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sábado, agosto 21, 2010

HARRY HARRISON - El mundo de la muerte & El mundo muerto (lecturas digitales)

Vaya por delante que considero a Harry Harrison uno de los escritores de ciencia ficción más limitados de entre aquellos que tienen una cierta fama entre los aficionados. A pesar de mis prejuicios no he dudado en embarcarme en la lectura de dos de los títulos que más llamaban mi atención de entre la larga lista que tiene publicados en castellano (hay que amortizar el Papyre). Se trata de los dos primeros de la trilogía Deathworld, los únicos que vieron la luz en nuestro país. La ediciones digitales que encontré pertenecen al número 3 de la colección Pulsar, editada por Tridente a principios de los noventa, correspondiente al primero de la serie que lleva por título El mundo de la muerte; el segundo volumen de la trilogía, que en su versión original se titulo The Ethical Engineer (1963) y en castellano Mundo Muerto lo encontré en una versión publicada con el número 32 en la colección Infinitum, editado por Ferma en 1967. La versión digital era muy buena, sin defectos ortotipográficos producidos por su conversión al formato FB2.

El mundo de la muerte narra las aventuras de un jugador profesional, de nombre Jason dinAlt, que se gana la vida en los casinos de los planetas fronterizos. El secreto de su éxito en los juegos de “azar” se debe a sus habilidades telepáticas y telekineticas que le permiten mover dados y adivinar cartas para frustación de sus contrincantes. Un buen día recibe el encargo por parte de un gigantón procedente del planeta Pyrrus de hacer saltar la banca de un importante casino para comprar armas con las que los habitantes de este planeta puedan continuar su lucha de supervivencia contra las especies animales y vegetales que los están diezmando. Tras muchas peripecias y persecuciones dinAlt decide acompañar a su hercúleo contratante en la búsqueda de un lugar donde establecerse. Cuando dinAlt llega a Pyrrus encuentra un planeta habitado por enormes y musculosos humanos cuya anatomía ha sido forjada gracias a la elevada gravedad del planeta. Un planeta poblado por una fauna de pesadilla que persigue de manera implacable a todos los humanos. Se iniciarán aquí una serie de sucesos que llevarán a dinAlt a descubrir los diversos misterios que envuelven la existencia de los pyrranos. Todo ello aderezado con una buena dosis de aventuras que tiene como resultado final  una novela tan entretenida como intrascendente y previsible.

La segunda entrega de las aventuras de dinAlt, lo llevará a un planeta no menos extraño que Pyrrus, aunque esta vez no por voluntad propia, sino como consecuencia de un accidente cuando es trasladado para ser juzgado en uno de los muchos planetas donde dejó enemigos gracias a sus habilidades con el juego. El mundo donde se estrella la nave que lo traslada es un páramo desolado en el que malviven los descendientes de antiguos colonos humano que han perdido todo rastro de civilización tras algún desastre del que no se dan detalles. Los pocos supervivientes que quedan se concentran en pequeños grupos nómadas dedicados a la recolección de los pocos alimentos que encuentran. Su modo de vida esta basado en la esclavitud y en el servilismo al más fuerte. La exploración del planeta por parte de dinAlt será al mismo tiempo una crónica de su propio ascenso social entre los pequeños clanes tribales que conservan parte de los conocimientos del pasado. Cada clan se dedica a una especialidad relacionada con la ciencia sin que tengan nociones de otras ramas del conocimiento. Así encontramos un grupo que sabe como refinar petróleo, otro que conoce el secreto de la fabricación de los motores de explosión, otros de la electricidad, otros de la química rudimentario, etc. La intención de dinAlt es provocar una guerra entre los clanes para que el vencedor tenga todos los conocimientos y pueda iniciar una Revolución Industrial que impulse la depauperada sociedad del planeta. Un argumento aderezado con buenas dosis de aventura, combates y algo de humor negro que lo convierten en un buen divertimento sin más pretensiones.

ORIGEN: LOS "PRESTIGIOS" DE CHRISTOPHER NOLAN

Christopher Nolan vuelve a la carga con otro producto diseñado minuciosamente para atrapar la atención del público. Inception, título original en inglés que aquí se ha traducido como Origen será, sin duda, la experiencia cinematográfica del año. La película técnicamente es correcta, flojita en las partes de acción para las que Nolan no está muy dotado, buena en la dirección actores, notable en la originalidad del guión (le acusan de plagio) y excelente a la hora de plantearle al espectador su creación como un rompecabezas de realidades disfrazadas de sueños, o de experiencias oníricas que superan la realidad para que éste interprete las pistas que el director va lanzando continuamente en boca de sus personajes.

La película me dejó tanas interrogantes tras su primer visionado que no he podido resistir la tentación de volver a verla. Así pues, pertrechado con una buena provisión de “crispetes” y al amparo de un jersey ligerito para soportar el aire acondicionado del cine, me he dispuesto a encontrar una solución que me convenza sobre la naturaleza de los acontecimientos que Nolan ha ido colocando a lo largo de las dos horas y media que dura Origen. Y, por supuesto, descubrir los “prestigios” que utiliza para confundir al espectador. Por supuesto mi interpretación sobre la realidad será una de tantas que se hagan sobre Inception, y esto es lo realmente bueno del film, trasladar la experiencia de su guión más allá de las salas de cine y animar a crear una interpretación o un guión paralelo de lo que uno ha visto. A partir de aquí abstenerse de leer aquellos que no hayan visto la película

Mi principal duda residía en conocer cuál era el auténtico “tótem” de DiCaprio. Porque la peonza no puede ser: era el “tótem” de su mujer y, como se explica en una escena, debe ser personal e intransferible. Se trata de un elemento fundamental para diferenciar lo que es un sueño de la realidad, es el elemento que fija la experiencia que se está viviendo como algo real y lo diferencia de una experiencia onírica. Durante el primer visionado, la no aparición, con una relativa claridad, de un objeto que pueda ser considerado como tal me llevó a la (¿errónea?) suposición de que todo formaba parte de un sueño. Esta sensación la reforzaba la enigmática última escena de la película con la peonza bailando de manera ininterrumpida anunciando que todo era un sueño. Pero esto sólo sería así en el caso de que la peonza fuera el “tótem”, y sabemos que eso es imposible: Nolan nos pondrá trampas, pero no nos podrá mentir haciendo posible que se comparta un “tótem”, cuando una de las reglas del juego lo prohíbe. Por lo tanto debía existir un elemento para DiCaprio con el que pudiera separar realidad y sueños. En el segundo visionado de la película presté especial atención a cada momento en que la peonza señalaba realidad o sueño. Y no hay que esperar mucho para descubrir en una escena la tramposa utilización que hace Nolan de la misma:  DiCaprio está sentado en la habitación de un hotel; gira la peonza mientras se apunta a la cabeza con una pistola; la peonza cae y DiCaprio se relaja, aparentemente ese momento es real; suena el teléfono; lo coge y le contesta una voz; su hijo, de quien está separado desde hace tiempo. No se muestra a su hijo. Solo una voz impersonal. La aparición de sus hijos se hace un elemento recurrente en diversos momentos de la película; pero siempre en momentos que son reconocidos como sueños. Por ejemplo en el bar del hotel, en el instante que habla con el heredero de la Cobol Enterprise; de igual manera aparecen en el mundo límbico que creó junto a su mujer, sin olvidar su último encuentro onírico con ella, momento en que los repudia al ser consciente de que solo son fruto de su subconsciente. Los niños siempre aparecen sin un rostro que les de entidad personal. Son sombras que juegan de espalda a su padre y que éste evita mirar; no son reales, sabe que no son reales porque no tienen rostro. Por lo tanto, sus hijos son el “tótem” que le hace diferenciar realidad y sueños. Volvamos a la última escena. DiCaprio entra en el salón de su casa. Los niños juegan en el jardín. Saca la peonza y la hace girar como si quisiera saber si es real o no. Sus hijos se giran, lo ven y corren a su encuentro. Podemos ver sus caras, tienen una identidad. DiCaprio no hace caso a la peonza para determinar realidad o ficción, sabe a ciencia cierta que todo es real  y actúja en consecuencia abrazando a sus hijos, mientras tanto Nolan dirige la cámara hacia la peonza mientras gira…fin. No deja tiempo para que caiga (si es que cae), aunque el sonido de la peonza anuncia que empieza a caer (otro elemento de discusión).

Este es para mí el “prestigio” clave de la película: el “tótem” de DiCaprio, pero no es el único. Otro supuesto “prestigio” que se esconde es descubrir quién es el que dirige el juego, el titiritero que mueve los personajes y ha planeado la liberación espiritual de DiCaprio; porque a esta altura de la película tendremos claro que este último no es más que el sujeto pasivo sobre el que se proyecta un plan bien trazado para desligar de su subconsciente el sentimiento de culpa por la muerte de su mujer. Aquí aparece Michael Caine, un actorazo como la copa de un pino que tan sólo tiene presencia en dos escenas, apenas minuto y medio, en una película de más de dos horas. Un personaje aparentemente secundario aparece interpretado por el mejor actor del reparto. ¿Quiere Nolan decirnos algo? Del personaje sabemos que es el abuelo de los hijos de DiCaprio, no recuerdo que especifique si es el padre de él o de ella; sabemos que es quien ha enseñado a DiCaprio todo lo que sabe sobre introducirse en el mundo de los sueños ajenos; por lo tanto es una eminencia en el tema (¿ha creado la tecnología o la técnica?). Es el que más necesidad tiene para que DiCaprio recupere la “cordura”, sus nietos lo necesitan. Sería pues, el más indicado para idear el descenso hasta lo más profundo de la mente de DiCaprio para liberarlo, previa catarsis, de la culpa de los recuerdos. Ariadne (el nombre no puede ser más alegórico), alumna destacada de Caine, lo conduciría por el laberinto de sus recuerdos hasta acabar con el minotauro que lo atormentaba. El resto son comparsas para hacer creer a DiCaprio que estaba metido en una guerra entre multinacionales. En mí versión de los hechos DiCaprio sólo está “despierto” los 3 últimos minutos del film. Despierta en el avión, lugar donde ha transcurrido todo.

Bueno. Un desvario mental de lo más entretenido que quizás cambie con un seguro tercer visionado del film...o no.

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