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martes, abril 10, 2012

ALEXEI PANSHIN - Rito de Iniciación

Gracias a la acertadísima reedició que Alamut ha hecho de Rite of Passage (1968), la olvidada novela del no menos olvidado Alexei Panshin, me decidí a desempolvar un viejo ejemplar de Rito de iniciación  (Rito de paso en la edición de Alamut) editado por Dronte en su colección Antares en 1974,  que seguramente adquirí en alguno de los muchos saldos que ha vivido el género de la ciencia ficción. Y lo que son las cosas, al final Rito de iniciación ha sido una de las lecturas más gratificantes del año; una novela publicitada como una intrascendente aventura de adolescentes destinada a ser un divertimento pasajero ha resultado ser una lectura bastante más compleja que esa aproximación a las novelas juveniles del maestro Heinlein, abordando temas de más calado que las simples peripecias afectivas y existenciales de una joven en pleno proceso de madurez.


En efecto, una vez más debemos hablar del maestro Heinlein como inexcusable referente para abordar una lectura que supera la media; en este caso, además del parecido en cuanto a la estructura de la novela de Panshin con la producción juvenil de Heinlein, de las que recibe un buen número de influencias y paralelismos, como por ejemplo con Hija de Marte (Podkayne of Mars, 1963) por la actitud vital e inconformista de su inolvidable protagonista, o con Consigue un traje espacial: viajarás (1958) en cuanto al genocidio de una raza como acto “preventivo” para evitar una posible amenaza, o con Rebelión en el espacio (Red Planet, 1949) por la transición que hacen los personajes  hacia la madurez y la ciudadanía, entendida esta última como una condición social que se debe ganar por méritos y no como un derecho adscrito al nacimiento; ninguno de estos paralelismo es casual, ya que Panshin nunca ha negado la decisiva influencia recibida por la obra de Heinlein, ni se nos puede escapar el conocimiento que tenía de la misma a tenor del ensayo que publicó en 1968 con el título de Heinlein in Dimension: a critical analysis. Rite of passage, no está precisamente huérfana de reconocimientos, por lo menos en cuanto a premios literarios se refieres: fue la novela ganadora del premio Nebula en 1968 y finalista del Hugo en 1969, año en el que el ganador fue John Brunner con su novela Todos sobre Zanzibar.

Rito de iniciación va más allá de un sentido homenaje la producción juvenil de Heinlein.  La novela de Panshin, sin renunciar a una buena dosis de entretenimiento y aventuras, está mucho más lograda en cuanto a la profundidad de los personajes y a la riqueza argumental y temática, funcionando también como una amalgama de ideas en su planteamiento que nos catapulta rápidamente hacia algunos de los más conocidos títulos de referencia en la literatura de ciencia ficción; de esta manera, Panshin,  introduce en la historia elementos distópicos fundamentados en las prácticas de eugenesia y de control de natalidad para evitar la sobrepoblación y mantener la sostenibilidad de recursos, lo que nos trae a la memoria nada menos que Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley; otro de los tópicos sobre los que Panshin aporta su peculiar visión es el de las naves generacionales y la degeneración que se produce en las sociedades estancadas y cerradas sobre sí mismas que se dan en este tipo de situaciones, remitiéndonos, por ejemplo, a la excelente La nave estelar (1958) de Brian W. Aldiss; aunque el tema que vertebra todos los demás es el de la iniciación a la vida adulta y los múltiples ritos que crean las sociedades para simbolizar el paso de una etapa de aprendizaje a la de plena madurez. 

 La novela está narrada en primera persona por Mia Havero, una joven adolescente sumida en las tribulaciones que le produce afrontar  la inminente prueba de madurez que marca el paso a la vida adulta entre los habitantes de la nave. Mia -hija del Presidente del Consejo- había nacido en  una de las grandes naves que habían escapado de la destrucción de la Tierra debido a las luchas internas un siglo atrás. No conece otro paisaje que el de los corredores y salas asepticas y herméticas que la han protegido y encerrado desde el momento de su nacimiento en una de las enormes naves espaciales sobrevivientes del conflicto que acabó con la vida en la Tierra,  ni tiene más amigos que el reducido grupo de niños con el que ha crecido. La misión original de la nave en la que viaja Mia era transportar a los escasos supervivientes del autogenocidio de la raza humana a nuevos mundos habitables para colonizarlos y preservar en ellos la vida humana. Pero en el trayecto hacia la "tierra prometida", sucedió algo que provocó una división social entre los tripulantes y élites científicas con el resto de supervivientes, colonos agrícolas en su mayoría. Los colonos son desembarcados en los mundos de destino, pero sin que las élites intelectuales les entregaran elementos técnicos ni los conocimientos necesarios para construirlos y comenzar la colonización con las máximas garantías para asegurarse el éxito. Los tripulantes y científicos de las naves habían decidido no desembarcar y continuar su existencia a bordo, pretextando que sus conocimientos se degenerarían hasta perderse por completo si se unian a los colonos en los nuevos mundos. De esta manera, la sociedad se dividió en dos grupos que siguieron caminos diferentes, aunque se necesitaran comercialmente, dependiendo la existencia de ambos del intercambio de materias primas producidas por los colonos a cambio de conocimientos técnicos que ayuden a desarrollar las atrasadas colonias.

A través de los ojos de Mia, poco a poco, vamos conociendo la organización de los habitantes de la nave, de lo que popdemos percibir el proceso de degeneraciónen el que están inmersos, tanto desde el punto de vista ético y moral como culturalmente, ya que nadie ha aportado nada nuevo a su elitista sociedad, ya sean libros, obras de arte o  mejoras técnicas a los conocimientos que traían de la Tierra. Con el deambular de Mía por la nave, comprendemos que el número de los habitantes de la misma ha decrecido de manera alarmante, teniendo que dejar deshabitada y sin mantenimiento todas las estancias de un nivel; el proceso de retroceso demográfico se debe a dos factores: la severa política de control de natalidad que se mantiene en la nave y el cada vez mayor número de bajas que se produce en el rito de iniciación que deben pasar los jóvenes. El control de natalidad se puso en práctica tiempo atrás con el fin de evitar los problemas que supondría la sobrepoblación, instaurándose para este fin un restrictivo control de natalidad bajo control del Consejo de la nave, quienes eran los encargados de aprobar el nacimiento de cada niño, castigando con el destierro a uno de los planetas con colonos a quien infrinja esta regla, lo que suponía, en la mayoría de ocasiones la segura muerte de progenitores y niños; el otro método de control de la población era el obligatorio rito de paso que debían de cumplir todos los jóvenes de la nave una vez llegados a los 14 años, una prueba que no todos lograban superar, siendo la tasa de mortalidad cada vez más elevada entre los jóvenes que realizaban la prueba, una circunstancia cruel aunque necesaria para eliminar a los menos aptos y asegurarse de que los supervivientes tienen la habilidad necesaria para contribuir a la prosperidad del grupo.

La prueba a la que debe enfrentarse la jovencísima Mia Havero consiste en sobrevivir durante 30 días, sin ayuda externa, en uno de los muchos planetas habitados por colonos que la nave visita regularmente para comerciar y aprovisionarse. Conocemos a Mia cuando acaba de dejar los dormitorios comunes, que comparte con el resto de niños de su misma edad, para ir a vivir con su padre en un sector con habitáculos más grandes. El cambio en su entorno afecta emocionalmente a Mia que pierde su espacio de seguridad, viéndose obligada a cambiar su círculo de amistades en un momento crucial de su vida: cuando comienza a prepararse para la prueba que la debe de conducir a la vida adulta. Su nueva existencia la lleva a verse asociada a un chico de su edad, Jimmy, con el que comparte tutor, José Mbele, que curiosamente es el rival político del padre de Mia en la nave, un personaje típicamente "heinliano" que se repite en muchas de sus novelas: el hombre de edad madura que encarna la sabiduría y responsabilidad ante los acontecimientos adversos (aparece como el Hombre Viejo en Amos de títeres, Tom Fruies, el tío de Podkayne en Hija de Marte o Jubal Harshaw en Forastero en Tierra extraña).  La especialidad del tutor es la ética, y sobre las bases de esta disciplina filosófica se plantearan los principales acontecimientos de la novela que desembocan en el exterminio de todo un planeta.

Pese a que en un principio las acusadas personalidades de Mia y Jimmy chocan, su rivalidad inicial se convierte en amistad y con el tiempo en un amor programado por los especialistas genéticos de la nave. Tanto dentro como fuera de la clase de supervivencia, a veces con Jimmy y, a veces con otros niños, Mia tiene una serie de aventuras que construyen su autoconfianza, amplían su mundo, y la prepara para superar la dura prueba. Su conciencia moral también crece durante este periodo, tanto a través del estudio formal de la teoría ética, como con la reflexión sobre los nuevos caminos en los que se adentra. El periodo de adiestramiento físico al que son sometidos Mia y sus compañeros para garantizar el éxito de su misión, es similar a la que los antiguos espartanos hacían con sus guerreros, la agogé, un proceso iniciático que no es más que un método encubierto de eugenesia destinado a seleccionar a los más aptos y fortalecer el grupo, eliminando al mismo tiempo a aquellos que supondrían una carga o un empobrecimiento genético para la sociedad; en este sentido, el del paralelismo entre la sociedad espartana y la sociedad que se ha creado en la nave, los colonos que son sistemáticamente explotados juegan el papel que en la antigüedad correspondían a los ilotas, descendientes de las comunidades agrícolas sometidas por la fuerza cuyo estatus era el de siervos espartanos adscritos a la tierra con la finalidad de explotarla para sus amos, al igual que los colonos que describe Panshin trabajan para satisfacer las necesidades de los habitantes de la nave.

El momento de la prueba de los jóvenes es la más movida de la novela, una agradable concesión que hace Panshin al género de aventuras, con persecuciones, intrigas, tiroteos, etc. El resultado de la misión es catastrófico para Mia y sus compañeros, la mayoría muere a manos de los habitantes de Tintera, el planeta elegido para el rito de paso a la vida adulta. Tras el rescate de los supervivientes, la Asamblea de la Nave plantea la total destrucción del planeta y de sus habitantes por el crimen cometido. Esta parte final, pese a que no desentona con el resto de la novela, no termina de cerrar de manera convincente muchas de las cuestiones que el lector se plantea a lo largo de la narración.

En global, Rito de iniciación es una más que aceptable lectura, con elementos que la hacen trascender más allá de ser considerada una novela de aventuras para jóvenes, al estilo de las escritas por Heinlein, y que mueven a la reflexión sobre algunos de los temas recurrentes y típicos dentro del género de la ciencia ficción. Una obra muy recomendable, que se puede entender casi como un estreno editorial por el tiempo trascurrido desde su primera edición por la editorial Dronte en 1974, y la escasa repercusión que la obra ha tenido después, lamentablemente.
 

martes, abril 03, 2012

ROBERT A. HEINLEIN - El granjero de las estrellas

El granjero de las estrellas (1953), galardonada con el Retro Hugo 2001, es otra de las novelas juveniles escritas por Heinlein para la editorial estadounidense Scribner entre 1947 y 1958. Se trata de la sexta entrega de un total de doce historias protagonizadas por adolescentes, que tenían la finalidad de acercar la ciencia y la carrera por la conquista del espacio a las jóvenes generaciones de americanos nacidos en un momento histórico de plena confrontación con el bloque soviético. Pese a que el paso del tiempo ha mermado en parte la fuerza y la emoción que, con toda seguridad, trasmitía a sus imberbes destinatarios, todavía se puede percibir en cada nueva relectura cómo la maestría narrativa del maestro Heinlein sigue atrapando al lector desde las primeras páginas, algo difícil de encontrar en otras creaciones literarias de su misma época.

 En esta ocasión, Heinlein introduce a los Boy Scouts of America (BSA) en su serie de novelas, una popularísima organización juvenil que cuenta con millones de miembros en los Estados Unidos, el objetivo de la cual es la formación de los jóvenes en los valores de la ciudadanía y la responsabilidad, desarrollando su carácter y autosuficiencia al mismo tiempo que se integran con la naturaleza mediante diversas actividades de superación personal y convivencia con otros jóvenes de su edad. La afinidad de Heinlein con los Boy Scout, más allá de las ideas y valores de individualismo y ciudadanía antes comentados, comenzó cuando éste regreso de la Segunda Guerra Mundial y, ante el deseo de diversificar y ampliar su campo de actuación literario, colaboró con Boy's Life, la revista oficial de los Boy Scouts en Estados Unidos. De esta colaboración surgieron algunos relatos que tenían como protagonista principal a un joven boy scout, situando la acción en un escenario típico de la ciencia ficción, como por ejemplo la Luna o un recóndito lugar del Sistema Solar alejado del planeta Tierra, como por ejemplo en sus primeras obras Nunca pasa nada en la Luna (1949) o en Tenderfoot en el espacio (1958); aunque la más célebre simbiosis entre el género de la ciencia ficción y las aventuras de un joven boy scout se dio en la novela que nos ocupa, El granjero de las estrellas, o Farmer in the skay en su título original, publicada por primera vez por entregas en Boy's Life con el título de Satellite Scout entre agosto y noviembre de 1950.

Con su proverbial eficacia narrativa, Heinlein ambienta esta historia de superación personal en un contexto maltusiano de crisis alimentaria causada por la sobrepoblación que padece la Tierra. Empujados por la falta de perspectivas que ofrece la masificada sociedad terrestre, sostenida a duras penas por una estricta racionalización de los alimentos, el joven boy scout Bill Lermer junto a su padre,  Molly, la nueva esposa de éste y Peggy, la hija  fruto de un primer matrimonio de la madrasta del joven Bill, deciden embarcar en la  Mayflower con el fin de emigrar a la nueva colonia agrícola situada en Ganímedes, una de las lunas de Júpiter, en busca de un futuro mejor. Durante el largo y tedioso viaje, Bill traba amistad con otros chicos de su misms edad, algunos de ellos también adscritos al movimiento de Boys Scouts, decidiendo entre todos la formación de una división Ganímedes a su llegada a la colonia agrícola. Es en esta parte de la novela, la referida al viaje hacia la colonia, es cuando mejor se aprecia la intención de las novelas juveniles de Heinlein, dedicadas fundamentalmente a la divulgación científica entre los lectores más jóvenes (y la de los no tan jóvenes), y promover la carrera por las estrellas, un objetivo en el que los Estados Unidos tenían fijados buena parte de sus intereses económicos; de aquí el doble valor de estos escritos: la de captar vocaciones científicas y, por supuesto, la literaria.

A pesar de los muchos detractores de las mismas, las novelas juveniles de Heinlein,  por modestas que puedan parecer, rebosan de saber narrativo, de sólidos y bien aplicados conocimientos científicos y, como no podía ser de otro modo, de los valores éticos y morales que Heinlein asociaba con el pueblo norteamericano: valor, sacrificio, tenacidad y lealtad entre otros. Unos valores con los que se identificaban las nuevas generaciones de lectores adolescentes al encontrarlos en los personajes que protagonizaban las novelas de Heinlein, como por ejemplo el jóven Bill Lerner, de cuyo proceso de superación individual y de madurez somos privilegiados espectadores (lectores en este caso). Un proceso que resulta doloroso en la mayoría de momentos debido a los muchos obstáculos, en forma de pérdidas materiales y personales, que la vida le va colocando en su camino, pero que con la férrea determinación de los héroes típicos de Heinlein consigue superar hasta llegar a integrarse plenamente en la dura y hostil colonia agrícola de Ganímedes. Y es que nada parecía ser como le habían prometido a la familia del joven Bill:  la colonia no podía absorber a tantos colonos y las fincas que les habían prometido para ser cultivadas no existían, ni tan sólo el grupo de boy scout que formaron durante el viaje a Ganímedes tiene razón de ser, ya que en la colonia ya existía una División Ganímedes de jóvenes scout formado por los hijos de los pioneros que fundaron la colonia, a los que tendrán que integrarse como simples novatos.

La dificultad para sacar provecho de las áridas tierras de la colonia agrícola provoca el rechazo frontal de la mayoría de colonos más antiguos, que ven a los recién llegados como rivales y como una pesada carga que alimentar hasta que estos sean autosuficientes; a todas estas dificultades que tenían que capear los recién llegados, se unía el duro trabajo de construir un hogar en los yermos páramos de Ganímedes y de preparar el suelo para que pudiera ser cultivado, esto último mediante la pulverización de rocas provenientes de los flujos de lava con la que se obtenía un polvo orgánico ideal para plantar todo tipo de vegetales. Y todo este trabajo lo tenían que llevar a cabo sin maquinaria pesada, muy escasa en toda la colonia. De esta manera, Heinlein, con la escusa de escribir una novela de aventuras, realiza un estudio magníficamente detallado de los problemas tecnológicos y humanos que plantea la colonización interplanetaria, incluida la condición humana, que es la encargada de poner todo tipo de trabas en las relaciones entre las distintas familias de colonos y entre los propios miembros de las familias.

Ante tantas dificultades, muchos de los recién llegados optan por volverse a la Tierra en la misma nave que los ha traído, pero Bill y su familia se quedan. Aprenden todo lo que deben saber para sobrevivir y conseguir que la tierra sea productiva gracias a la ayuda de sus vecinos, unos prósperos granjeros que los acogen y alimentan mientras preparan sus tierras. Con el tiempo la familia de Bill consigue crear su propio hogar y hacer productivas las tierras que les habían sido asignadas, por desgracia, la mala fortuna se sigue cebando en ellos, esta vez en forma de un devastador terremoto producido por una rara alineación de las lujas de Júpiter. El fenómeo astronómico provoca la total destrucción de la colonia, ocasionando la muerte de buena parte de sus habitantes al quedar inutilizados los sistemas de soporte vital que generaban calor y energía a los colonos. El valor y la determinación de la familia de Bill se pondrán a prueba con la muerte de uno de sus miembros, la joven Peggy, pero será en estos duros momentos cuando salga a relucir todo su espíritu pionero, quedándose para reconstruir la destruida colonia agrícola.

La parte final de la novela, ya con la colonia en vías de recuperación, se centra en una expedición que realizan los jóvenes boy Scout por Ganímedes. Fruto de esta exploración encuentran una cueva con extraños artefactos de origen extraterrestre, entre ellos un vehículo con forma de ciempiés que, tras averiguar su funcionamiento, utilizan para rescatar a un compañero accidentado. Esta breve, aunque emocionante parte final, está poco desarrollada. Las evidencias de una civilización extraterrestre muy avanzada en Ganímedes, cuyos orígenes, según la datación de los objetos encontrados, se remontan a milenios antes de la llegada de los primeros colonos terrestres, no es aprovechada por Heinlein para introducir un elemento que enriquezca la trama.

Poco más puedo decir sobre El granjero de las estrellas, en lo relativo a su génesis y argumento; por lo que respecta a la edición que de esta novela ha realizado La Factoria de Ideas, os remito a la entrada que sobre la misma apareció hace un tiempo en Aburreovejas, en la que se detalla la cicatera política recaudatoria que viene efectuando esta editorial; en esta ocasión, el malestar que puede trasmitir a un futuro lector la adquisición de la novela de Heinlein es la relación precio final de la novela-número palabras. Con la mitad de páginas se podría haber editado perfectamente, pero no podrían haber cobrado los 20€ largos con los que penalizan a quien desee acercarse a este clásico de la ciencia ficción.
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