jueves, septiembre 20, 2012

H. P. LOVECRAFT - El color que cayó del cielo

 El color que cayó del cielo (1927) es uno de los mejores y más afamados cuentos escritos por Lovecraft gracias a su medida y acertada mezcla de ciencia ficción y terror. Dos géneros hermanos que se desarrollan en perfecta simbiosis bajo la magistral batuta del genio de Providence, proyectándose sobre el lector con la fuerza añadida de un barroco lenguaje hiperadjetivado que en este caso no es un superfluo elemento ornamental, sino un recurso imprescindible para poder describir con precisión de cirujano la sutileza que representa elevar el mayor de los horrores cósmicos a un color, una criatura extraterrestre que está más allá de la compresión humana  y que devora de manera implacable la razón y la vida de una familia de campesinos de la Norteamérica profunda, convirtiendo la tierra, la vegetación y la fauna del lugar en un retrato impresionista en el que las formas se diluyen ante la supremacía de los colores. En El color que cayó del cielo, el horror se define en forma de elementos cromáticos, una innovación literaria en el género de terror que tuvo una excelente recepción por parte del público, trascendiendo desde el ámbito literario al cinematográfico, incluso al televisivo, con diversas versiones y reinterpretaciones que lo han convertido en un tema clásico de la ciencia ficción y el terror, casi en un género en sí mismo.


El relato vio la luz por primera vez en el número de septiembre de 1927 de la mítica y pionera Amazing Stories, comandada en sus inicios por Hugo Gernsbanck, otro de los nombres míticos de la ciencia ficción y de los pulp americanos. Amazing, al igual que Weird Tales o Astounding, fueron algo más que un soporte para publicar relatos de terror o fantasía, fue el medio a través del cual se pusieron en contacto los primeros fans de este tipo de literatura, creándose lo que hoy llamaríamos una “red social” en la que compartían intereses y proyectos una pléyade de jóvenes escritores y de aficionados, logrando muchos de estos últimos dar  el salto a la categoría de autor gracias a la ayuda de las plumas ya consagradas en el mundillo pulp. De aquí surgirían vocaciones que llegarían a buen puerto, como la de Catherine L. Moore o Robert Bloch, y amistades duraderas como las que el propio Lovecraft cultivaría con genios como Robert E. Howard o Clark Ashton Smith, entre otros; pero si tenemos que destacar un "imitador" de la obra de Lovecraft en particular y de este relato en particular, hay que señalar a Henry Kuttner y su obra La criatura de allende el infinito (1940), editado recientemente en nuestro país por La Biblioteca del Laberinto como parte de la recopilación La criatura de allende el infinito y los relatos lovecraftianos. En esta obra Kuttner, al igual que Lovecraft, describe el mal como una entidad procedente de lo más recóndito del espacio exterior, algo vivo que no responde a las leyes generales de la física que absorbe de manera horrible la vida de todo tipo de seres vivos. En ambos casos, las extrañas formas de vida alienígena se presentan como seres que están más allá de una descripción  convencional; en el caso de Kuttner el mal es "una niebla anormalmente espesa" que acaba conviertiendo a las personas en "momias chamuscadas", mietras que Lovecraft lo describía como "un color frío y húmedo, pero que quema"

La génesis de The Colur Out of Space, escrito entre El caso de Charles Dexter Ward y los retoques finales del ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, hay que situarlo en la inspiración que el propio Lovecraft dijo recibir al contemplar la construcción del embalse de Scituate en Rhode Island; teniendo como base una experiencia que, a la mayoría de los mortales nos parecería totalmente intranscendente, la imaginación de Lovecraft tomo cuerpo en forma de un nuevo tipo de terror en forma de color y se transforma en la voz narrativa que nos cuenta en primera persona los hechos que tuvieron lugar en un lúgubre paraje de Arkham, la ciudad imaginaria plagada de horrores que por derecho propio se ha ganado un lugar de mérito entre otras creaciones literarias como la Macondo de G. B. Márquez o el  ficticio condado de Yoknapatawpha que Faulkner utilizó como escenario para sus personajes.

El relato nos llega a través de un joven ingeniero encargado de realizar una serie de estudios del terreno en el que se tiene previsto construir un embalse. En uno de los reconocimientos que hace del lugar encuentra una zona extrañamente árida a la que los lugareños evitan. El lugar, conocido como el "erial maldito", es un paramo desolado en el que la vegetación no crece y el suelo presenta una rara tonalidad grisácea. Intrigado por la mortecina apariencia del lugar, el joven pregunta a un anciano del lugar, de nombre Ammi Pierce. El lugareño, a pesar de las reticencias iniciales, lo pone en antecedentes de los hechos que convirtieron la zona más fértil del lugar en el lugar de pesadilla en el que se ha convertido, y cómo los Gardner, la familia de campesinos que explotaban felizmente el lugar, tuvieron un final mucho peor que la muerte atacados por la locura y un extraña enfermedad que les deshacía la carne. Ammi cuenta cómo empezó todo el día que un meteorito cayó en las inmediaciones de la granja en el ya lejano año de 1882, cuando el viejo Ammi Pierce todavía era un hombre joven y fuerte. El extraño meteorito se comportaba de una manera extraña: no se termina de enfriar y  los análisis que le son realizados por tres científicos provenientes de la Universidad de Miskatonic (otra de las invenciones de Lovecraft) arrojan más misterio al asunto al no lograr equiparar el material que compone la roca del espacio con un material conocido. Nahum Gardner, propietario de la granja, fue  el primero en encontrar el meteorito, creyendo ver en un primer momento como extraño ser o color imposible de definir abandonaba la roca ígnea caída del cielo y se escondía en el cercano pozo de la granja.



Al año siguiente, con la llegada de la cosecha, comienzan a suceder una serie de extraños acontecimientos en la zona, teniendo su epicentro en la granja de la familia Gadner: los cultivos crecían de manera espectacular, como no lo habían hecho nunca , brillando extrañamente en la oscuridad al igual que la vegetación que circunda la zona próxima al pozo. Los frutos que nacían en las plantas tenían un tamaño desmesurado, previendo una cosecha espectacular, pero no los podían vender porque se pudrían y despedían un olor nauseabundo. Poco después la esposa de Nahum y sus hijos enloquecen y mueren de manera horrible por efecto de beber el agua del pozo; los animales de la granja y la fauna salvaje de la zona, sufren extrañas mutaciones y se vuelven violentas; incluso los árboles parecen cobrar vida presos de un instinto homicida que les hace dirigir sus ramas hacia todo aquel que esté próximo a ellos. Ante la gravedad de los sucesos que descubre, el ingeniero abandona la zona sin terminar el trabajo que le fue encomendado, dejando tras de sí la certeza de que aquello que provocó tal horror todavía permanece oculto en el pozo de la granja, alimentándose de la propia zona que, a cada año que pasa, crece un poco más, aumentando la desolación a una zona más amplia del terreno.

En sí, el relato presenta varios de los temas recurrentes de Lovecraft: la imposibilidad de escapar al destino que en este caso representa el desconocido horror procedente del espacio y la insignificancia del hombre en un universo que desconocemos por completo, expuesto a los caprichos y designios de la maldad de seres infinitamente superiores a la débil raza humana. Con trabajos como el presente, Lovecraft marcó un camino propio dentro del género de terror, apartándose de los trillados temas del vampiro, fantasma de todo tipo y satanismo al incorporar elementos hasta entonces tratados como elementos de ciencia ficción. En resumen, que por lo breve del mismo, siempre es recomendable volver de tanto en tanto a repasar un clásico fundamental de la literatura del terror y la ciencia ficción como es El color que cayó del cielo y compararlo con los infumables ladrillos sobre vampiros amanerados y zombis andrajosos que hoy día compone la "moderna" literatura de terror.

viernes, junio 29, 2012

PHILIP JOSÉ FARMER - El Dios de Piedra Despierta

La irrupción de Farmer en el mundo de la ciencia ficción fue espectacular gracias a la celebrada Los amantes (1952), novela corta publicada en Starling Stories con la que se hizo acreedora al Hugo al escritor más prometedor. Farmer no tardó mucho en confirmar las grandes expectativas que sobre él se habían hecho con relatos como Madre (1953) o novelas más tardías como Noche de Luz (1966), en las que da cumplida muestra de su capacidad para revertir preceptos que mantenían encorsetado al género dentro de un anticuado puritanismo, proponiendo novedosas y fascinantes ideas. Pero no tardó Farmer en iniciar  un sonoro declive en su producción, cada vez más inclinada hacia lo comercial, con novelas de aventuras con ligeros toques de ciencia ficción seriadas en sagas como la conocida Mundo de los Niveles, de la que tan sólo son aprovechables su primera entrega, El hacedor de Universos (1965), y, en menor medida la segunda, Los Pórticos de la Creación (1966), todas ellas incluidas dentro de una fase de experimentación que daría como resultado final la que sería su obra más famosa (que no mejor en mi modesta opinión): la saga del Mundo del Río. De entre todas estas obras menores, con la que más he disfrutado es, sin duda, El Dios de Piedra Despierta (1970), editada por Dronte en nuestro país y que, una vez descatalogada desde hace tiempo, se puede encontrar con facilidad en la red, perfectamente formateada para su disfrute en e-reader.

El jefe de la tribu wufea pone a su hija Awina al servicio del renacido Dios; la felina joven enseña las costumbres y la lengua de los wufeas a Ulises estableciéndose entre ellos una relación que apunta con ir más allá de una buena amistad, por lo que durante un momento parece que estamos ante un Farmer dispuesto a adentrarse de nuevo en los caminos que exploró con Los amantes (1952), lamentablemente la intención no cuaja y nos tenemos que conformar con una relación afectiva entre miembros de distintas razas (tema recurrente en la obra de Farmer), como ya hizo en otras novelas de temática parecida como por ejemplo Dare (1965). El argumento y características de la novela es un calco del utilizado por Farmer en otras de igual temática: el protagonista es “lanzado” a otro mundo o dimensión (en este caso aparece en un lejano futuro) en el que vivirá una serie de aventuras a cada cual más emocionante en un entorno de gran exotismo poblado por seres mitológicos o híbridos de animales o humanos creados por una entidad o civilización muy avanzada. En esta ocasión, el héroe de turno es Ulises Singing Bear, un científico estadounidense de etnia nativa americana (vamos, lo que viene siendo un indio) que, en la década de los 50’ del siglo XX, queda petrificado en un experimento fallido sin que la ciencia de la época puediera volverlo a su estado natural. Ulises es “descongelado” millones de años en el futuro al recibir accidentalment un rayo durante una tormente, desoertabdi en un extraño mundo en el que es adorado como una deidad por los wufeas, unos seres mitad humanos y mitad felinos que parecen vivir con una tecnología y costumbre parecida a la del neolítico en las culturas de las Grandes Praderas de Norte América. Ulises, que al igual que su homónima creación homérica, quiere volver a su lugar de procedencia, por lo que acepta su condición de Dios entre los wufeas con el fin de obtener información ´til que le permita regresar con los suyos.

Ulises no pierde el tiempo y, gracias a sus conocimientos técnicos, enseña el uso del arco y la pólvora a sus “súbditos”, emprende a continuación con ellos un proceso de expansión militar con lo que unifica buena parte de lasvecina tribus de hombres-felino, organizando a continuación una expedición para conocer qué o quién es el tan temido Wurutana del que hablan con temor los wufeas. En la expedición los acompaña Ghlij, un hombre murciélago que alquila sus servicios a las tribus de la zona para que haga de mensajero o de explorador aéreo. Wurutana el Todopoderoso es una enorme entidad vegetal, un árbol que tiene varios miles de metros de altura y que se extiende por cientos de kilómetros, incluyendo en sus ramas caudalosos ríos, lagos, incluso bosques, marismas o pantanos sobre su propia "anatomía". El sentido de la maravilla aparece por el esplendor y explosión de vida del árbol gigante sustentador de otros tipos de vina vegetal y animal a la que da cobijo, incluyendo a multitud de razas humanoides como hombres-leopardo o monstruosos hombres-oso (un episodio paracido al del Ulises de la Odisea con Polifemo) con los que tienen que guerrear durante su exploración del gran árbol Wurutana. Después de atravesar de punta a punta el gran árbol llegan a zonas habitadas por humanos descendientes de primates y de hombres-elefante que dominan una tecnología muy avanzada, de origen vegetal, heredada de una antigua civilización perdida. Ulises tiene acceso a ciudad subterránea sobre la que se han instalado los hombres-elefante, en la que se le muestra el proceso que la humanidad y la Tierra han pasado desde que el fue convertido en piedra.

Ulises ayuda a los hombres-elefante, en constante conflicto con Wurutana y sus servidores, entre los que se encuentran los malvados hombres murciélago, a preparar una flota de dirigibles con los que atacar al Gran Árbol. El resultado es una parte final de la novela que es un continuo de batallas aéreas entre dirigibles y hombres-murciélago y escaramuzas entre los vericuetos y oquedades de la enorme entidad vegetal hasta que Ulises consigue llegar a comunicarse directamente con Wurutana. El final de la novela es abierto, con lo que Farmer dejaba entrever que El Dios de Piedra Despierta era el inicio de otra de sus muchas sagas de aventuras; afortunadamente, por el bien de esta novela, desecharía la idea. Y es que Farmer tenía un don especial para crear mundos de fantasía y poblarlos con arquetípicos personajes que vivían en una continua aventura, pero la repetición del mismo argumento y lo poco que aportaban las nuevas entregas de las series terminaban por malograr la saga entera.
Como la mayoría de la producción que Farmer hizo a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, El Dios de Piedra Despierta, sin ser una maravilla de originalidad y alarde literario, es una buena novela de aventuras. Fallida si lo que pretendió fue hacer un revisión de la Odisea en clave ciencia ficción, la verdad es que no le salio muy bien, pero bueno, tampoco se lo vamos a tener en cuenta al bueno de Farmer después de los buenos ratos que nos ha hecho pasar con sus creaciones.

lunes, junio 25, 2012

ERIC FRANK RUSSELL - Tres que Capturar


El británico Eric Frank Russell es otro de los buenos autores de ciencia ficción que publicó en la mítica revista Astounding Science Fiction a las órdenes del no menos mítico editor John W. Campbell. De su producción destaca, a parte de la estupenda Barrera Siniestra (1939), el relato Allamagoosa (1955), con el que ganó el prestigioso premio Hugo a la mejor historia corta en 1955. Al año siguiente publicó la novela que ahora nos ocupa, Tres que Capturar (1956),publicada originalmente en Astounding con el título Call Him Dead, y editadacon posterioridad en España por Cenit Ciencia Ficció. Actualmente se puede recuperar gracias a la facilidad con que se accede en la red a archivos de ésta novela perfectamente formateados para su lectura en e-readers. Ya desde el principio, la novela de Russell sorprende por su capacidad de atrapar al lector pese a lo añejos que hoy día nos parecen los fundamentos sobre los que se ha construido la trama de Tres que Capturar. Una novela influenciada, sin duda, por Campbell, obsesionado con los poderes psíquicos –en los que creía fervientemente– como demuestran el gran número de relatos con personajes poseedores de poderes telepáticos que se publicaron en Astounding.


Tres que Capturar es un buen acercamiento a las características argumentales y técnicas de la obra de Eric Frank Russell, marcadas -como las de tantos otros artesanos de las letras que forjaron la Edad de Oro de la Ciencia Ficción con imaginación, inteligencia y buen hacer- por la situación política y social que representó la Guerra Fría y la “caza de brujas” que se desarrolló entre los intelectuales y progresistas del bloque occidental en los años 50’. Y es que en esta novela no faltan elementos de análisis y debate, nada de extrañar si tenemos en cuenta que sus referencias más directas son nada más y nada menos que Amos de Títeres (1951), una de las novelas más importantes del maestro Robert A. Heinlein o Los ladrones de cuerpos (1955) de Jack Finney, obras que introdujeron el tema de la “parasitación” en forma de alienación política, en un contexto de paranoia colectiva en la que vivía la sociedad americana en plena Guerra Fría. El tipo de invasiones que plantean estas novelas funcionan como una parábola de la traición de los valores de occidente por parte de aquellos que se habían acercado a un tipo de ideologías contrarias al capitalismo y próximas al comunismo que se predicaba desde el otro lado del "Telón de Acero" soviético.

Políticas aparte, y centrandonos en el argumento de la novela de Russell, se nos cuenta una trepidante historia en la que la Tierra tiene que defenderse de una invasión de alienígenas del planeta Venus. Lo peculiar de la invasión, es que los alienígenas son pequeños virus que infectan a los humanos, poseyéndolos y dominando su voluntad de manera similar a las babosas ideadas por Heinlein para Amos de Títeres; en este caso, los invasores llegan a la Tierra en el cuerpo de los tres astronautas que componen la tripulación de una misión secreta que el gobierno de los Estados Unidos ha enviado a Venus. Allí, los terrestres son "invadidos" por una forma de vida parasitaria, aunque muy inteligente que tiene la intención de utilizarlos para llegar a la Tierra y extenderse por el planeta poseyendo a todo humano que se les ponga por delante. Desafortunadamente para ellos se topan con un singular humano, Wade Haper, un empresario que se dedica a la construcción de micro-herramientas técnicas muy especializadas que, además,  es poseedor de unos sorprendentes poderes telepáticos, capaces de detectar a los alienígenas, sin olvidarnos de su pintoresco físco (es más ancho que alto debido a su corta estatura y su enorme corpulencia, que unido a el abundante pelo que adorna su cuerpo lo hace parecer más un mono que un hombre).

Además de funcionar como una novela de primer contacto , Tres que capturar incluye influencias asimiladas del género bélico y de la novela de detectives contemporánea, convirtiéndose en una adictiva novela que combina a la perfección dos argumentos recurrentes del género de la ciencia ficción: las invasiones extraterrestres y la alienación del individuo, mezclada con gran acierto con elementos policiacos y de misterio; de esta manera, Russell, al añadir a su estilo directo y sin florituras un ritmo narrativo que utilizaba como elemento para captar la atención del espectador una continua suma de enigmas que enriquecía la trama, dotaba a la narración de una dinámica que mantiene pegado al lector a sus páginas pese a la total ausencia del sentido de la maravilla, uno de los artificios más utilizados por los autores para  captar la atención de sus lectores. Aquí no hay ningún efecto maravilloso, ni exóticos paisajes extraterrestres, ni naves espaciales o inteligencias artificiales que rivalicen con la humana, en Tres que Capturar los extraterrestres son como nosotros los humanos, es más, ¡¡¡somos nosotros!!!

Russell, desde la primera línea juega con las expectativas del lector subvertiéndolas una y otra vez; por ejemplo, ante la aparición de Wade Harper, nos parece estar ante un personaje poseedor de talentos excepcionales que lo aíslan de sus semejantes y lo convierten en una potencial amenaza para la humanidad, sobre todo cuando parece asesinar a sangre fría a una joven con la que se cruza por la calle; sin embargo, Wade resulta ser un “mutante” con poderes psíquicos que le permiten leer (impunemente) el pensamiento de los que lo rodean y que saca partido a estos poderes ayudando a la policía y al F.B.I, en la resolución de los casos más complicados. Wade es un outsider, alguien que se mueve en la periferia de las normas sociales, apartado de los convencionalismos de una sociedad a la que contempla desde fuera; se le puede comparar con el arquetipo individualista que puebla las novelas de Heinlein, un  personaje al margen de la sociedad que escapa al control del gobierno, siendo esta huída y crítica al poder y a la burocracia otra de las características que se repiten en muchas de las obras de Russell, a menudo en forma de sátira como en Barrera Siniestra (1939) o Avispa (1957).

En resumen, Tres que Capturar es una novela que merece la pena ser leída por lo bien construida que está, gracias a lo cual el tiempo la ha tratado con la delicadeza necesaria para que medio siglo después de ser escrita conserve momento de gran frescura que proporcionan una lectura más que agradable.

jueves, junio 21, 2012

PHILIP JOSÉ FARMER - Dare

Podríamos abordar esta novela de Farmer discutiendo sobre su pertenencia o no al género de la ciencia ficción. En realidad, buena parte de su obra está muy alejada de los convencionalismos en los que a menudo cae el género y que se fundamentan en extrapolaciones científicas o sociales. Dare (1965)  entra de lleno en un tipo de literatura de aventuras ambientadas en escenarios con pequeños elementos propios de la ciencia ficción que, en realidad, son totalmente prescindibles sin que se altere lo más mínimo el argumento; Farmer, tomó un camino literario que lo aproxima mucho a otro grande de la ciencia ficción como es Jack Vance, autor de entre otros títulos de especial relevancia de El Planeta Gigante (1952) o El Ciclo de Tschai (1968-1970), un camino considerado menor por muchos puristas; pero lo que no podemos poner en entredicho es la influencia que la obra de Farmer ha tenido dentro del género gracias a la enorme capacidad narrativa que atesoraba y que alimentada con el inagotable torrente de su imaginación, dando como resultado un buen número de historias que hicieron, y hacen, las delicias de varias generaciones de lectores. Dare (1965), es una novela menor dentro de la producción de Farmer; como muchas otras  no es más que una preparación para lo que sería su obra magna: la serie del Mundo del Río (1971-1983). Entre esas novelas de preparación se pueden incluir junto a Dare la recomendable El Dios de piedra despierte (1970), la irregular Mundo Infierno (1964), la entretenida Los Pórticos de la Creación (1966), o la soberbia   El Hacedor de Universos (1965),  primera de la  saga de El Mundo de los Niveles (1965-1993).

En todas estas novelas escritas a medio camino entre la fantasía y la ciencia ficción, aparecen una serie de elementos comunes que sirven a Farmer como excusa para desarrollar todo tipo de aventuras en escenarios de desbordante exotismo. Estos paralelismos dejan bien a las claras que sus influencias literarias proceden de los grandes maestros del Pulp americano como Edgar Rice Burroughs, Abraham Merritt, Robert E. Howard o Henry Kuttner; de ellos saca el arquetipo masculino que protagoniza sus obras: un tipo de hombre en el que se encarnan todas las virtudes morales y físicas que corresponden a los iconos de la cultura popular en los que se inspiran (Tarzán, Conan…); en sus novelas, los héroes creados por Farmer son proyectados a otros mundos, ya sea secuestrados por una entidad superior o extraterrestres, o bien a otras dimensiones mediante alguna puerta secreta o un objeto de extraños poderes; en estos mundos de fantasía, el protagonista, se las tiene que ver con seres míticos que han creado grandes civilizaciones poseedoras de tecnología que se confunde con la magia y a estos seres con dioses, como por ejemplo los Éticos, unos enigmáticos extraterrestres que crearon el Mundo del Río y resucitaron a todos los humanos que existieron a lo largo de la historia o los Arra que en Dare se dedicaban a secuestrar seres de distitnos planetas para sus experimentos; la manipulación genética para conseguir híbridos entre seres humanos y animales de distintas especies es otra característica común a todas estas obras de aventuras ambientadas en entornos bizarros, sin olvidar las diversas alegorías de la religión que crea Farmer en sus obras entre críticas y ataques a todo tipo de dioses superiores que todo lo gobiernan con mano de hierro.

El argumento de Dare se inspira en la desaparición de la colonia de Roanoke en Virginia, una de las primeras colonias inglesas en América fundada en 1587, lugar en el que estaba documentado el nacimiento de la primera niña blanca en América del Norte, a la que se llamó Virginia Dare. Farmer extrapola la extraña desaparición de esta colonia de pioneros, que sucedío en la realidad, a una abducción extraterrestre por parte de los Arra -una avanzada civilización que acostumbraba a raptar especímenes de otras especies para hacer experimentos genéticos y sociales con ellos- por la que el grupo de 117 colonos de Roanoke, junto a la tripulación y pasaje de un barco y una caravana de esclavas que transitaba por  tierras de oriente son trasladados a un lejano planeta. Farmer retoma la historia cinco siglos después de la llegada de los terrestres al lejano planeta, al que llaman Dare en honor a la primera niña nacida en Roanoke. La falta de minerales como el hierro ha hecho que la evolución de los terrestres no haya avanzado mucho, manteniéndose en un estado tecnológico parecido al que tenían cuando llegaron. La civilización resultante de la interacción entre los distintos grupos abducidos dio como resultado  una sociedad agrícola y ultracatólica, cargada de prejuicios contra el resto de especies inteligentes con las que comparten el planeta, entre estas especies se incluyen unos enormes seres reptilescos, bípedos de aspecto cánido, grandes mamíferos parecidos a bovinos terrestres, aunque de mayor tamaño, adornados con un gran cuerno en la cabeza, entre otros, a los que la tradición y mitología importada de la Tierra los asocia con dragones, unicornios, hombres-lobos, etc.

De entre todas las especies que los humanos encuentran en Dare, la más inteligente son los Wiyr, llamados despectivamente Horstels por los humanos (nombre compuesto de horse-caballo– y tail -cola, por la gran cola de caballo de color rojizo que cubre la parte central de su espalda). Los horstels, que tienen una apariencia física muy similar a los faunos y sátiros de la mitología clásica, viven en perfecta comunión con la naturaleza, conocen todas las plantas y animales del planeta; son seres de enorme sensibilidad y amantes de la paz que desde la llegada de los terrestres a Dare han sido perseguidos y esclavizados por estos que los consideran como animales cuya única utilidad es la de esclavos. El argumento de la novela gira en torno a la relación de amor que une al joven Jack Cage, hijo de un importante granjero, y a R’li, la hija de un jefe horstel, una relación considerada antinatura por la beata y racista sociedad de Dare, que no duda en castigar con la muerte las relaciones sexuales entre ambas razas; la historia de amor entre Jack y R'li se va entrecruzando con la intolerancia protagonizada por parte de los humanos más ricos, apoyados por el gobierno, para poner en marcha una guerra de genocidio contra los horsterls. 

Hasta aquí la novela trascurría por unos cauces más que correctos, con un buen ritmo narrativo, emoción, intriga, aventuras, seres exóticos, etc. Pero hacia la mitad empezó a decrecer cambiando de manera sorprendente el protagonismo de la historia de amor entre miembros de dos razas enfrentadas por uno bélico en el que una de las naciones humanas del planeta Dare, que ha progresado tecnológicamente de espaldas al resto, empieza una guerra de expansión y dominio sobre el resto, acelerando la narración que pasa a ser una sucesión de hechos atropellados y mal contados que culmina con la llegada de una expedición terrestre al planeta Dare.

Como punto final, no podemos pasar por alto las enormes similitudes que hay en Dare con argumento, protagonistas, incluso escenas de la película Avatar; de igual manera, en otras novelas de Farmer de igual temática que la presente, como por ejemplo en El Dios de Piedra Despierta, en la que aparece la figura del árbol-madre que cobija y da sustento a varias razas, por lo que, una vez leída buena parte de la producción que Farmer dedicó a recrear aventuras bizarras en mundos de fantasía, no me queda la mejor duda de que el guionista que hizo posible Avatar ha sido un lector incondicional de Farmer, de eso no cabe duda.

martes, junio 19, 2012

H. BEAM PIPER - Vikingo Espacial

H. Beam Piper fue un autor tardío. Su primer relato, Time in Time Again (1947), publicado por Astounding Science Fiction, vio la luz cuando había rebasado con holgura los cuarenta años. Si a esto le unimos que su carrera terminó de manera prematura al suicidarse por, al parecer, problemas económicos, podemos pensar que nos encontramos ante un gran talento malogrado para la ciencia ficción. Más allá del puñado de relatos y novelas que Piper nos dejó, su principal legado es la enorme capacidad para crear caminos que otros escritores recorrerían dando vida a los maravillosos mundos de ficción que surgieron de su fecunda imaginación. A pesar de que es un total desconocido en nuestro país, para muchos de los talluditos lectores de lengua inglesa que se iniciaron en el género en plena Edad de Oro de la Ciencia Ficción, Piper, es uno de los autores de culto que más pasiones levanta todavía. Y como muestra a esta devoción no podemos perder de vista como el propio John Scalzi, uno de los valores en alza entre la nueva generación de escritores de ciencia ficción norteamericanos, ha llegado a rescribir Little Fuzzy (1962) -editado en nuestro país como Encuentro en Zarathustra-, uno de los grandes éxitos de Piper, actualizándola con ligeras modificaciones respecto al original, para ser publicada con el título de Fuzzy Nation (2011), editada aquí por Minotauro con el poco afortunado título de El visitante inesperado. Junto a Scalzi, existen un buen número de autores menos conocidos que han continuado escribiendo secuelas de su adorado Piper, por ejemplo la serie-secuela escrita por John F. Carr y Mike Robertson que se inica con The Last Space Viking o la escrita por Terry Mancour que ha visto publicadas sus dos primeras entregas durante el 2011 con los títulos de Prince of Tanith y Princess Valerie's War, estando anunciada para el presente año la tercera parte de esta trilogía que llevará por título Odyssey Trask.

Esencialmente,Vikingo Espacial (1963) es una novela de aventuras que gira en torno a la venganza. No se puede decir que sea un prodigio de originalidad, pero tenemos que poner en su contexto temporal el momento en el que Piper escribe sus relatos y novelas; un momento marcado por la política editorial que Campbell imponía con mano de hierro a los escritores que estaban bajo su batuta; de esta “interacción” entre editor y escritores surgieron un buen número de obras que, como en Vikingo Espacial, tenían la premisa fundamental de proporcionar al lector aventuras y acción a raudales. Y Piper cumplía de sobras con los consejos de su editor, aunque el momento en el que lo hacía ya empezaban a soplar nuevos aires en la ciencia ficción que la perspectiva del tiempo llamó New Wave. Este deambular contracorriente de Piper, empeñado en crear universos de fantasía y héroes bizarros cuando la realidad del género iba por otra parte terminó de cargar la pistola que acabó con su vida en 1964, un año después de escribir Vikingo Espacial y de abrirle con su creación la puerta de la ciencia ficción a varias generaciones de lectores y de escritores.
 Pero vayamos a lo que importa. Decíamos que Vikingo Espacial era una historia de venganza que cuenta las peripecias de Lucas Trask, un joven aristócrata que ve como en su boda con la noble Elaine irrumpe a sangre y fuego un grupo de mercenarios al mando de Andray Dunnan, un antiguo pretendiente de la prometida de Trask; Dunnan  hiere gravemente a Trask y asesina a Elaine, robando a continuación la nave Enterprise, la más moderna y poderosa construida hasta la fecha en los Mundos de la Espada, una confederación de planetas llamados así porque adoptaron nombres de espadas legendarias. Estos mundos fueron colonizados por un grupo de refugiados del bando perdedor de una guerra civil ocurrida siglos antes en el seno de la Federación Terran. Una vez derrotados, los insurgentes fueron condenados a exiliarse fuera de las fronteras de la Federación; este grupo colonizó el planeta Excalibur desde el que se expandieron y crecieron formando una organización feudal bajo el control de familias de nobles que con frecuencia mantenían sangrientas disputas entre ellos. A pesar de su aislamiento y de la inestabilidad política lograron conservar la tecnología que les permitía los vuelos espaciales. Los Mundos de la Espada, al volver a tener contacto con las antiguas posesiones de la Federación, descubren que estos mundos colonizados por los humanos en una pasada etapa de esplendor y expansión por la galaxia han perdido buena parte de sus conocimientos tecnológicos, incluidos los de fabricar armas de gran poder y vehículos capaces de viajar entre las estrellas, habiendo retrocedido a distintos tipos de barbarie, lo que aprovechan los aristócratas de los Mundos de la Espada para atacarlos de manera indirecta mediante la utilizando de grupos de mercenarios con patente de corso a los que llaman vikingos del espacio con el fin de expoliarlos de riquezas y materias primeras.

Una vez recuperado Lucas Trask de las heridas recibidas y, enterado de la muerte de su prometida, pone todo su empeño en vengarse de Andray Dunnan; venderá su patrimonio y renunciará a su título nobiliario para poner a disposición del almirante Harkaman, uno de los más reconocidos vikingos del espacio, la Némesis, la nave gemela de la Enterprise con el fin de atrapar a Dunnan y desbaratar los planes de éste, que ya no pasan por atacar antiguos mundos de la Federación, sino por conquistar Marduk, el planeta en el que se concentra el peso en tecnología y recursos de los Mundos de la Espada. Con este sencillo argumento Piper va hilando un entretenido space opera que avanza entre ataques a planetas, escaramuzas y batallas espaciales como contrapunto a las más reposados, que no menos interesantes, intrigas comerciales y palaciegas por el dominio de los recursos y el poder, sin olvidar un fallido intento de reflexión  sobre la clase política y la decadencia de la civilización, aunque eso sí, todo esto en un segundo plano para no cortar el ritmo de la narración con reflexiones superfluas.


Con la perspectiva que nos da el tiempo, y a sabiendas de los cambios que demandaban los lectores de ciencia ficción en el momento en que apareció Vikingo Espacial, su estilo sencillo y falto de pretensiones, junto a lo manido de su argumento, sin olvidar la poca profundidad de sus personajes y diálogos, iba señalando el canto del cisne de un tipo de historias que habían sido las predominantes durante mucho tiempo en la ciencia ficción. No obstante, y teniendo en cuenta la fuerte repercusión que la obra de Piper ha tenido en generaciones futuras, no todos se terminaron entregando a la aburrida y reflexiva moda del New Wave. Entre  los que no se entregaron está, por ejemplo, Lois McMaster Bujold, en cuyo mundo de  aristócratas Vor de la Saga Vorkosigan podemos encontrar muchos paralelismo con el universo creado por Piper en Vikingo Espacial, siendo su personaje más carismático, Miles Vorkosigan, una versión mejorada del joven Lucas Trask, poseedores ambos de una enorme capacidad para afrontar cualquier situación que pueda surgir y salir triunfante. Vikingo Espacial, como otros muchos clásicos olvidados de la ciencia ficción de difícil reedición por parte de la editoriales, se ha convertido en una lectura asequible gracias a los lectores electrónicos. Una oportunidad que a todos los aficionados que todavía conservan el gusto por este tipo de narraciones no se le debe pasar por alto para revisar el buen hacer de un malogrado artesano de la Edad de Oro de la ciencia ficción como fue H. Beam Piper.

martes, mayo 08, 2012

CHERIE PRIEST - Boneshaker

Lo mejor que se puede decir de Boneshaker (2009) es que cumple como divertimento pasajero. Y nada más. No hay entre sus páginas ni el más mínimo atisbo de originalidad, ni en lo formal, por lo lineal de la narración, ni en lo conceptual por lo previsible de su resolución y la colección de tópicos  con la que están construidos todos y cada uno de sus pasajes. La novela, incluída en el  inexistente subgénero steampunk,  tiene como principal elemento especular una idealizada y también inexistente época victoriana,  a la que se ha adornado con una amplia panoplia de elementos tecnológicos de corte retrofuturista ya utilizados en su momento por autores decimonónicos como Julio Verne, que destacan por alimentarse de vapor y/o electricidad como  fuente de energía. Dicho de otra manera: si alguien espera encontrar en Cherie Priest una ráfaga de aire fresco en el anquilosado panorama literario fantástico se llevará una profunda decepción.

La acción nos sitúa en unos ucrónicos Estados Unidos en los que todavía, a finales del siglo XIX, continúa la Guerra de Secesión con toda su crudeza. En la ciudad de Seattle, Leviticus Blue, inventor y marido Briar Wilkes, la protagonista de la novela, pone a prueba la Boneshaker, una máquina ideada para que el gobierno ruso pueda extraer los recursos naturales de Alaska, en especial el oro que se acumula en su subsuelo. La prueba resulta fatídica al quedar destruida  buena parte de la ciudad,  liberando de paso un desconocido y mortífero gas procedente del subsuelo, la Plaga,  que mata a todo aquel que lo respira para, a continuación, convertirlos en hambrientos zombis. De resultas de la tragedia, el centro de Seattle es rodeado por un muro de más de 60 metros de alto con el fin de que el amarillento y pesado gas de la Plaga no salga de su interior, convirtiendo la zona en un lugar postapocalíptico en el que, además de las hambrientas hordas de zombis, malviven los desechos de la sociedad y los traficantes de una extraña droga elaborada a partir del propio gas de la Plaga. Dieciséis años más tarde de los hechos, Brian Wilkes malvive en los suburbios de Seattle junto a su hijo Zeke. Éste, que nació unos meses después de la desaparición de su padre en el trágico incidente que liberó la Plaga, decide entrar en la parte de la ciudad encerrada tras los altos muros, con el fin de encontrar las pruebas que limpien el nombre de su padre; Briar, al enterarse de lo hecho por su hijo, entra en la zona contaminada para rescatarlo.

Ante lo insustancial del argumento, lo primero que me gustaría cuestionar de Boneshaker es su pertenencia al mal llamado subgénero literario del steampunk. Y digo lo de mal llamado porque el steampunk tiene mucho más que ver con una corriente estética que literaria, al menos en lo que a la obra de Cherie Priest se refiere, el argumento es la escusa para incluir todo tipo de parafernalia propia de una vestimenta muy específica, compuesta por prendas de cuero y corses ajustados, altos sombreros de copa, enormes hebilas doradas y armas con un peculiar dsieño. La autora está muy concidionada por los gustos de sus potenciales lectores (y por el suyo propio) con lo que no tiene mucho margen de maniobra para crear los elementos deseables para adecuar los elementos ornamentales a un argumento algo menos libre; de esta manera, se ve obligada a crear un escenario ex nihilo en el que encajen las vestimentas y gatges mecánicos que son del agrado de esta peculiar corriente estética, de esta manera, con la inclusión de la Plaga, una densa niebla amarilla surgida del subsuelo de Seattle capaz de convertir en zombi a quien la respire, facilita que el atuendo de los personajes incluyan para su protección, máscaras antigás y grandes gafas metálicas con cristales ahumados; de igual manera, y para para protegerse de las infecciosas mordeduras de los zombis, es conveniente ir pertrechado con una pesada armadura mecánica (si es dorada mucho mejor), o implantes mecánicos que sustituyen miembros amputados por el ataque de los zombis; otro elemento indispensable del imaginario steampunk es el de los dirigibles, pues bien, gracias al alto muro que rodea la zona afectada por la Plaga, se crea su irrupción en la acción al convertirlos en la mejor manera de entrar en la zona 0 zombi sobrevolando los muros de protección.

En cuanto a lo que decíamos sobre el género en el que se puede incluir Boneshaker, de acuerdo a su estructura (dos líneas argumentales que se entrelazan, la de Briar y Zeke) y argumento (aventuras) debe ser incluida en la novela bizantina, en la cual los amantes se ven separados por causas ajenas a su voluntad y, en su afán de reencontrarse, viven intensas y peligrosas aventuras que deben superar para volver a estar juntos. En este caso los “amantes” separados son madre e hijo, lo que no es inconveniente para que le reste ni un ápice de pulsión sexual a la relación entre ambos, y más si tenemos en cuenta que el motivo de la separación de ambos es la huída de casa del joven adolescente para buscar a su padre, supuestamente muerto antes de que él naciera (leer Inhibición, síntoma y angustia de Freud y el seminario 11 de Lacan). Pero que no se asuste nadie, Boneshaker no destaca por el análisis de los personajes, el argumento no es más que la escusa para ir introduciendo en la narración todos los clichés propios de la estética steampunk, aunque no se puede dejar de lado el esfuerzo empleado por la autora en crear a Briar Wilkes, la protagonista de la novela, una mujer hermosa, envuelta de un misterio forjado en un pasado que quiere olvidar, poseedora de una personalidad impregnada de un caduco espíritu romántico con el que quiere reproducir una belleza sutil y sofisticada que la aleja de la vida en la sociedad industrializada, mecánica, gris, sucia y decadente en la que se ha convertido el mundo; como némesis de los valores representados por la romántica heroína creada por Priest, aparece el máximo exponente de ese maquinismo desenfrenado que ha terminado por condenar a la humanidad, el doctor Minnericht, un compendio de todos los malvados de opereta que los libretos folletinescos han forjado, y que Priest ha tomado prestados y sintetizado para su obra.

La novela se debe entender en algunos pasajes como una broma, como un guiño de complicidad que la autora hace al lector para dejarle claro que entre las páginas que está leyendo todo es un artificio al servicio de una idea estética, sin el menor interés en forzar la narración como un constructo literario sino como un ejercicio de entretenimiento; destacan por encima de otras chanzas la reproducción de la famosa escena de La guerra de las galaxias en la que Darth Vader confiesa al joven Luke que es su padre; en Boneshaker, un malvado doctor Minnericht, con una vestimenta muy parecida a la del malvado Jedi caído en el lado oscuro, incluida máscara y voz metálica, confiesa a Zeke que es su desaparecido padre.

Lo curioso del caso es que Boneshaker tiene varias continuaciones, lo que indica que en ciertos ambientes ha tenido éxito, algo que refrenda su condición de novela ganadora del premio Locus y haber sido finalista de los premios Hugo y Nebula. Seguramente no tardaremos en tener en nuestras librerías la continuación de las aventuras de Briar o Zeke, o la de alguno de los curiosos personajes que pueblan el singular mundo creado por Cherie Priest.

 

martes, abril 10, 2012

ALEXEI PANSHIN - Rito de Iniciación

Gracias a la acertadísima reedició que Alamut ha hecho de Rite of Passage (1968), la olvidada novela del no menos olvidado Alexei Panshin, me decidí a desempolvar un viejo ejemplar de Rito de iniciación  (Rito de paso en la edición de Alamut) editado por Dronte en su colección Antares en 1974,  que seguramente adquirí en alguno de los muchos saldos que ha vivido el género de la ciencia ficción. Y lo que son las cosas, al final Rito de iniciación ha sido una de las lecturas más gratificantes del año; una novela publicitada como una intrascendente aventura de adolescentes destinada a ser un divertimento pasajero ha resultado ser una lectura bastante más compleja que esa aproximación a las novelas juveniles del maestro Heinlein, abordando temas de más calado que las simples peripecias afectivas y existenciales de una joven en pleno proceso de madurez.


En efecto, una vez más debemos hablar del maestro Heinlein como inexcusable referente para abordar una lectura que supera la media; en este caso, además del parecido en cuanto a la estructura de la novela de Panshin con la producción juvenil de Heinlein, de las que recibe un buen número de influencias y paralelismos, como por ejemplo con Hija de Marte (Podkayne of Mars, 1963) por la actitud vital e inconformista de su inolvidable protagonista, o con Consigue un traje espacial: viajarás (1958) en cuanto al genocidio de una raza como acto “preventivo” para evitar una posible amenaza, o con Rebelión en el espacio (Red Planet, 1949) por la transición que hacen los personajes  hacia la madurez y la ciudadanía, entendida esta última como una condición social que se debe ganar por méritos y no como un derecho adscrito al nacimiento; ninguno de estos paralelismo es casual, ya que Panshin nunca ha negado la decisiva influencia recibida por la obra de Heinlein, ni se nos puede escapar el conocimiento que tenía de la misma a tenor del ensayo que publicó en 1968 con el título de Heinlein in Dimension: a critical analysis. Rite of passage, no está precisamente huérfana de reconocimientos, por lo menos en cuanto a premios literarios se refieres: fue la novela ganadora del premio Nebula en 1968 y finalista del Hugo en 1969, año en el que el ganador fue John Brunner con su novela Todos sobre Zanzibar.

Rito de iniciación va más allá de un sentido homenaje la producción juvenil de Heinlein.  La novela de Panshin, sin renunciar a una buena dosis de entretenimiento y aventuras, está mucho más lograda en cuanto a la profundidad de los personajes y a la riqueza argumental y temática, funcionando también como una amalgama de ideas en su planteamiento que nos catapulta rápidamente hacia algunos de los más conocidos títulos de referencia en la literatura de ciencia ficción; de esta manera, Panshin,  introduce en la historia elementos distópicos fundamentados en las prácticas de eugenesia y de control de natalidad para evitar la sobrepoblación y mantener la sostenibilidad de recursos, lo que nos trae a la memoria nada menos que Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley; otro de los tópicos sobre los que Panshin aporta su peculiar visión es el de las naves generacionales y la degeneración que se produce en las sociedades estancadas y cerradas sobre sí mismas que se dan en este tipo de situaciones, remitiéndonos, por ejemplo, a la excelente La nave estelar (1958) de Brian W. Aldiss; aunque el tema que vertebra todos los demás es el de la iniciación a la vida adulta y los múltiples ritos que crean las sociedades para simbolizar el paso de una etapa de aprendizaje a la de plena madurez. 

 La novela está narrada en primera persona por Mia Havero, una joven adolescente sumida en las tribulaciones que le produce afrontar  la inminente prueba de madurez que marca el paso a la vida adulta entre los habitantes de la nave. Mia -hija del Presidente del Consejo- había nacido en  una de las grandes naves que habían escapado de la destrucción de la Tierra debido a las luchas internas un siglo atrás. No conece otro paisaje que el de los corredores y salas asepticas y herméticas que la han protegido y encerrado desde el momento de su nacimiento en una de las enormes naves espaciales sobrevivientes del conflicto que acabó con la vida en la Tierra,  ni tiene más amigos que el reducido grupo de niños con el que ha crecido. La misión original de la nave en la que viaja Mia era transportar a los escasos supervivientes del autogenocidio de la raza humana a nuevos mundos habitables para colonizarlos y preservar en ellos la vida humana. Pero en el trayecto hacia la "tierra prometida", sucedió algo que provocó una división social entre los tripulantes y élites científicas con el resto de supervivientes, colonos agrícolas en su mayoría. Los colonos son desembarcados en los mundos de destino, pero sin que las élites intelectuales les entregaran elementos técnicos ni los conocimientos necesarios para construirlos y comenzar la colonización con las máximas garantías para asegurarse el éxito. Los tripulantes y científicos de las naves habían decidido no desembarcar y continuar su existencia a bordo, pretextando que sus conocimientos se degenerarían hasta perderse por completo si se unian a los colonos en los nuevos mundos. De esta manera, la sociedad se dividió en dos grupos que siguieron caminos diferentes, aunque se necesitaran comercialmente, dependiendo la existencia de ambos del intercambio de materias primas producidas por los colonos a cambio de conocimientos técnicos que ayuden a desarrollar las atrasadas colonias.

A través de los ojos de Mia, poco a poco, vamos conociendo la organización de los habitantes de la nave, de lo que popdemos percibir el proceso de degeneraciónen el que están inmersos, tanto desde el punto de vista ético y moral como culturalmente, ya que nadie ha aportado nada nuevo a su elitista sociedad, ya sean libros, obras de arte o  mejoras técnicas a los conocimientos que traían de la Tierra. Con el deambular de Mía por la nave, comprendemos que el número de los habitantes de la misma ha decrecido de manera alarmante, teniendo que dejar deshabitada y sin mantenimiento todas las estancias de un nivel; el proceso de retroceso demográfico se debe a dos factores: la severa política de control de natalidad que se mantiene en la nave y el cada vez mayor número de bajas que se produce en el rito de iniciación que deben pasar los jóvenes. El control de natalidad se puso en práctica tiempo atrás con el fin de evitar los problemas que supondría la sobrepoblación, instaurándose para este fin un restrictivo control de natalidad bajo control del Consejo de la nave, quienes eran los encargados de aprobar el nacimiento de cada niño, castigando con el destierro a uno de los planetas con colonos a quien infrinja esta regla, lo que suponía, en la mayoría de ocasiones la segura muerte de progenitores y niños; el otro método de control de la población era el obligatorio rito de paso que debían de cumplir todos los jóvenes de la nave una vez llegados a los 14 años, una prueba que no todos lograban superar, siendo la tasa de mortalidad cada vez más elevada entre los jóvenes que realizaban la prueba, una circunstancia cruel aunque necesaria para eliminar a los menos aptos y asegurarse de que los supervivientes tienen la habilidad necesaria para contribuir a la prosperidad del grupo.

La prueba a la que debe enfrentarse la jovencísima Mia Havero consiste en sobrevivir durante 30 días, sin ayuda externa, en uno de los muchos planetas habitados por colonos que la nave visita regularmente para comerciar y aprovisionarse. Conocemos a Mia cuando acaba de dejar los dormitorios comunes, que comparte con el resto de niños de su misma edad, para ir a vivir con su padre en un sector con habitáculos más grandes. El cambio en su entorno afecta emocionalmente a Mia que pierde su espacio de seguridad, viéndose obligada a cambiar su círculo de amistades en un momento crucial de su vida: cuando comienza a prepararse para la prueba que la debe de conducir a la vida adulta. Su nueva existencia la lleva a verse asociada a un chico de su edad, Jimmy, con el que comparte tutor, José Mbele, que curiosamente es el rival político del padre de Mia en la nave, un personaje típicamente "heinliano" que se repite en muchas de sus novelas: el hombre de edad madura que encarna la sabiduría y responsabilidad ante los acontecimientos adversos (aparece como el Hombre Viejo en Amos de títeres, Tom Fruies, el tío de Podkayne en Hija de Marte o Jubal Harshaw en Forastero en Tierra extraña).  La especialidad del tutor es la ética, y sobre las bases de esta disciplina filosófica se plantearan los principales acontecimientos de la novela que desembocan en el exterminio de todo un planeta.

Pese a que en un principio las acusadas personalidades de Mia y Jimmy chocan, su rivalidad inicial se convierte en amistad y con el tiempo en un amor programado por los especialistas genéticos de la nave. Tanto dentro como fuera de la clase de supervivencia, a veces con Jimmy y, a veces con otros niños, Mia tiene una serie de aventuras que construyen su autoconfianza, amplían su mundo, y la prepara para superar la dura prueba. Su conciencia moral también crece durante este periodo, tanto a través del estudio formal de la teoría ética, como con la reflexión sobre los nuevos caminos en los que se adentra. El periodo de adiestramiento físico al que son sometidos Mia y sus compañeros para garantizar el éxito de su misión, es similar a la que los antiguos espartanos hacían con sus guerreros, la agogé, un proceso iniciático que no es más que un método encubierto de eugenesia destinado a seleccionar a los más aptos y fortalecer el grupo, eliminando al mismo tiempo a aquellos que supondrían una carga o un empobrecimiento genético para la sociedad; en este sentido, el del paralelismo entre la sociedad espartana y la sociedad que se ha creado en la nave, los colonos que son sistemáticamente explotados juegan el papel que en la antigüedad correspondían a los ilotas, descendientes de las comunidades agrícolas sometidas por la fuerza cuyo estatus era el de siervos espartanos adscritos a la tierra con la finalidad de explotarla para sus amos, al igual que los colonos que describe Panshin trabajan para satisfacer las necesidades de los habitantes de la nave.

El momento de la prueba de los jóvenes es la más movida de la novela, una agradable concesión que hace Panshin al género de aventuras, con persecuciones, intrigas, tiroteos, etc. El resultado de la misión es catastrófico para Mia y sus compañeros, la mayoría muere a manos de los habitantes de Tintera, el planeta elegido para el rito de paso a la vida adulta. Tras el rescate de los supervivientes, la Asamblea de la Nave plantea la total destrucción del planeta y de sus habitantes por el crimen cometido. Esta parte final, pese a que no desentona con el resto de la novela, no termina de cerrar de manera convincente muchas de las cuestiones que el lector se plantea a lo largo de la narración.

En global, Rito de iniciación es una más que aceptable lectura, con elementos que la hacen trascender más allá de ser considerada una novela de aventuras para jóvenes, al estilo de las escritas por Heinlein, y que mueven a la reflexión sobre algunos de los temas recurrentes y típicos dentro del género de la ciencia ficción. Una obra muy recomendable, que se puede entender casi como un estreno editorial por el tiempo trascurrido desde su primera edición por la editorial Dronte en 1974, y la escasa repercusión que la obra ha tenido después, lamentablemente.
 

martes, abril 03, 2012

ROBERT A. HEINLEIN - El granjero de las estrellas

El granjero de las estrellas (1953), galardonada con el Retro Hugo 2001, es otra de las novelas juveniles escritas por Heinlein para la editorial estadounidense Scribner entre 1947 y 1958. Se trata de la sexta entrega de un total de doce historias protagonizadas por adolescentes, que tenían la finalidad de acercar la ciencia y la carrera por la conquista del espacio a las jóvenes generaciones de americanos nacidos en un momento histórico de plena confrontación con el bloque soviético. Pese a que el paso del tiempo ha mermado en parte la fuerza y la emoción que, con toda seguridad, trasmitía a sus imberbes destinatarios, todavía se puede percibir en cada nueva relectura cómo la maestría narrativa del maestro Heinlein sigue atrapando al lector desde las primeras páginas, algo difícil de encontrar en otras creaciones literarias de su misma época.

 En esta ocasión, Heinlein introduce a los Boy Scouts of America (BSA) en su serie de novelas, una popularísima organización juvenil que cuenta con millones de miembros en los Estados Unidos, el objetivo de la cual es la formación de los jóvenes en los valores de la ciudadanía y la responsabilidad, desarrollando su carácter y autosuficiencia al mismo tiempo que se integran con la naturaleza mediante diversas actividades de superación personal y convivencia con otros jóvenes de su edad. La afinidad de Heinlein con los Boy Scout, más allá de las ideas y valores de individualismo y ciudadanía antes comentados, comenzó cuando éste regreso de la Segunda Guerra Mundial y, ante el deseo de diversificar y ampliar su campo de actuación literario, colaboró con Boy's Life, la revista oficial de los Boy Scouts en Estados Unidos. De esta colaboración surgieron algunos relatos que tenían como protagonista principal a un joven boy scout, situando la acción en un escenario típico de la ciencia ficción, como por ejemplo la Luna o un recóndito lugar del Sistema Solar alejado del planeta Tierra, como por ejemplo en sus primeras obras Nunca pasa nada en la Luna (1949) o en Tenderfoot en el espacio (1958); aunque la más célebre simbiosis entre el género de la ciencia ficción y las aventuras de un joven boy scout se dio en la novela que nos ocupa, El granjero de las estrellas, o Farmer in the skay en su título original, publicada por primera vez por entregas en Boy's Life con el título de Satellite Scout entre agosto y noviembre de 1950.

Con su proverbial eficacia narrativa, Heinlein ambienta esta historia de superación personal en un contexto maltusiano de crisis alimentaria causada por la sobrepoblación que padece la Tierra. Empujados por la falta de perspectivas que ofrece la masificada sociedad terrestre, sostenida a duras penas por una estricta racionalización de los alimentos, el joven boy scout Bill Lermer junto a su padre,  Molly, la nueva esposa de éste y Peggy, la hija  fruto de un primer matrimonio de la madrasta del joven Bill, deciden embarcar en la  Mayflower con el fin de emigrar a la nueva colonia agrícola situada en Ganímedes, una de las lunas de Júpiter, en busca de un futuro mejor. Durante el largo y tedioso viaje, Bill traba amistad con otros chicos de su misms edad, algunos de ellos también adscritos al movimiento de Boys Scouts, decidiendo entre todos la formación de una división Ganímedes a su llegada a la colonia agrícola. Es en esta parte de la novela, la referida al viaje hacia la colonia, es cuando mejor se aprecia la intención de las novelas juveniles de Heinlein, dedicadas fundamentalmente a la divulgación científica entre los lectores más jóvenes (y la de los no tan jóvenes), y promover la carrera por las estrellas, un objetivo en el que los Estados Unidos tenían fijados buena parte de sus intereses económicos; de aquí el doble valor de estos escritos: la de captar vocaciones científicas y, por supuesto, la literaria.

A pesar de los muchos detractores de las mismas, las novelas juveniles de Heinlein,  por modestas que puedan parecer, rebosan de saber narrativo, de sólidos y bien aplicados conocimientos científicos y, como no podía ser de otro modo, de los valores éticos y morales que Heinlein asociaba con el pueblo norteamericano: valor, sacrificio, tenacidad y lealtad entre otros. Unos valores con los que se identificaban las nuevas generaciones de lectores adolescentes al encontrarlos en los personajes que protagonizaban las novelas de Heinlein, como por ejemplo el jóven Bill Lerner, de cuyo proceso de superación individual y de madurez somos privilegiados espectadores (lectores en este caso). Un proceso que resulta doloroso en la mayoría de momentos debido a los muchos obstáculos, en forma de pérdidas materiales y personales, que la vida le va colocando en su camino, pero que con la férrea determinación de los héroes típicos de Heinlein consigue superar hasta llegar a integrarse plenamente en la dura y hostil colonia agrícola de Ganímedes. Y es que nada parecía ser como le habían prometido a la familia del joven Bill:  la colonia no podía absorber a tantos colonos y las fincas que les habían prometido para ser cultivadas no existían, ni tan sólo el grupo de boy scout que formaron durante el viaje a Ganímedes tiene razón de ser, ya que en la colonia ya existía una División Ganímedes de jóvenes scout formado por los hijos de los pioneros que fundaron la colonia, a los que tendrán que integrarse como simples novatos.

La dificultad para sacar provecho de las áridas tierras de la colonia agrícola provoca el rechazo frontal de la mayoría de colonos más antiguos, que ven a los recién llegados como rivales y como una pesada carga que alimentar hasta que estos sean autosuficientes; a todas estas dificultades que tenían que capear los recién llegados, se unía el duro trabajo de construir un hogar en los yermos páramos de Ganímedes y de preparar el suelo para que pudiera ser cultivado, esto último mediante la pulverización de rocas provenientes de los flujos de lava con la que se obtenía un polvo orgánico ideal para plantar todo tipo de vegetales. Y todo este trabajo lo tenían que llevar a cabo sin maquinaria pesada, muy escasa en toda la colonia. De esta manera, Heinlein, con la escusa de escribir una novela de aventuras, realiza un estudio magníficamente detallado de los problemas tecnológicos y humanos que plantea la colonización interplanetaria, incluida la condición humana, que es la encargada de poner todo tipo de trabas en las relaciones entre las distintas familias de colonos y entre los propios miembros de las familias.

Ante tantas dificultades, muchos de los recién llegados optan por volverse a la Tierra en la misma nave que los ha traído, pero Bill y su familia se quedan. Aprenden todo lo que deben saber para sobrevivir y conseguir que la tierra sea productiva gracias a la ayuda de sus vecinos, unos prósperos granjeros que los acogen y alimentan mientras preparan sus tierras. Con el tiempo la familia de Bill consigue crear su propio hogar y hacer productivas las tierras que les habían sido asignadas, por desgracia, la mala fortuna se sigue cebando en ellos, esta vez en forma de un devastador terremoto producido por una rara alineación de las lujas de Júpiter. El fenómeo astronómico provoca la total destrucción de la colonia, ocasionando la muerte de buena parte de sus habitantes al quedar inutilizados los sistemas de soporte vital que generaban calor y energía a los colonos. El valor y la determinación de la familia de Bill se pondrán a prueba con la muerte de uno de sus miembros, la joven Peggy, pero será en estos duros momentos cuando salga a relucir todo su espíritu pionero, quedándose para reconstruir la destruida colonia agrícola.

La parte final de la novela, ya con la colonia en vías de recuperación, se centra en una expedición que realizan los jóvenes boy Scout por Ganímedes. Fruto de esta exploración encuentran una cueva con extraños artefactos de origen extraterrestre, entre ellos un vehículo con forma de ciempiés que, tras averiguar su funcionamiento, utilizan para rescatar a un compañero accidentado. Esta breve, aunque emocionante parte final, está poco desarrollada. Las evidencias de una civilización extraterrestre muy avanzada en Ganímedes, cuyos orígenes, según la datación de los objetos encontrados, se remontan a milenios antes de la llegada de los primeros colonos terrestres, no es aprovechada por Heinlein para introducir un elemento que enriquezca la trama.

Poco más puedo decir sobre El granjero de las estrellas, en lo relativo a su génesis y argumento; por lo que respecta a la edición que de esta novela ha realizado La Factoria de Ideas, os remito a la entrada que sobre la misma apareció hace un tiempo en Aburreovejas, en la que se detalla la cicatera política recaudatoria que viene efectuando esta editorial; en esta ocasión, el malestar que puede trasmitir a un futuro lector la adquisición de la novela de Heinlein es la relación precio final de la novela-número palabras. Con la mitad de páginas se podría haber editado perfectamente, pero no podrían haber cobrado los 20€ largos con los que penalizan a quien desee acercarse a este clásico de la ciencia ficción.
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