lectores, Leinster aportó un buen número de ideas originales que abrieron nuevas puertas en el género de la ciencia ficción; por ejemplo fue el primero en ideal un intrumento comparable a lo que hoy día llamamos PC, y a una red de información similar a nuestro internet, tal y como aparece en Un lógico llamado Joe (1946), uno de sus relatos más famosos; otra de sus grandes aportaciones fue la de los universos paralelos, una idea que exploró en 1934 en el relato Sidewise in Time y que sería el eje sobre el que giraría la novela que hoy nos ocupa: The other side of here (1936), título adaptado aquí por la colección Nebulae en 1956 como Ataque desde la cuarta dimensión. La lectura de esta novela, sobre todo comparándola con Operación Terror (1962), de la que en breve escribiré una reseña, nos sirve para descubrir un buen número de características esenciales de la obra de Leinster. Pese a que la mayor parte de sus novelas pertenecen al space opera y trascurren en un futuro lejano, las dos que nos sirven de guía "ideológica y formal", por llamarlo de alguna manera, tienen como referencia temporal el presente y giran entorno a otro de los grandes paradigmas de la ciencia ficción: la invasión del planeta por parte de "extraterrestres".

En Ataque desde la cuarta dimensión, vio la por primera vez en el número de agosto de 1936 de la revista Astounding. El argumento es sencillo y transparente con la intención de ayudar a que el  lector se meta en la novela desde la primera página; la facilidad y la rapidez con las que Leinster presenta los personajes y la trama, apenas un capítulo, dan sobrada muestra de las tablas como escritor que ha ido adquiriendo con los años. En tan breve espacio de tiempo es capaz de ponernos al corriente sobre una misteriosa serie de muertes y despariciones de afamados hombres de ciencia que se van sucediendo por todo el mundo. La hija de uno de los científicos desaparecidos y el prometido de ésta serán los encargados de descifrar todos los enigmas que se les irán presentando y, como resultado y premio por todo este esfuerzo, salvar al planeta. Aparecen aquí algunas de las "señas de identidad" de Leinster: el protagonismo suele recaer en una joven pareja, con más peso en la acción para el hombre, eso sí, perteneciendo estos héroes a lo que podríamos llamar "gente corriente", nada de superhombres entrenados para acometer las mayores hazañas, sino buenos ciudadanos que al verse sometidos a una situación de peligro reaccionan de manera ejemplar. La descripción que hace del entorno es también esclarecedora en cuanto a los sentimientos nacionalistas de Murray y de su miedo por que la paz y estabilidad alcanzada por su país se vea alterada por una amenaza exterior: tanto en esta novela, en la que hace una descripción idílica de la pequeña población en la que viven los protagonistas, como en Operación Terror, cuyo escenario principal son los bucólicos bosques estadounidenses. En ambos relatos el autor deja entrever un temor, casi paranoico, a perder el estado de paz social que han reconquistados sus paisano tras vencer  las duras vicisitudes económicas heredadas de la caída de la bolsa en el 29, como es el caso de esta narración, o la sensación de estar en el punto de mira de la amenaza "roja" que se desató en los EEUU al finalizar la II Guerra Mundial, como se apunta en Operación Terror. Ese enemigo invisible con el que ha convivido la sociedad norteamericana durante buena parte del siglo XX, en forma de fascismo o comunismo, toma cuerpo en Ataque desde la cuarta dimensión de  manera repentina en forma de plaga bíblica: en distintas zonas del país los seres vivos comienzan a quedar petrificados, convertidos en estatuas de sal. Pero la realidad de lo que sucede está bastante alejada de manifestaciones de tipo sobrenatural, no es más que el resultado de una violenta invasión por parte de seres humanos, idénticos a nosostros, provenientes de una dimensión paralela, los cuales han hecho prisionero al científico terrestre que ha ideado la manera de crear puertas que conecten entre sí nuestra dimensión y la de los belicosos atacantes. La finalidad finalidad de los "invasores" no es muy compleja, puesto que su única aspiración es la de saquear todo lo que puedan y llevarse a las mujeres jóvenes para que les sirvan de esclavas sexuales, junto a los mejores científicos del planeta para que trabajen para ellos y les ayuden a dar un salto tecnológico que los saque del estancamiento industrial en el que están inmersos. En el conflicto que se genera la prensa nacional es presentada por Leinster como un aparato de propaganda al servicio del estado y de los gobernantes, al querer tapar la realidad de lo que ocurre y ocultar su incopetencia, culpando de los sucedido a un extraño virus que convierte los tejidos de los seres vivos en piedra; de igual manera, en Operación Terror, el gobierno y los medios de comunicación controlados por el aparato del estado también ocultan la realidad de lo que está ocurriendo, siendo en los dos casos la actuación individual de los personajes protagonistas las que anulan la amenaza y "salvan" a la humanidad, un guón que, por lo próximo a sus ideales, podría haber escrito el mismo Heinlein.
 
La manera en que Leinster presenta a los invasores en Ataque desde la cuarta dimensión, como unos pobres campesinos subyugados por las élites aristocráticas que los tiene sometidos, tiene un cierto parecido con la visión que muchos políticos e intelectules americanos tenían de la Europa del momento, 1936. Un contiente que se debatía entre el ascenso del fascismo y el peligro bochevique; por lo tanto, no es descabellado pensar, que los "invasores" que dibuja Leinster en sus obras, amenazando la paz y estabilidad del prospero pueblo americano, son el reflejo de la desconfianza que, de manera continuada, ha sentido la sociedad americana por todo lo que pueda llegar de fuera, sobre todo de Europa. Como último elemento representativo de las novelas de Murray Leinster, se debe citar su ironía y sentido del humor, sobre todo aplicado a algunos conceptos científicos de los que hace autentica mofa; por ejemplo, las armas con las que consigue derrotar al enemigo en ambas novelas con pequeños ingenios construidos con una batería de coche, una antena de radio y unos alambres; con unos elementos tan simples consigue resultados mágicos, como destruir blindados a distancia: un cachondo mental.

Pese a que Asalto desde la cuarta dimensión no es ni mucho menos la mejor obra de Leinster, tampoco la peor, si que es, a mi entender, la que mejor deja ver la manera de entender la literatura pulp por parte de uno de sus grandes maestros. Difícilmente una editorial apostará en un futuro próximo, ni lejano, por recuperar las obras de este genio olvidado. Aunque gracias a los nuevos e-readers, y a la facilidad que ofrece internet (ese lógico llamado Joe, que diría Leinster) para conseguir un buen número de obras de Leinster, seguro que muchos se animarán a conocerlo más de cerca. La experiencia vale la pena.

sábado, enero 15, 2011

ROBERT A. HEINLEIN - Consigue un traje espacial: viajarás

Consigue un traje espacial: viajarás es la duodécima y última novela de la serie juvenil que Heinlein publicó entre 1947 y 1958. Pese a que no dejan de ser novelas concebidas para el uso y disfrute de los adolescentes, como la mayoría del pulp anterior a la “era de Campbell”, se puede apreciar en estas narraciones la semilla de lo que serían las grandes obras del maestro Heinlein, quien junto a Asimov y Clarke, sin olvidar la labor editorial del propio Campbell, fueron responsables de la salida de la ciencia ficción del gueto literario en el que estaba recluido, legitimando el género y colocándolo en el lugar que merecía.


Las llamadas novelas juveniles estaban escritas por Heinlein con una doble intención: la lúdica, destinada a hacer pasar un buen rato con una lectura ligera y sin complicaciones y la didáctica que pretendía acercar la ciencia a los jóvenes, especialmente en esta novela que en diversos momentos se convierte en un manual del pequeño ingeniero espacial, y no lo digo como crítica negativa. Pese a la franja de edad a la que originalmente estaban destinadas estas obras obtuvieron un gran éxito entre el público adulto, hasta el punto de perder esa etiqueta juvenil en las múltiples reediciones que se han hecho de ellas con el paso del tiempo, considerándose algunas de ellas como piezas fundamentales de la bibliografía del maestro Heinlein. Una bibliografía que comenzó con el cuento Life line, publicado en 1939 en Astounding Sciencie-Fiction, el primero de muchos que sirvieron para hacerse un nombre entre los nuevos escritores de ciencia ficción,  gracias, en gran medida, a la importancia de las ideas de ámbito social con las que iba trufando sus escritos. Y aquí no entraré a valorar la ideología de las mismas, tan sólo el resultado literario de sus obras que, en su mayoría, forman parte de las más leídas e influyentes del género. Heinlein reflejaba sin pudor sus más profundos ideales en los personajes protagonistas de sus novelas, restándole a estos con más frecuencia de la deseada, identidad propia para convertirlos en altavoces de su ideario político. La construcción de estos personajes como trasuntos de su pensamiento iba en detrimento del resultado final de sus escritos, al mismo tiempo que le proporcionaba argumentos a sus detractores a la hora de menospreciar sus novelas, llegando a acusar a Heinlein de fascismo, racismo y apología de la guerra entre otras lindezas.

Pero dejemos ya la siempre inevitable polémica  que envuelve de manera perenne los escritos del maestro y vamos con lo que podemos encontrar entre las páginas de  Consigue un traje espacial: viajarás. El argumento se plantea de una manera directa  y sencilla en la primera línea del relato y parte de una idea muy simple: la inalterable decisión de un adolescente de viajar a la Luna. El lugar de la acción es Centerville en Estados Unidos, seguramente uno de esas pequeñas poblaciones en el Midwest que son el escenario ideal para las historias de ultratumba o de invasiones alienígenas típicas de las ediciones pulp; el tiempo en el que se coloca la acción en relación con en el momento en que fue escrito es en un futuro cercano, aunque hoy día ese futuro sería nuestro pasado más reciente.

La acción comienza cuando el pequeño Clifford “Kip” Russell le comenta a su padre que quiere ir a la luna. El padre, un antiguo espía del gobierno de los EEUU que dejó su “trabajo” por desavenencias con sus jefes (primer apunte de la ideología de Heinlein, a favor del individuo y el libre albedrío y proclive a  denuncia la tendencia de la sociedad y de los gobiernos a apartar a los libres pensadores que se salen del guión establecido). El padre acepta la idea de su hijo, siempre y cuando éste se procure por si mismo los medios para completar el viaje. En un principio el camino que debería seguir el pequeño Kip sería el del esfuerzo y la superación personal (nuevamente el ideario de Heinlein al poder) en el ámbito de los estudios. Y ese habría sido el camino a seguir, pero se produce un hecho inesperado: una empresa de detergentes organiza un concurso cuyo primer premio es un viaje a la luna con todos los gastos pagados. El joven Kip no gana, pero consigue uno de los premios de consolación: un verdadero traje espacial, eso sí, de segunda mano. Emocionado con su reciente adquisición, Kip comienza a reparar y poner a punto el traje espacial al que bautiza con el nombre de Oscar. Heinlein aprevecha esta parte de la narración para ilustrar al lector, a los que en el momento de escribir la historia suponía jóvenes adolescentes, sobre diversos elementos de física y matemáticas aplicados a la construcción de un elemento tan complejo como un traje espacial, no devemos olvidar la formación como ingeniero de Heinlein y de que estuvo trabajando precisamente en el campo de la fabricación de equipaciones que pudieran soportar condiciones extremas.

Una noche que Kip paseaba cerca de su casa enfundado en la equipación de astronáuta recibe un mensaje de socorro por la radio de su traje de alguien que se identifica como Piwi. En ese momento aterriza junto a él un “platillo volante” del que sale una niña que resulta ser Piwi, la hija superdotada intelectualmente de un famoso científico, y una pequeña criatura extraterrestre parecida a un marsupial, a la que llaman la Madre Cosa, que posee capacidades telepáticas para comunicarse con ellos. La bonhomía de esta simpática alienígena no era corriente en la literatura pulp, se trata, pues, de un antecedente de algunos argumentos que se darían con posterioridad en las que lo "exterior" no debía ser necesariamente un peligro; este elemento contradice a los que tan sólo ven en la obra de Heinlein elementos xenófobos y racistas, en concreto, este recurso del aliénigena superior intelectualmente lo utilizó con anterioridad en Rebelión en el espacio (1949), novela en la que aparece un ser de origen marciano que comparte muchas características con la Madre Cosa. Volviendo a las aventuras de Piwi y Kip, los chicos no tardan en ser capturados por un horrible extraterrestre al que llaman “Cara de gusano” y sus dos lacayos humanos. Los captores llevan a la luna a sus tres prisioneros, ante la sorpresa de Kip, que ve cumplido su sueño de viajar a la Luna, aunque le hubiera gustado que fuese en circustancias más propicias.

Gracias a su ingenio, los jóvenes y la Madre Cosa consiguen escapar de la nave en la que estaban retenidos y emprenden un "paseo lunar" en dirección a una base científica cercana donde esperaban ser rescatados y puestos a salvo; pero tras muchas peripecias no conseguirán su propósito y volverán a ser capturados de nuevo. En esta ocasión serán llevados a una base secreta que tienen en Plutón raza de seres a la que pertenece “Cara de gusano”, unos seres malignos que incluso se alimentan de carne humana para mayor horror de los prisioneros. De nuevo consiguen escapar colaborando entre ellos en la preparación de una bomba y en la construcción de una baliza que mandaría una señal para ser rescatados. Poco a poco Kip empieza a comprender que, pese a su aspecto de animal doméstico, la Madre Cosa es un ser muy inteligente y poderoso que, como más tarde sabremos, pertenece a una organización policial que actua por todo el universo. Después de ser rescatados por los compañeros de la Madre Cosa, Kip y Piwi son trasladados a un lejano mundo en el que presenciarían el juicio a la raza de los seres con cara de gusano que los habían capturado. Los malvados alienígenas son juzgados por un tribunal compuesto por seres de diversas razas, la sentencia a la que son condenados es la destrucción de su planeta de origen.

Para su sorpresa los siguientes en ser juzgados serían Kip, Piwi y la raza humana. El tribunal determina que constituyen un peligro para el resto de razas del universo al ser potencialmente peligrosos, pero la intervención de la Madre Cosa, quien considera a la humanidad una raza que apenas está en la infancia de su existencia, suaviza la sentencia que les sería aplicada y se considera que hay que concederles más tiempo para que maduren, acondárdose la celebración de un nuevo juicio para dentro de varios miles de años. Momentos después los dos jóvenes son devueltos a la Tierra con sus familias.

Bajo mi punto de vista, el acercamiento a esta novela de Heinlein debe hacerse desde la curiosidad por descubrir las fórmulas empleadas en la construcción de historias de ciencia ficción en un momento en el que este tipo de narrativa era fundamentalmente una mímesis de otros géneros menores, como el wester o el policiaco, a los que se les colocaba en un escenario futurista, añadiendo malvados seres de extrañas y repulsivas formas. Consigue un traje espacial: viajarás,  escapa a la vulgaridad gracias al buen hacer de Heinlien, que consigue dotar la obra de un ritmo trepidante, pese a los momentos de lucimiento científico, gracias a la inteligente combinación de humor y acción. Hoy día sería difícil que una reedición de esta obra tuviera éxito, el género de la ciencia ficción ha cambiado mucho, se ha vuelto más maduro y complejo. Una historia de aventuras juveniles como la presente tan sólo es aconsejable para los incondicionales de Heinlein, y para todos aquellos que les guste explorar la prehistoria del género a la vez que le saca partido a los e-readers adquiriendo, por los métodos tradicionales, obras descatalogadas  a las que  es imposible acceder de otra manera. En concreto, la obra que nos ocupa se encuentra con facilidad en la edición en castellano que hizo Ediciones Dronte hace años.
  
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